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Alfabetizando con el 'Yo Sí Puedo' en Cayambe (Ecuador)

 Rosa María Torres

Programa de Alfabetización y Educación para la Vida ‘Yo, Sí Puedo’-
Ñuka Ushanimi
Visita a Cayambe y a Cangahua, Cantón Cayambe, Provincia de Pichincha, Ecuador (20 febrero, 2007)

Foto: Prensa Latina

Este reportaje es parte del estudio “Alfabetización y acceso a la cultura escrita por parte de jóvenes y adultos excluidos del sistema escolar en América Latina y el Caribe”, financiado por el CREFAL. Entre 2006 y 2009 visité programas de alfabetización y de promoción de la lectura y la escritura en nueve países de la región (Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, México, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela).



La oficina del programa en la Alcaldía de Cayambe está bien organizada y equipada. El Alcalde ha dado todo el apoyo y facilidades para la buena marcha de la alfabetización en este cantón. Hemos venido desde Quito – un poco más de una hora de viaje en auto - junto con los asesores cubanos del programa a nivel nacional y aquí nos juntamos con el equipo responsable a nivel local. Observamos primero una clase que funciona en el edificio de la Alcaldía y luego una clase en Cangahua, una de las parroquias rurales de este cantón.

El “Programa de Alfabetización y Educación para la Vida ‘Yo, Sí Puedo’” (Ñuka Ushanimi, en lengua kichwa)* arrancó en este cantón en 2005, en el marco de un convenio firmado entre el IPLAC (Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño) de Cuba, el Gobierno Municipal de Cayambe, el Gobierno Municipal de Cotacachi y el Parlamento Indígena de América. El objetivo es “reducir el nivel de analfabetismo en el Cantón Cayambe, donde en solo tres meses y una semana las personas podrán: 1. leer y escribir sus nombres y apellidos, 2. leer con cierta fluidez, y 3. redactar oraciones, telegramas y hasta pequeñas cartas” (p.3)*, que es lo que se ofrece en el Manual del Facilitador ‘Yo Sí Puedo’. El programa se hace en español, no en kichwa.

El compromiso del gobierno municipal de Cayambe incluye alojamiento, transporte, seguro médico y honorarios (USD 750 mensuales) del asesor cubano que representa al IPLAC en el Ecuador. El IPLAC asegura los materiales utilizados en el método ‘Yo Sí Puedo’ (cartilla, videocassetes y manual del facilitador), los asesores requeridos para la alfabetización y la post-alfabetización, y la coordinación general. El gobierno municipal de Cotacachi puso a disposición su experiencia con el ‘Yo Sí Puedo’ y los videos.

Conversando con el equipo técnico
Hay en el Ecuador en este momento 44 asesores cubanos trabajando en los diversos programas de alfabetización que llevan adelante varios gobiernos seccionales en convenio con el IPLAC. Los asesores tienen entre sus responsabilidades capacitar a los facilitadotes y los promotores, ecuatorianos.

Un promotor presente, que tiene a su cargo la supervisión de 11 puntos de alfabetización en la zona, explica que su función es “asegurar que se respete la metodología, vigilar la asistencia en cada punto, cada 15 días, y coordinar la reunión de la Junta Parroquial”. Cada comunidad elige al facilitador y el horario de las clases.

La información estadística del programa está al día, prolijamente recolectada y organizada. El componente administrativo parece marchar sobre ruedas, con pautas claras para todos los involucrados en el programa. La “Hoja de Visita de Inspección al Centro de Alfabetización” incluye un cuestionario detallado en torno al desempeño del facilitador, con 24 ítems que explicitan lo que se espera y valora en este programa como buen desempeño. La colaboración cubana, en este sentido, es invalorable, especialmente en culturas nacionales proclives a la desorganización, la impuntualidad y la informalidad, como la ecuatoriana. Llama la atención, eso sí, la ausencia de historicidad de este nuevo intento alfabetizador. Es como si las cosas se hicieran por primera vez, en el vacío, sin referencia el amplio historial de alfabetización de adultos que tiene este país y este cantón concretamente.

Yo Sí Puedo - Hoja de Visita de Inspección al Centro de Alfabetización *
1. Prepara con anticipación las clases y hojas de trabajo de los participantes.
2. Cumple con el horario programado para cada sesión.
3. Controla la asistencia de los participantes.
4. Verifica que cada participantes tenga los materiales.
5. Lleva el control de la escritura de los números y letras.
6. Organización y limpieza del punto de alfabetización.
7. Motiva el inicio de la clase.
8. Realiza la proyección televisada de las clases en su totalidad.
9. Repite aquellas partes de la cintas de videos a solicitud de los participantes.
10. Facilita la realización de ejercicios indicados.
11. Corrige la pronunciación de los participantes.
12. Utiliza el pizarrón para señalar la forma correcta de escribir los números, las letras y palabras.
13. Propicia el desarrollo de la lectura y escritura en todos los participantes.
14. Efectúa comprobaciones de la lectura y la escritura.
15. Revisa la realización de los ejercicios en la cartilla y hojas de trabajo.
16. Habla con entusiasmo, refuerza las conductas positivas utilizando palabras claves: muy bien hecho, eso es, te felicito, etc.
17. Atiende y responde con interés las preguntas de los participantes.
18. Propicia la participación del grupo.
19. Usa apropiadamente un tono de voz moderado, correcta dicción y naturalidad.
20. Evalúa el progreso de los participantes.
21. Resume y cierra la sesión de clases.
22. Controla el tiempo de cada fase de la clase.
23. Registra diariamente las dificultades de aprendizaje observadas con el objeto de corregirlas.
24. Controla los recursos puestos a su disposición.

Cartas idénticas de alumnos y “errores” de facilitadores
Al hojear la carpeta que contiene las cartas finales escritas por los alumnos que terminaron el programa de alfabetización en el cantón, encuentro - ¡oh, sorpresa! - varias cartas idénticas, es decir, con el mismo texto. Evidentemente, a estos facilitadores o facilitadoras no se les ocurrió mejor cosa que redactar y escribir el texto de la carta en la pizarra y pedir a los alumnos que lo copiaran. Como si pensaran que copiar y escribir son la misma cosa, como si no supieran que esta carta es un instrumento de evaluación final de los alfabetizandos en este programa, como si creyeran que nadie va a leer estas cartas…

- “Cayambe fue uno de los primeros lugares en que se inició el programa, son errores que se han ido superando”, me explica azorada Maura, una de las asesoras cubanas.

Se trata en verdad de un problema reconocible en éste y muchos otros programas de alfabetización que he visto dentro y fuera del Ecuador. “Error” típico de una cultura de enseñanza adicta a la copia y al dictado, a la vez paternalista e intolerante, que no alienta la libre expresión de los alumnos, espera respuestas únicas, no acepta la diferencia. “Error”, también, que a menudo no merece ser considerado tal pues está alineado con la trampa y el engaño, y que lamentablemente contribuye a echar sombras y dudas sobre las estadísticas y, lo que es más importante, sobre los niveles efectivos de aprendizaje alcanzados por los alfabetizandos en estos programas.

Una clase de Nivelación en un aula de la Alcaldía
Mientras hacemos tiempo para ir a la comunidad, visitamos una clase que funciona en la planta baja. Es una clase de Nivelación, nombre dado aquí a la etapa entre la alfabetización y la post-alfabetización, para la cual se ha preparado un breve material con lecturas. No deja de resultar extraña la elección del nombre. Nivelar significa igualar. En este caso, ¿nivelación respecto de qué?

En el aula hay 9 alumnos, 3 de ellos mujeres. Primera visita en el Ecuador en que encontramos en una clase más hombres que mujeres. Anoto: “Verificar si el número de hombres en el programa aumenta en esta segunda fase, que ya implica cierto manejo de la lectura y la escritura”. No pude después acceder a esa información desagregada por género, pero estoy segura que es una hipótesis correcta.

Siguiendo las recomendaciones del método, Rocío, la facilitadora, empieza refrescando la clase anterior, cuyo tema fue “La Batalla de Pichincha”. Hoy la clase gira en torno a los Símbolos Patrios. La lectura se refiere a El Escudo. Rocío lee el texto en voz alta y luego pide a sus alumnos que lo lean solos, en silencio, durante 15 minutos. Ahora explica el vocabulario nuevo. Elige las palabras bandera y símbolo para que los alumnos las definan y posteriormente pasen a escribirlas en la pizarra. Sigue la lectura de oraciones, dos o tres preguntas que vienen en el texto, y finalmente la escritura de una oración. No se envían deberes a la casa.

La Casa Comunal de Cangahua
Al final de un camino de terracería, llegamos a la Casa Comunal de Cangahua, donde funciona la clase de alfabetización de esta comunidad rural. Hace un frío que cala los huesos y ha empezado a llover. Adentro nos esperan varias mujeres indígenas, con ponchos, chalinas y sombreros. Hay un solo hombre, un viejito que permanecerá callado e inactivo durante la clase. Diana, la facilitadora, es un muchacha joven, mestiza, que vive en la comunidad.

El espacio ha sido organizado como aula usando tres bancas largas de madera para formar un ‘círculo cuadrado’ en torno al televisor. El televisor, de buen tamaño (27 pulgadas), está ubicado alto, en un estante de metal. La facilitadora tiene mesa y silla para ella. Detrás está la pizarra de tiza, pegada sobre la pared. A un costado, un mapa del Ecuador y el cartel de números y letras que sirve de material auxiliar en el método ‘Yo Sí Puedo’.

Cartel letras-números método ‘Yo, Sí Puedo’
1  a A
6  l L
11  p P
16  rr
21  h H
26  ll Ll
2  e E
7  r R
12  t T
17  q Q
22  ñ Ñ
27  z Z
3  i I
8  f F
13  v V
18  y Y
23  ch Ch
28  g G
4  o O
9  m M
14  s S
19  d D
24  j J
29  k K
5  u U
10 c C
15  n N
20  b B
25  x X
30  w W

A falta de pupitres para escribir, se ha entregado pequeñas tablas que cada persona tiene en las manos o apoya sobre las piernas. Bien por la solución, mucho mejor que nada. Pero el problema persiste. A medida que la clase avanza constatamos cuán difícil se hace escribir sosteniendo al mismo tiempo tabla, cartilla (abierta), hojas de trabajo (debajo de la cartilla), lápiz y borrador.

El piso, de cemento, agrega frío al frío del lugar. En el tumbado, dos escuálidos focos, con luz mortecina, tampoco ayudan a calentarlo. Los visitantes estamos entumecidos. Ellas, mujeres curtidas por el frío y la pobreza, tienen las piernas desnudas de la rodilla para abajo y los pies calzados con zapatos plásticos.

La clase
El Manual del Facilitador ‘Yo Sí Puedo’ orienta distribuir la hora de clase de este modo: 5 minutos para motivar a los participantes, 30 minutos de clase televisiva, 15 minutos de intervención del facilitador para complementar o aclarar dudas, y 10 minutos de receso o cambio de actividad, antes de comenzar la segunda hora (en los casos en que la clase dura 2 horas). Esta es la secuencia que veremos hoy y cuyo desarrollo describo aquí.

¿Qué hice hoy?
La clase empieza con una rueda en la que, parados y uno por uno, los participantes deben relatar qué hicieron hoy, en el tiempo que demora prendido el fósforo que sostienen en la mano.

- “Me levanté a las 4 de la mañana. Amarro vaquita, borreguito, puerquito, después ver papita, vengo aquí cansado”.

Así habla Doña Rosa, en su chaupi *español, en sus 30 segundos de llama. Y así siguen hablando las demás, con variaciones pero con el mismo chaupi español, similares horarios, mismos animalitos, mismos quehaceres.

Aprovecho para preguntar: ¿dónde viven? y ¿cuánto tiempo les toma llegar aquí? Doña Jacinta cuenta que camina una hora y media, cruza dos acequias y, cuando llueve, no viene a clase pues el río crece y se hace imposible cruzar.

Angela y la videoclase
Después de un breve repaso de la lección anterior, la 28, la de la letra G, Diana informa:

- “Hoy vamos a conocer las dos últimas letras: la K y la W, que son también las dos últimas lecciones de la cartilla, la 29 y la 30”.

Siguiendo los pasos didácticos del método, Diana escribe en la pizarra esta oración:
En ese mercado venden por kilogramos

Luego pide a sus alumnas que observen en sus respectivas cartillas la palabra kilogramo, que aparece acompañada con el dibujo de una balanza.

Ahora prende el televisor y el VHS. Ha llegado el momento de la videoclase.

- “Angela nos va a explicar sobre la K, la nueva letra de hoy”, anuncia Diana.

- “La letra K se usa en muchas de nuestras lenguas indígenas”, se escucha en el video. Y luego Angela – la maestra cubana dentro de la pantalla – explica lentamente cómo hacer los trazos para escribir la K. Algunas mujeres indígenas en esta clase viva pueden imitar los trazos que aparecen en la pantalla, otras no.

Ahora viene la asociación entre letras y números en que se basa este método (bajo el supuesto de que lo conocido: los números, les ayudarán a las personas adultas a aprender lo desconocido: las letras).

- Video: “Escribe sobre cada número la letra que le corresponda”

W  i   ll  i   a   m
                                                    30    3   26    3    1     9

- Video: “Les doy tres nombres, ustedes escogen uno y construyen una oración: Walter, Wendy, Wilson”. 
(La mayoría de estas mujeres sólo alcanza a dibujar la W).

Ahora aparece en la pantalla la oración: “Wendy estudia mucho”.
(Los alumnos deben copiarla en sus hojas, pero no alcanzan a hacerlo).

A continuación aparece en la pantalla la oración: “Wilson ya sabe leer”.
(Los alumnos tampoco alcanzan a copiarla).

Confirmamos nuevamente en esta visita: el video corre muy rápido para personas que apenas empiezan a aprender e incluso apenas están familiarizándose con el video y con este sistema de aprendizaje. El brillo no permite ver bien la pantalla, entre la luz que todavía entra por la ventana y la poca luz artificial que hay adentro. El ruido de la lluvia hace difícil escuchar el audio. Visión y audición mejorarían con los alumnos más cerca del televisor, pero esto implicaría reorganizar el espacio y poner las bancas en fila, como en misa. Ciertamente, crear un buen ambiente de aprendizaje - espacio, mobiliario,  tecnologías - requiere una armonía difícil de lograr en situaciones de pobreza y precariedad extremas, como las que acompañan al analfabetismo y a las personas analfabetas en nuestros países y especialmente en zonas rurales.

Diana y la clase presencial
Ahora Diana apaga el video, toma la posta y asume la clase para “repasar o consolidar” lo enseñado por Angela en la teleclase, con ayuda de la pizarra. Dibuja lentamente la K con líneas punteadas, insistiendo nuevamente en la dirección que debe tener cada trazo.

-   “La letra K siempre vendrá acompañada del número 29”, recalca.
- “Las letras mayúsculas se usan al iniciar una oración, para los nombres de las personas, de las ciudades y los pueblos”, recuerda.
-   “Ahora vamos a ver las combinaciones de la K con las vocales: ka ke ki ko ku”.
-   “Se la utiliza en lenguas extranjeras: maya, guaraní, y en nuestra lengua kichwa”.
-   “Ahora vamos a hacer los ejercicios que no terminaron con Angela, nuestra amiga”.

A continuación, Diana escribe en la pizarra una hilera de líneas pequeñas y una hilera de números debajo de cada una de ellas, como se establece en el método:

__   __   __  __  __  __  __    __   __  __   __   __   __    __   __  __  __ __  __  __   __  __
2   6    7   3   4   2   14   12   1   1   19   4   14   29   3   6   4   9   2   12   7   4

Una por una las alumnas pasan a la pizarra a llenar la letra que corresponde encima de cada número, ayudándose para ello con el cartel de letras y números ubicado junto a la pizarra. Terminado el ejercicio, el resultado final en la pizarra queda así:

E_ l_  r_  í_  _o_  e_  _s_  _t_   á_ _a_  d_ _o_   s_  _k__i_  l_  ó_  m_  e_  t_   r_  o_ _s
    2   6   7   3    4   2    14    12   1    1   19   4   14   29   3   6   4    9   2   12   7   4   14

Así pues, la oración formada es:
El río está a dos kilómetros

-     “Muy bien, ya hemos escrito la oración entre todas”, concluye Diana entusiasmada.

“Entre todas” quiere decir aquí una letra por persona. En realidad, además, varias de las alumnas han tenido dificultad para realizar este ejercicio, a pesar de que Diana les insiste que lo han hecho muchas veces, que tienen a la vista el cartel con las letras y sus respetivos números asociados, que ya están llegando a las últimas lecciones de la cartilla…

- “Están apenas un mes en clase”, se voltea Diana a explicarme. “Son analfabetos puros. Y las señoras ya son mayorcitas”.

¿Puede llamarse a esto ‘escritura’? Lo que han hecho las alumnas es un ejercicio de apareamiento entre números y letras, poniendo cada letra encima de cada línea y de cada número, ayudándose con el cartel de letras-números pegado en la pared. Una especie de juego de “El Ahorcado”, pero más mecánico, pues en El Ahorcado cada letra faltante se llena en base a una anticipación significativa de toda la palabra, frase u oración.

- “Ahora vamos a leer la oración que hemos formado”, instruye Diana. La lee en voz alta y luego pide al grupo que la lean. De este modo anula propiamente la lectura, lo que queda es sólo memoria y repetición.

- “Ahora cada uno va a copiar la oración en su hoja”, instruye Diana.

Las alumnas copian solo la hilera de letras (“la oración”), no la hilera de números. ¡Muy bien! En otros lugares que usan el método ‘Yo Sí Puedo’ he visto alumnos que tratan de copiar tanto las letras como los números, e incluso las rayitas del medio que separan unas y otros, evidentemente sin comprender bien el sentido de lo que están haciendo…

Observo que una señora escribe uu cuando se le pide que escriba “la letra 5”. Al mirar el cartel de letras y números, entiendo de inmediato la explicación de este aparente error. En cada casillero hay un número y a cada número corresponden en verdad dos grafías - la minúscula y la mayúscula - de la misma letra. En este caso, el casillero 5 contiene la u y la U. La lógica de la señora es pues impecable, sigue al pie de la letra la instrucción.

- “Ahora vamos a hacer un pequeño descanso, vamos a hablar de lo que nos habló el video. ¿Qué lenguas hablamos aquí en nuestra comunidad?”, introduce Diana como tema de conversación. Todos responden que hablan castellano y kichwa.

- “Hablamos kichwa con los mayores y castellano con los hijos.  Ellos ya no quieren la lengua antigua, prefieren aprender inglés”, explica con picardía una de las señoras (risas).

Diana da por concluida la clase. Yo anoto en mi diario de campo: ¿¿Lectura y escritura??, con doble signo de interrogación. Al repasar mentalmente lo que he presenciado aquí, me pregunto si ha habido un solo acto genuino de lectura o de escritura por parte de las alumnas. Lo que ha habido es copia y apareamiento entre letras y números – lo que no es escritura - y repetición de lo leído por la facilitadora – lo que no es lectura. Hoy han completado las lecciones de la cartilla, en el primer mes de clases, pero es evidente que leer y escribir son aún un logro lejano, incluso para los estándares y objetivos planteados dentro de este programa: “1. leer y escribir sus nombres y apellidos, 2. leer con cierta fluidez, y 3. redactar oraciones, telegramas y hasta pequeñas cartas”. Quiero creer que, en el tiempo que resta de clases y en el que sea necesario más allá de los plazos fijados, estas mujeres lo lograrán. Es una necesaria y justa retribución a su esperanza y a su  esfuerzo.

La galería de dibujos
Terminada la clase, vienen el agasajo y la despedida. Nuestras anfitrionas han preparado una comida - papas con salsa de maní, sánduches de jamón y queso, salmones fritos pescados hoy mismo en el río – y un brindis con punta*, el mejor antídoto contra el frío. Mientras transcurre el ajetreo de los preparativos y la comida, me dedico a mirar la galería de dibujos hechos por estas mujeres y expuestos en la pared lateral.

Yo me llamo Tránsito Quishpe” está escrito en una de las cartulinas, a modo de título, y debajo el dibujo de una mujer, delante de una casa, junto a un perro y una vaca.

Yo me llamo Rosalía Quishpe” dice otro, ilustrado con casa, camino, animales, árbol y una mujer acarreando un balde, seguramente con agua adentro.

Yo me llamo María PQQ” dice otro, con dibujos de una mujer, un gato, un chanchito, una oveja, y sus respectivas palabras escritas al pie de cada uno de ellos.

Mujeres en sus quehaceres rutinarios, rodeadas de su casa y sus animalitos, sin hijos, sin hombres. Verdaderos identikits que ponen imagen y color a los relatos de vida cotidiana que hemos escuchado al inicio de esta clase. Textos y dibujos que expresan lo que son, lo que hacen, lo que conocen, lo que tienen… ¿Y si se les pidiera a estas mujeres que dibujen lo que sueñan, no lo que son y tienen, sino lo que desean?

* Kichwa: escritura del quichua o quechua en el Ecuador, atendiendo a la ortografía unificada.
* El convenio puede verse en el sitio del Municipio de Cayambe http://www.municipiocayambe.gov.ec/pdf/con_cuba.pdf
* En la aplicación del ‘Yo Sí Puedo’ en Córdoba-Argentina, se agregó un ítem a esta lista: “Asigna tareas para la siguiente sesión”.
* chaupi: medio, en kichwa, adoptado en el español de la Sierra ecuatoriana.
Rosa María Torres, Una clase de alfabetización entre rejas (Rep. Dominicana)
Rosa María Torres, Aprendiendo a leer y escribir en lengua mixe (México) 
Rosa María Torres, Colegio durante el día, Misiones a la noche (Caracas)
Rosa María Torres, Cooperativas, Misiones Bolivarianas y escuela rural (Venezuela)
Rosa María Torres, Programa de Alfabetización Encuentro y Barrios de Pie (Argentina)

Programa de Alfabetización Encuentro y Barrios de Pie (Argentina)

Rosa María Torres


Fontanarrosa

Programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica para Jóvenes y Adultos “Encuentro”
Visita a un centro de Barrios de Pie en Canning, barrio Las Flores, Gran Buenos Aires
(17 abril, 2006)


Este reportaje es parte del estudio “Alfabetización y acceso a la cultura escrita por parte de jóvenes y adultos excluidos del sistema escolar en América Latina y el Caribe”, financiado por el CREFAL. Entre 2006 y 2009 visité programas de alfabetización y de promoción de la lectura y la escritura en nueve países de la región (Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, México, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela).



Visitamos un centro del Programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica para Jóvenes y Adultos “Encuentro” del Ministerio de Educación. El centro está bajo la responsabilidad de Barrios de Pie, el movimiento piquetero nacido en diciembre de 2001 que aglutina a los trabajadores desocupados de la Argentina.

Barrios de Pie empezó haciendo alfabetización en 2003-2004, usando el método cubano ‘Yo Sí Puedo’, mediante convenio con el gobierno de Cuba a través del IPLAC (Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño). Según nos cuenta la excoordinadora del programa dentro del movimiento, llegaron a tener cerca de 100 puntos de alfabetización en diversas provincias: Buenos Aires (provincia y capital), Catamarca, Corrientes, Córdoba, Chaco, Jujuy, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Salta, San Luis, Santa Fe y Tucumán. A raíz de la convocatoria (2004) del Ministerio de Educación a las organizaciones sociales para unirse al Programa ‘Encuentro’, Barrios de Pie devolvió al IPLAC los materiales que le había facilitado de manera gratuita (cartillas, manuales, videos, televisores, caseteras) y retomó el trabajo de alfabetización, esta vez en el marco del programa gubernamental. En 2006, la organización coordinaba más de mil centros de alfabetización en 19 provincias del país.

Según información manejada por el programa, a inicios de los 2000 había en Argentina 786.000 personas analfabetas mayores de 15 años y cerca de 2 millones 800 mil con educación primaria incompleta. Frente a eso, el programa se propuso: (a) reducir a la mitad el índice de analfabetismo, y (b) favorecer que los jóvenes y adultos continúen y completen la escolaridad básica. Cabe aclarar que Encuentro se realiza solamente en español.* El período de alfabetización inicial (5 meses) incluye lectura, escritura y matemática. Para su diseño y organización, se retomaron experiencias nacionales como la Campaña de Reactivación Educativa de Adultos para la Reconstrucción (CREAR) de 1973, el Plan Nacional de Alfabetización (PNA) 1985-1989 (realizado durante e gobierno de Alfonsín y que ganara en 1988 un premio de la Asociación Internacional de Lectura) y el Programa Federal de Alfabetización y Educación Básica de Adultos (PFAEBA) 1990-1992.

El Ministerio firma convenios con las autoridades educativas provinciales y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Sindicatos, organizaciones sociales y ONGs establecen convenios en sus respectivas jurisdicciones para sumarse al programa. Los alfabetizadores son voluntarios y reciben 50 pesos (menos de 20 dólares) mensuales para gastos de movilidad y seguro contra riesgos de trabajo. El requisito para ser alfabetizador es tener más de 18 años y haber completado la educación secundaria.

Los materiales de enseñanza

Los materiales preparados para el programa son entregados gratuitamente por el Ministerio a alfabetizadores y alumnos: Libro para el Alfabetizador, otro de Orientaciones para el Alfabetizador, 25 láminas ilustradas por el conocido dibujante Fontanarrosa y 40 videos (de 30 minutos de duración cada uno) que complementan al material impreso y cuya utilización en clase es dejada a criterio de cada alfabetizador. Los alumnos reciben además lápices, goma, cuaderno, tijera, pega, regla y un set de letras, sílabas y números, así como un bolso para guardar los materiales.

El “Libro Simple para el Alfabetizador Voluntario” es una adecuación del preparado por el gobierno de la provincia del Chaco en 1998 para su Plan Provincial de Alfabetización. El libro (autora Olinda Montenegro, ilustrado por Fontanarrosa) contiene 45 encuentros (lecciones), los primeros 32 dedicados a la enseñanza de la lectura y la escritura, y los restantes a la enseñanza de las matemáticas. Ambas, lectura-escritura y matemáticas, pueden desarrollarse en paralelo. Las unidades de lengua se inician con una “frase de la vida” acompañada de un dibujo, los cuales sirven de se disparadores del diálogo en torno a un tema, introduciendo además en cada caso una nueva letra. 

Frase de la vida
(lectura y escritura)
Encuentros / letras
EDUCACION
Encuentro 3 , vocales
AMOR
Encuentro 4, repaso A, O
NIDO
Encuentro 5, repaso I, O
DIA DE ASADO
Encuentro 6,  S
EL SOL ME ILUMINA
Encuentro 7, L
DON SOSA USA LA PALA
Encuentro 9, P
RAMON SALUDA A LA BANDERA
Encuentro 10, B
LA ABUELA ESTA DE LUTO
Encuentro 13, T
CUIDEMOS LA TIERRA
Encuentro 14, C
SOY RESPETUOSO DE LAS LEYES
Encuentro 16, Y
YA SE FIRMAR
Encuentro 17, F
CLAUDIO SACO SU DOCUMENTO
Encuentro 18, CL
EL PUEBLO PIDE JUSTICIA
Encuentro 19, J
LOS ABORIGENES SIEMBRAN ALGODÓN
Encuentro 21, G
GÜEMES FUE UN GUERRERO
Encuentro 22, GÜE-GÜI
CON EL VOTO ELIJO MI FUTURO
Encuentro 23, V
DEBO VACUNAR A MIS HIJOS
Encuentro 24, H
VIVO EN EL CHACO
Encuentro 26, CH
EL QUEBRACHO CRECE EN EL MONTE
Encuentro 27, Q
¿POR QUE NO DEBEMOS GOLPEAR A LOS NIÑOS?
Encuentro 29, Ñ
LOS CRIOLLOS BAILAN UN CHAMAMÉ
Encuentro 30, LL
EDUQUEMONOS PARA LA PAZ
Encuentro 31, Z
WALTER CON EL SULKY PASEA A LOS EXTRANJEROS
Encuentro 32, W, K, X

Las “frases de la vida” se presentan en mayúsculas. A partir del encuentro 8 se introducen letras imprentas minúsculas y a partir del encuentro 12 la letra cursiva o manuscrita.

Un centro de alfabetización en el Conurbano bonaerense

El centro elegido por Barrios de Pie para nuestra visita está en Canning, localidad de la provincia de Buenos Aires, al sudoeste del conurbano bonaerense. Pablo, el joven que ha arreglado la visita y que nos lleva en su auto hasta el lugar, trabaja en el Area de Educación Popular del movimiento. Por mi parte, invité a Susana, amiga argentina, a acompañarme en la visita.

El barrio es pobre, calles precarias, casas bajas, portones maltrechos, matorrales y maleza por doquier. El centro de alfabetización funciona en el local de la Sociedad de Fomento, que tiene instalaciones de cocina y sirve también de comedor comunitario. Adelante hay una placita con juegos infantiles; al lado, el Centro de Salud y un horno de pan abandonado que – según nos dicen - nunca llegó a terminarse.

El local es amplio, multiuso, pero descuidado. Hay afiches viejos en las paredes y objetos arrumados por todas partes. En la pared del fondo hay un estante alto con libros amarillentos, en franco desorden, que algún día alguien usó y que, con algo de colaboración, bien podría aprovecharse como un rincón de lectura e incorporarse a la actividad de la alfabetización.

Seis alumnos están sentados en la larga mesa que sirve durante el día para comer y a la noche como mesa colectiva de trabajo. Libros y cuadernos ya están desplegados para la clase y para mostrarnos a los visitantes. Observamos que no hay pizarra ni rotafolio ni nada que sirva para escribir frente al grupo. Según nos explican, la pizarra es parte del equipamiento ofrecido pero nunca llegó. Tampoco hay equipo para proyectar los videos. El único apoyo visual colocado en la pared es el juego de láminas ilustradas por Fontanarrosa.

Los alfabetizadores

Florencia, la joven alfabetizadota, vive en el barrio y estudia 2º año de Agronomía en la Universidad de Buenos Aires (UBA). El subsidio que recibe por esta tarea le alcanza estrictamente para cubrir los pasajes de ida y vuelta a la universidad.

Ya avanzada la clase, llega otra joven alfabetizadora. Florencia explica entonces que hay cuatro alfabetizadores a cargo del grupo. ¿Por qué tantos, en un grupo tan pequeño? Al principio eran 12 alumnos, 6 se retiraron. Además, así se turnan entre ellos: cuando uno falta, otro le sustituye. Ya que son cuatro alfabetizadores, ¿por qué no han dividido el grupo, a fin atender diferenciadamente a quienes están empezando y a quienes están avanzados? “Queremos mantener la unidad y la identidad del grupo”, es la extraña explicación que recibimos. 

Para crear un grupo de alfabetización se requiere al menos 5 personas. El grupo de alfabetizadores hizo un relevamiento en el barrio buscando inscripciones. No fue fácil.

- “Muchos no se acercan por vergüenza, sobre todo los hombres. Otros por falta de tiempo. Muchas personas en este barrio trabajan en la construcción, todo el día. Llegan cansados, a dormir”.

El grupo de alumnas y alumnos

El grupo empezó a funcionar hace nueve meses. Las clases son dos veces por semana,  lunes y jueves, 3 a 5 de la tarde. De los 6 alumnos que quedan, 5 son mujeres. El único hombre, uruguayo, completó la escuela primaria en Uruguay, viene aquí para acompañar a su mujer y “refrescar” lo que sabe. Antes de este lugar, iba a clases en una Sociedad de Fomento de otro barrio. ¿Por qué no asisten más hombres?, pregunto.

- “A las 3 de la tarde no vienen hombres. Para que vengan, la clase tendría que ser más tarde, pero a la noche en cambio no vienen las mujeres. Tienen miedo. Las calles son oscuras y el barrio se ha vuelto peligroso”, explica Florencia y amplían luego las señoras.

El grupo es pequeño y heterogéneo, no sólo en niveles escolares de partida sino también en edades, nacionalidades, culturas. Hay argentinos, uruguayos, chilenos, bolivianos…

Todos los presentes han tenido alguna experiencia escolar. Sólo Eulalia, boliviana, empezó de cero, pero se retiró al poco tiempo. Otras dos señoras bolivianas también se retiraron. Las fueron a buscar a sus casas, pero no hubo caso. 

- “Es que los bolivianos no entienden, en su país tienen otra cultura”, explica una señora. “Siempre iban atrás”.

Elida, uruguaya, 76 años, había llegado hasta cuarto grado.

- “Yo sí leo. Vine aquí sobre todo porque me interesaba aprender los números”, dice.

María Felicia, chilena, 56 años, llegó hasta tercer grado de la escuela en Chile. Dice que no manejaba las mayúsculas, solo sabía escribir en manuscrita. Lee regularmente el diario y revistas que encuentra o que consigue por ahí. Siempre quiso ser enfermera, dice. Vive con marido, hijos y nietos. El marido trabaja en un horno de ladrillo y gana 25 pesos a la semana.

- “Mi marido me dijo: tienes que ir a la escuela. Es que uno busca trabajo, pero no hay nada para gente grande”.

Lo que ganan, ¿les alcanza para vivir?

- “En mi casa se come tortilla con papa, que es lo más barato. También hacemos puchero. Carne no compro. Al medio día no como, solo mate con galletitas. Pan no puedo porque soy diabética, solo puedo comer pan integral. Acostumbrada a cocinar para todos lo mismo, ahora se me complica, hay que separar las comidas por mi enfermedad. Quiero sembrar en mi casa acelga, lechuga. El programa Pro-Huerta del INTA da un curso de capacitación, incluso dan la semilla, así que el que tiene terreno puede hacerlo. Pero mis hijos no ayudan, prefieren ir a jugar la pelota que sembrar. No saben el valor del dinero. Mi hijo Joaquín se compró un móvil con el sueldo de la semana pasada”, cuenta y se queja doña María Felicia.

Animada por las historias de las demás, y el clima de confianza generado en la conversación, agrega que, hace dos años, empezaron a recoger comida de la basura. Iba junto con un hijo a un asador.

- “Tiran bolsas de masa, pan, queso, dulce, empanadas. A ellos les sobra, mientras que a nosotros nos falta”.

Dos de las señoras reciben los 150 pesos mensuales del Plan Jefes y Jefas de Hogar y trabajan a cambio 5 horas diarias haciendo limpieza en el centro de salud contiguo. Dicho Plan arrancó en 2002 como medida de emergencia social frente a la profunda crisis económica del país, que entre otros elevó el número de desempleados a más de dos millones de personas. Los requisitos para acceder al Plan son: ser argentino/a, nativo o naturalizado, o bien extranjero radicado en el país; ser jefe o jefa de hogar y estar desocupado; tener al menos un/a hijo/a menor de 18 años, estar embarazada al momento de la inscripción, o tener algún hijo con discapacidad; los hijos en edad escolar deben ir a la escuela regularmente y deben cumplir con el calendario obligatorio de vacunación. A cambio de los 150 pesos, las personas deben realizar “contraprestaciones con una dedicación horaria diaria de no menos 4 horas ni más de 6.

La clase

El tiempo ha pasado volando. Más de una hora de amena conversa. Es hora de empezar la clase. Hoy es el Encuentro 32, último de la serie de lectura y escritura. La lámina muestra el dibujo de un sulky lleno de turistas exclamando “Thank you”, “Yes!”, “Oh”. Al pie consta esta “frase de vida” mediante la cual se introducen la W, la K y la X:

WALTER CON EL SULKY
PASEA A LOS EXTRANJEROS

Sulky – para quienes desconocen la palabra, como la desconocía yo - es un “pequeño carruaje de dos ruedas, tirado por un caballo”. Sirve aquí para introducir la K (bendita K tan impopular en el español, que recurre por lo general al consabido kilo o kilómetro, a vocablos en lenguas indígenas o a nombres propios fuera de lo común). Llama la atención también la sintaxis de la oración (¿no sería “Walter pasea a los extranjeros con el sulky” el orden más apropiado?) y la elección de las mayúsculas para introducir las “frases de vida” en todo el material. Intrigada siempre con los recovecos didácticos de la enseñanza de la lectura y la escritura, busqué luego alguna explicación al respecto en el Libro y en las Orientaciones para el Alfabetizador, pero no la encontré.

Florencia anima un breve diálogo en torno al tema de los extranjeros. Luego distribuye entre sus alumnos una hoja con sopas de letras que ha preparado para esta clase. Pasan un buen rato tratando de encontrar las palabras escondidas entre las letras, todas ellas alusivas al tema de esta lección. El tema se desaprovecha, sin embargo, para relacionarlo con la realidad del barrio y del grupo – ambos rebosantes de inmigrantes de países vecinos – y para problematizar concretamente en torno a los prejuicios contra los bolivianos que han salido a flor de piel en la conversación.

El centro de salud

Antes de irnos, pasamos a ver el centro de salud contiguo - “la salita”, como la llaman – donde trabajan dos de las alumnas. Un espacio pequeño, equipado con lo básico, limpio, bien cuidado. Un servicio ciertamente muy útil e importante en este barrio. Pero es evidente que no se necesitan dos personas para limpiarlo todos los días; con una basta y sobra. ¿Cómo se sienten estas mujeres sabiendo que el trabajo que hacen, y por el cual reciben el subsidio mensual del Plan Jefes y Jefas, no es un ‘trabajo de verdad’? 

Reflexiones en un viaje de regreso

En el trayecto de regreso a Buenos Aires, Pablo, Susana y yo tenemos tiempo suficiente para comentar sobre la visita. Pablo interviene activamente con informaciones y reflexiones, nada le ha pasado desapercibido, conoce los problemas mucho mejor que nosotras. Su actitud crítica y abierta a la crítica es loable, y así se lo digo. He visitado programas en muchos países de América Latina y del mundo, y sé lo excepcional que es encontrar anfitriones dispuestos a identificar, reconocer y discutir los problemas abiertamente. Algunos que comentamos:

Ambiente de aprendizaje: ¿Por qué el ambiente de aprendizaje suele ser tema en el ámbito escolar, pero nunca, o rara vez, en la educación de adultos, en la formación de los educadores, en los presupuestos, en los requisitos para el funcionamiento de los centros? El espacio, el mobiliario, la iluminación, el ruido, son cuestiones fundamentales a atender. Siempre es posible crear un ambiente de enseñanza y aprendizaje digno, limpio, agradable, a pesar de las limitaciones materiales.

Alfabetizadores y subsidios: ¿Cómo se justifica la presencia de 4 alfabetizadores para un grupo inicial de 12 y ahora de 6 alumnos? Es evidente que la alfabetización ha pasado a ser vista como estrategia de ingreso para los jóvenes del barrio y de la organización. Esto crea ruido y desconfianza en relación al programa, al Estado y al movimiento.

·Equipamiento básico: ¿Cómo es posible que en un programa gubernamental y en un centro de enseñanza, y sobre todo de alfabetización, no exista una pizarra o algo que haga sus veces? ¿Para qué entregar un juego de videos sin el equipo necesario para usarlos?

Alfabetización inicial para ya iniciados: ¿Cómo se explica que en un programa de alfabetización inicial se haya incorporado a personas que, varias de ellas, ya leen y escriben hace mucho y de manera regular, que tienen experiencia escolar e incluso la primaria completa? Estas personas no calzan aquí. Paradójicamente, como es usual en los centros de alfabetización de adultos, los primeros en retirarse son los que más necesitan, pues se sienten mal, aladeados, dejados “siempre atrás”. Los verdaderos destinatarios de los programas de alfabetización inicial terminan siendo desplazados por quienes deberían ser atendidos en niveles más avanzados o en otros programas.

Prejuicios y discriminación: Actitudes y expresiones discriminatorias como las que hemos escuchado aquí, deben ser problematizadas en los centros de alfabetización y en el seno de la organización social, justamente como parte fundamental del proceso educativo.

Dependencia del Estado: Hay mucho que podría mejorarse – organización, limpieza, arreglo, acondicionamiento, construcción – con un poco de iniciativa y esfuerzo locales. Afuera de este centro hay madera y otros materiales que podrían aprovecharse para hacer una pizarra y otros implementos necesarios. No obstante, “aquí, cada cual tira por su lado”, ha dicho una de las alumnas. “Lamentablemente, la gente ha sido acostumbrada a que el Estado resuelva y provea”, cierra Pablo.

NOTA: Argentina es oficialmente monolingüe; el castellano es el único idioma que tiene reconocimiento legal a nivel nacional. No obstante, existen en el país 402.921 indígenas, pertenecientes a 22 pueblos, según el primer censo de pueblos indígenas (mayo 2004-diciembre 2005) realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC). Los pueblos más grandes son los mapuches, kollas, tobas y wichí, que representan el 66.2% del total. En Buenos Aires y en el Gran Buenos Aires hay una particular concentración de personas originarias de dichos pueblos. Ver http://www.indec.mecon.ar

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