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¿Qué es enseñar? - Entrevista con Paulo Freire

Rosa María Torres

"A través de éste (el diálogo) se opera la superación de la que resulta un nuevo término: no ya educador del educando, no ya educando del educador, sino educador-educando con educando-educador. De este modo, el educador ya no es solo el que educa sino aquel que, en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa.

Así, ambos se transforman en sujetos del proceso en que crecen juntos y en el cual 'los argumentos de la autoridad' ya no rigen. Proceso en el que ser funcionalmente autoridad requiere el estar siendo con las libertades y no contra ellas.

Ahora ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a sí mismo. Los hombres se educan en comunión, y el mundo es el mediador". (Pedagogía del Oprimido, Siglo XXI Editores, p. 86).

Esta es posiblemente la cita más difundida y conocida de Paulo Freire. Especialmente el último párrafo, que suele aparecer solo, suelto. Y es en torno a esta cita que Freire ha sido largamente asociado a una educación no-directiva, en la que "nadie educa a nadie".

La cita fue bienvenida y adoptada por miles de educadores y pedagogos que vieron en ella un estandarte contra la educación convencional, centrada en la figura del educador y en el punto de vista de la enseñanza. No obstante, el riesgo fue esta vez el del clásico péndulo: pasar de la crítica a la educación vertical y autoritaria al culto a una educación horizontal y democrática que niega y anula toda posible directividad en el proceso de enseñanza.

La cita de Freire ha cobijado o reforzado, por muchos años, un 'populismo pedagógico' que concibe la intervención del educador, cualquiera que ésta sea, como una marca autoritaria y como una prueba incontestable de lo que Freire llamó 'educación bancaria'.

Este fue, por ello, uno de los temas críticos que decidí abordar con Paulo Freire en una larga entrevista que le hice en agosto de 1985, en Sao Paulo. La entrevista fue publicada bajo la forma de un libro y ampliamente difundida en América Latina (Educación Popular: Un encuentro con Paulo Freire, CECCA-CEDECO/Fundación Fernando Velasco, Quito, 1996; Edições Loyola, Sao Paulo, 1987; Tarea, Lima, 1988; Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988).

Transcribo a continuación este punto de la entrevista. En ella, Freire reafirma la ineludible directividad de la educación, diferenciando directividad y autoritarismo.

¿Qué es enseñar? - Entrevista con Paulo Freire

Rosa María Torres: Me parece importante volver sobre el tema de la no-directividad de la educación y, en ese contexto, sobre el papel del educador. Lo digo porque en el marco de la Educación Popular - tanto a nivel de los teóricos como de los grupos de base que están llevando a cabo actividades de Educación Popular - viene dándose una tendencia muy fuerte y generalizada a concebir la relación educativa  entre educadores y educandos como una relación horizontal, "entre iguales", en la que, finalmente, nadie enseña a nadie.

Es corriente encontrar en materiales de capacitación, en talleres, en seminarios, advertencias insistentes en este sentido. Textualmente se orienta en muchos casos al alfabetizador, al educador o al capacitador a que su papel debe limitarse a coordinar la discusión, a hacer síntesis, a motivar la participación del grupo, a hacer preguntas y, en el mejor de los casos, a dar su opinión. A tal punto ha llegado a extenderse esta visión que varios autores caracterizan a la Educación Popular, entre otras cosas, por la eliminación del rol del maestro. Y es este punto, justamente, el que suele encontrar mayor rechazo y mayores resistencias entre los educandos. 

Dado que esta relación horizontal entre educadores y educandos suele asociarse a Paulo Freire y su crítica a la 'educación bancaria', quisiera pedirte que desarrollaras este punto. 

Paulo Freire: El educador que dice que es igual a sus educandos, o es demagógico o miente o es incompetente. El educador es obviamente diferente, de otra manera no reconocería al educando. Si fueran los dos la misma cosa, no habría manera de identificarlos. Creo que éste es un punto fundamental.

En segundo lugar, toda educación es directiva. Por tanto, no existe una educación no-directiva, y esto ya está dicho en la Pedagogía del Oprimido.

Toda educación tiene un momento que yo llamo inductivo, que implica la toma de responsabilidad del educador. La gran diferencia que hay entre un educador autoritario y un educador radicalmente democrático está en que este momento inductivo, para el educador autoritario, jamás acaba. El empieza y termina inductivamente. El toma las decisiones completamente, constantemente. En cambio, un educador democrático ciertamente incide, pero intenta, durante la práctica, transformar la inducción en compañerismo.

Compañerismo no significa ser iguales. El hecho de que el educador revolucionario se haga compañero de sus educandos no significa que renuncie a la responsabilidad que tiene, incluso de comandar, en muchos momentos, la práctica. El educador tiene que enseñar. No es posible dejar la práctica de la enseñanza librada al azar.

En Estados Unidos, donde acabo de estar en un seminario, hay una preocupación muy grande con lo que ellos llaman el facilitador. Yo siempre digo, y lo acabo de decir allá: "Yo no soy facilitador de ninguna cosa. Yo soy profesor. Yo enseño".

Ahora: la cuestión es saber qué es enseñar. La cuestión es saber si el acto de enseñar termina en sí mismo o si, por el contrario, el acto de enseñar es solo un momento fundamental de aprender. Dialécticamente, es esto. Y, sin embargo, hay algunos que se piensan dialécticos pero que dicotomizan enseñar y aprender. No es posible hacer esta dicotomía entre enseñar y aprender porque es aprendiendo que yo enseño y es enseñando que yo aprendo. Esto no significa de ninguna manera disminuir, castrar,  negar el deber y el derecho que tiene el educador de enseñar.

Pero entonces, ¿qué es enseñar? ¿Será que enseñar es transmitir conocimientos? Yo digo que no. El conocimiento no se transmite; el conocimiento se hace, se rehace a través de la acción transformadora de lo real y a través de la comprensión crítica de la transformación que se ha dado antes o que se puede dar mañana. Este es el momento de la abstracción en el acto de conocimiento. El equívoco de los educadores autoritarios es pensar que los contenidos de la educación pueden ser transformados en montones de sabiduría apaciguada, inutilizada, que es transferida como ladrillos a los educandos.

Para mí, enseñar es desfiar a los educandos a que piensen su práctica desde la práctica social, y con ellos, en búsqueda de esta comprensión, estudiar rigurosamente la teoría de la práctica. Esto significa que enseñar tiene que ver con la unidad dialéctica práctica-teoría. Unidad dialéctica que casi nunca sabemos hacer porque en el fondo hacemos una oposición entre práctica y teoría, cuando lo que sucede es que práctica y teoría constituyen una unidad contradictoria. Esto está en Marx, no es invención mía. Yo simplemenete, arrogantemente si se quiere, concuerdo con Marx.

En nombre de la necesidad de transferir los contenidos que consideramos indispensables, lo que hacemos es olvidar la unidad entre la práctica y la teoría, la cual podría ser desarrollada a través de la propia comprensión teórica de la práctica que tienen los educandos. Este proceso de búsqueda de esta unidad exigiría del educador competente, a cada paso, la iluminación teórica de los contenidos.

Tú, al hacerme esta pregunta, planteas una cosa interesante que he oído muchas veces en India, en Africa, en Estocolmo, en París, en Londres, en Norteamérica y en América Latina y, concretamente, en Brasil. De cuando en cuando jóvenes profesores se acercan y me dicen: Paulo, todo lo que dices está muy bien pero lo que pasa es que al pretender no una postura de igual a igual sino una postura respetuosa de la capacidad de pensar del educando, estás evadiendo la cuestión de que yo estoy aquí para aprender y tú para enseñar.

Obviamente que cuando el educando dice esto está reproduciendo la ideología dominante sobre el saber. Esta ideología tiene que ver con la dicotomía que hace la clase dominante entre su saber - que es riguroso, serio, cientifico - y la sabiduría popular - que es incapaz, que no es rigurosa, que no es unitaria, que no está cohesionada. Esto se reproduce en la ideología de los educandos. Esta dicotomía también es autoritaria, pues trabaja en favor de la concepción de la ideología autoritaria.

Mi respuesta a estos jóvenes profesores es la siguiente: Yo reconozco que la realidad es ésta, no solamente porque leí a Marx sino porque viví. Sé que las ideas dominantes de una sociedad en un cierto momento son las ideas de las clases dominantes, y que todo el armazón ideoloógico se genera en las condiciones materiales concretas de producción de la sociedad. Pero, aún sabiendo esto, yo también sé que la conciencia individual y social que se gesta y reproduce en estas condiciones materiales no es un puro reflejo de las condiciones materiales, porque la conciencia es, además de reflejo, reflexiva sobre las condiciones que la hacen reflejo. Si no es así, tampoco puede entenderse la dialéctica, porque entonces habría que esperar que las condiciones materiales cambiaran por sí solas. Entonces, es el propio ímpetu revolucionario el que nos lleva realistamente a plantear la lucha por la transformación y contra las condiciones existentes. Hace falta simplemente el buen sentido de saber que la revolución no se hace desde la cabeza de los líderes pues esto sería idealismo prehegeliano, sería puro voluntarismo.

Estos comentarios son solamente para decir que si bien podemos reconocer que las condiciones de partida son éstas, es preciso por eso mismo luchar contra ellas.  Y para eso los educadores deben ser o hacerse competentes. La competencia científica, la competencia técnica y filosófica es absolutamente indispensable en la lucha por la transformación de la educación.

A los jóvenes profesores les digo siempre: Mira, cuando un muchacho te dice que eres un incompetente, que estás tergiversando el rol del maestro pues tú estás para enseñar y él para aprender, tu podrías reconocer efectivamente que estás para enseñar y él para aprender, pero agregar: Está bien. Tú me dices que yo soy incompetente, pero yo te haría dos preguntas: ¿qué es enseñar y qué es aprender?. y ¿qué es competencia?. Y ahí vas a tener la oportunidad de discutir incluso la naturaleza ideológica que está detrás del concepto de competencia. Porque esa naturaleza ideológica de la competencia tiene mucho que ver con los intereses de las clases dominantes. Para éstas, competentes son las clases dominantes e incompetentes son las clases dominadas. Y dado que esta ideología autoritaria se reproduce también a nivel de los educandos, tú como educador tienes que plantear a los educandos desafíos de esta naturaleza y encauzarlos.

Claro que tú no puedes echar al educando de la clase si no está de acuedo, porque en ese caso tu autoridad seria autoritaria. Es preciso recordar que hay una dimensión pasiva en el autoritarismo. Es el caso del educando que demanda al educador ser autoritario con relacion al acto de conocer. Pero tú no tienes que caer en esa trampa. Lo que puedes hacer frente a ese planteo es decir: Muy bien, voy a aprovechar y dar una clase sobre lo que es la ideología autoritaria, sobre lo que es la reproducción ideológica. Y das la clase seriamente, competentemente.

Lo que está sucediendo es un equívoco funesto. Estamos bailando en el mundo de los conceptos y estos conceptos se distancian cada vez más de los objetos concretos cuya comprensión deberían mediar. Así, en lugar de acercar esa mediación, caemos en el afinamiento de los conceptos antes que en una búsqueda de comprensión de lo concreto. Esto no es conocer y es contra esto que estoy y voy a seguir estando, pues estoy convencido de que estoy en lo cierto.

Lo que pasa en educación es que casi siempre engullimos contenidos. Pero hay que hacer más que eso. Hay que conocer. Si yo fuera responsable de un Ministerio, entregaría mi vida, sin ninguna dimensión idealista sino profundamente dialéctica a trabajar todos los fines de semana con los educadores, desde los niveles más bajos hasta los mas altos, sobre la cuestion de qué es conocer, qué es crear, qué es la producción del conocimiento, cómo se puede invitar a conocer sin ser paternalista, sin ser espontaneísta pero, al mismo tiempo, sin ser autoritario. El problema no es transferir paquetes de conocimientos a ser memorizados.

Para mí, solo hay conocimiento cuando se aprehende el objeto. Cuando tú aprehendes el objeto, necesariamente memorizas el objeto aprehendido. Lo que no puedes hacer es memorizar en vez de aprenhender. Y es esto precisamente lo que hace la escuela tradicional. Los niños son obligados a repetir. Hay una extraña epistemología según la cual es la repetición de la descripción del concepto lo que da conocimiento, cuando en verdad lo que da conocimiento es la aprehensión de lo real, que no está dicotomizado del concepto.

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'Diálogo' y 'debate' en la educación y en la política


Rosa María Torres
Pancho Cajas
Términos como 'democracia', 'cambio', 'consenso', 'participación', 'diálogo', 'debate', 'consulta', 'socialización', suelen ser muy usados en el mundo de la política, muchas veces de manera laxa, simplificada e incluso ad-hoc.

'Diálogo' y 'debate' son conceptos valorados en el campo de la educación desde perspectivas pedagógicas progresistas e innovadoras. No funciona del mismo modo en el mundo de la política. En todo caso, ambas - la educación y la política - tienen fuertes resistencias y muchas dificultades para incorporar ambos - el diálogo y el debate - en sus visiones y en sus prácticas.

Repaso aquí algunos usos de los términos 'diálogo' y 'debate' en la política ecuatoriana en los últimos tiempos.

Empiezo exponiendo, brevemente, algunas ideas sobre ambos conceptos.

Diálogo y debate

El diálogo implica dos o más interlocutores interesados en comunicarse, los cuales se alternan el rol de emisor y receptor.

En el mundo de la educación, el diálogo es adoptado como principio y como método en las pedagogías alternativas y liberadoras. La figura y el pensamiento de Paulo Freire aparecen estrechamente vinculados a la propuesta de un aprendizaje dialógico, que cuestiona la relación profundamente asimétrica entre educador y educandos, el rol del educador como emisor y del educando como receptor.

La conversación es una de las formas que adopta el diálogo, la más común.

El debate también es un tipo de diálogo. Puede ser organizado y estructurado (con presencia de un moderador, temas y preguntas previamente definidas, etc.), semi-estructurado o informal. Lo característico del debate es poner en común y argumentar diferentes puntos de vista sobre un determinado asunto o asuntos.

Aprender a debatir y participar en debates desarrolla aprendizajes importantes relacionados con la reflexión, el razonamiento, el pensamiento crítico, el sentido común, el criterio, la deliberación, la capacidad para argumentar, resolver problemas y tomar decisiones, lograr acuerdos y consensos, todos ellos esenciales en la construcción de una ciudadanía democrática, desde la infancia y a lo largo de la vida.

'Diálogos ciudadanos'


En mayo de 2014 la convención del movimiento en el gobierno, Alianza País, solicitó a sus asambleístas impulsar una serie de Enmiendas a la Constitución, aprobada seis años antes. 

La Asamblea Nacional (congreso) envió 17 enmiendas para ser calificadas por la Corte Constitucional. La Corte aprobó 16 enmiendas. Con 92 votos a favor, de 137, el Pleno de la Asamblea aprobó crear la Comisión Ocasional para el Tratamiento de las Enmiendas Constitucionales, integrada por 11 asambleístas y 11 alternos. Para la aprobación se necesitaba el voto de las dos terceras partes del legislativo.

En 2015 la Comisión Ocasional realizó 135 encuentros en las 24 provincias del país, en los que los asambleístas expusieron las enmiendas y las personas del público pudieron hacer preguntas y comentarios. Dichos encuentros fueron bautizados como Diálogos Ciudadanos.

No obstante, ni la metodología utilizada ni los locales y condiciones elegidos favorecieron un verdadero diálogo entre expositores y público. Las fotos de los encuentros muestran una pedagogía perfectamente convencional, con expositores de un lado y público del otro, en la clásica relación hablar-escuchar, en auditorios grandes a veces semivacíos o bien en espacios abarrotados, organizados con tarimas, mesas directivas, uso de visuales en pantallas demasiado pequeñas, y personas sentadas y aburridas. 

Sabatinas presidenciales

Enlace 495, desde Quito, 8 oct. 2016. Foto: Presidencia de la República

"Las sabatinas son un espacio de diálogo con los ciudadanos", Rafael Correa, Enlace Ciudadano 472, en Quito, 23 abril 2016.
En sus 10 años de gobierno, Rafael Correa ha realizado, cada sábado, los llamados Enlaces Ciudadanos (más conocidos como sabatinas). Las sabatinas con considerados actos de rendición de cuentas. En ellos Correa expone, durante cuatro horas, lo hecho durante la semana, por lo general con ayuda de algunos de sus ministros u otros funcionarios que intervienen para aclarar puntos específicos. Al final se hace un breve resumen en lengua kichwa. Las sabatinas se realizan en diferentes lugares, con público presente - funcionarios del gobierno y gente de la zona - y se transmiten a todo el país a través de los medios y de las redes sociales. Hasta la fecha se han realizado 513 sabatinas.

Correa afirma que los enlaces ciudadanos son diálogos pero, en verdad, son esencialmente monólogos. No existe interlocución con el público presente - por lo general ubicado abajo, frente a la tarima y dentro de una carpa - y tampoco con quienes siguen las sabatinas por radio, televisión o redes sociales. No hay ningún mecanismo instalado para dicha interlocución, ni en presencia ni a distancia.

Por lo demás,  las sabatinas pasaron a convertirse en espacios para descalificar e insultar a todos quienes discrepan o se oponen abiertamente al gobierno, lo cual está lejos del espíritu del diálogo entendido como acto de comunicación e interacción.

Diálogo con los estudiantes, debate con los pares 


En enero de 2017 la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE) invitó al exministro de educación Augusto Espinosa a un debate sobre la educación, a realizarse en el Instituto Nacional Mejía, en Quito. La respuesta de Espinosa, por Twitter, fue: "Con los estudiantes dialogo, el debate es con los candidatos". Espinosa, quien no asistió al debate propuesto, estaba en ese momento de candidato a la Asamblea Nacional.

La distinción que hace el exministro entre diálogo y debate plantea una jerarquía entre ambos. El debate sería un intercambio de mayor nivel y entre pares. Así lo entendieron los estudiantes, quienes resintieron esta desvalorización del diálogo y de ellos como interlocutores.

La distinción es, de hecho, materia de debate en sí misma. ¿Con los estudiantes no cabe debatir? ¿Solo cabe dialogar? En el caso ecuatoriano, hay que tener en cuenta que, a partir de la Constitución de 2008, los jóvenes pueden votar desde los 16 años (de los 18 en adelante el voto es obligatorio). Esto haría suponer que se considera que un joven de 16 años está en capacidad de discernir y de tomar decisiones racionales y razonadas. ¿La capacidad de debatir no sería una de ellas?

Debate, ¿combate?

Lenin Moreno, exvicepresidente de Rafael Correa y candidato oficialista a la Presidencia de la República, durante toda la campaña electoral reiteró una distinción fuerte entre diálogo y debate. Se definió como una persona de diálogo, que no comulga con el debate, al que asocia con confrontación, combate, ofensa, mentira, intento de dañar o desprestigiar al otro. Fue tajante en afirmar, desde el inicio: "No aceptaré jamás un debate".

Esta posición contrasta con la de Correa, quien considera que todo candidato está en obligación de debatir. En un video durante su campaña en 2006 se le escucha decir:
"Es una obligación moral de todos los ecuatorianos someterse al escrutinio ciudadano, por favor. Rechacen a aquellos candidatos que han rehuido permanentemente los debates".
Moreno se negó a asistir al Debate Presidencial organizado por la Cámara de Comercio de Guayaquil entre los 8 candidatos a la presidencia. Sí asistió al Diálogo Presidencial organizado por el diario El Comercio, que acogió su pedido.

Algunas citas de Moreno durante la campaña, referidas a sus nociones de diálogo y debate:
- "El debate es de combate porque se trata de dañar al otro a pesar de sus buenas ideas. En el diálogo no". 7 feb
- "Pasemos la página del debate. En el diálogo nos enriquecemos todos". 7 feb
- "Pasemos esa página, el país del debate va a terminar ya. Empezó en el #Diálogo2017". 7 feb
- "En el diálogo nos enriquecemos mutuamente. En el debate, no. Se presentan como adversarios". 7 feb.
- "El país que queremos es el que deja atrás la confrontación y lleva al diálogo". 7 feb
- "La mejor forma de entenderse es el diálogo, es acoger la idea del otro, escucharla, oírla, razonarla". 7 feb
- "En un debate, un candidato trata de desprestigiar la buena idea del otro". 9 feb.
- "El país del diálogo que se viene hay que empezar a construirlo desde ahora". 9 feb
- "#TodaUnaVida significa toda una vida de diálogo". 9 feb
- "Con tolerancia, con respeto, la confrontación se acabó. El diálogo renació. Todos son parte del nuevo Ecuador que vamos a construir." 15 feb
- "Yo propongo diálogo, conversatorio. A ofendernos, a debatir, a combatir, nunca". 21 feb
- "Yo no debato, yo dialogaré. Los debates son una forma de mentir a la gente". 21 feb  
Curiosamente, refiriéndose al Diálogo Presidencial, el diario gubernamental El Telégrafo tituló al día siguiente: "Un diálogo de siete contra uno deja mejor posicionado a Moreno" (6 febrero 2017), atribuyendo de este modo al diálogo ese carácter competitivo y confrontacional que Moreno, por su lado, dice rehuir y que atribuye al debate.
Lo cierto es que el debate no tiene por qué ser ofensivo, dañino, desprestigiador, como dice Moreno. Debate no tiene por qué ser combate ni la confrontación tiene por qué llevar a la destrucción del otro. No si el debate se entiende y practica como una confrontación de ideas llevada a cabo con respeto, con argumentos antes que con insultos.

Lo cierto es que en la década de gobierno de Correa (2007-2017) ha habido mucha confrontación y muy poco debate. La palabra diálogo es una palabra más desvirtuada por el correísmo.

Lo cierto es que al Ecuador, y específicamente a la cultura educativa y a la cultura política ecuatorianas, les falta mucho que aprender y que cambiar, justamente en la línea de incorporar el diálogo, de promover el debate de ideas y de favorecer - antes que bloquear - el desarrollo del pensamiento crítico.

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¿Por qué un Código de Convivencia escolar?


Rosa María Torres
En 2003, durante mi gestión al frente del Ministerio de Educación y Culturas en el Ecuador, desarrollamos una propuesta de Código de Convivencia escolar. Incluyo aquí una entrevista que me hizo al respecto el suplemento EducAcción del diario El Comercio de Quito.
He recordado el asunto a raíz de esta Acta de Compromiso circulada en Twitter (ver abajo), que debe ser firmada por una niña de séptimo año de básica (11 años) y un representante. Pregunté al Ministerio de Educación si ésta es una iniciativa de la escuela o una disposición del Ministerio. Me contestaron que el Acta se establece en el Reglamento General (aprobado en 2012) de la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI, aprobada en 2011), Artículos 330 y 331, referidos a "Faltas de los estudiantes" y "Acciones educativas disciplinarias", respectivamente. Sugiero leer dichos artículos. Lejos del espíritu del Código de Convivencia escolar que propusimos en 2003.
Yo ... estudiante de 7º año de Educación General Básica ... prometo solemnemente tener una conducta correcta, responsable, respetuosa, acudir puntualmente a mis horas de clase y cumplir con todas las actividades que me corresponden como estudiante. En caso de no cumplir, se me aplicarán las sanciones correspondientes.
Entrevista con Rosa María Torres, Ministra de Educación y Culturas, por Laura de Jarrín, EducAcción
Quito, abril 2003
Publicada en EducAcción (suplemento mensual de El Comercio va a las aulas) dedicado al tema “La Convivencia Educativa: Nuevo Código” (EducAccion No. 135, Abril 2003).

¿Por qué un Código de Convivencia escolar?


Porque es una necesidad urgente, como lo revelan acontecimientos en los últimos meses en diversos colegios del país. Necesitamos atender, pero sobre todo prevenir, los problemas que se dan en las relaciones entre autoridades, profesores, alumnos y padres de familia en los planteles educativos, públicos y privados.

Un buen “clima escolar” - donde prime el diálogo, la comunicación, la confianza y el respeto mutuo - es elemento e indicador esencial de calidad en educación. Puede haber excelente infraestructura y equipamiento, un equipo docente calificado, pero si hay miedo, desconfianza, censura, falta de diálogo, rigidez, castigo, maltrato, violencia, todo lo demás sale sobrando. 

Casos recientes en Quito como el del Colegio Mejía – que desató la discusión en torno al tema de la co-educación - o el del Manuela Cañizares – que puso sobre el tapete el embarazo adolescente y la disciplina estudiantil - cobraron notoriedad pública. Son sólo la punta de un iceberg que permanece oculto al ojo público. Pero ayudan a despertar la conciencia y el debate social en torno a estos y otros temas que tienen que ver con la democracia y el buen trato en la escuela, con la relación entre autoridades y alumnos, entre padres e hijos, entre generaciones, entre géneros, entre clases sociales.

Los adultos - tanto en el hogar como en el sistema escolar - no escuchamos o escuchamos poco a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Hay déficit de escucha y de comunicación de lado a lado. Necesitamos crear condiciones para mejorar la comunicación entre padres e hijos, entre autoridades, profesores y estudiantes, entre los jóvenes, la sociedad y el mundo adulto en general.

¿Estos problemas son nuevos? ¿Se presentan solo en el Ecuador?

El embarazo precoz, la disciplina escolar, la co-educación, son temas que están siendo asumidos y debatidos en todo el mundo. Proliferan los programas destinados a los jóvenes: autoestima, educación en valores, educación sexual, prevención contra el uso de drogas, resolución de conflictos, etc. No obstante, la problemática escolar y la de los jóvenes específicamente, es compleja y no se resuelve con programas remediales, sobre todo si son pensados exclusivamente desde la óptica adulta.

Adolescentes y jóvenes tienden a ser vistos no como recurso sino como “problema”, por los padres, por los profesores, por la sociedad toda. Los jóvenes no calzan bien ni en la familia, ni en el sistema escolar, ni en el mundo del trabajo, ni en el de la política, ni en el de las relaciones sociales. La brecha generacional – dicen los expertos - se agranda y se ha vuelto más compleja en el mundo de hoy, un mundo hostil para los jóvenes.

Los embarazos en los colegios no son nuevos. La mayoría de los casos queda en el anonimato. Lo que sucede es que hoy más casos salen a la luz, porque hay más conciencia y movilización social en torno a los derechos, porque la sexualidad – incluso en una sociedad tremendamente conservadora como la ecuatoriana - empieza a salir del tabú, y porque los medios de comunicación se expanden hoy con el uso de internet.

Esta generación de jóvenes es distinta de las anteriores. El mundo cambió mucho en la última década, para bien y para mal. Las culturas juveniles están en proceso permanente de cambio. La juventud exige espacios, no sólo para criticar sino para exponer y proponer. Adolescentes y jóvenes inician hoy su vida sexual a edad más temprana y los riesgos que corren son mayores. Los jóvenes están desconcertados, irritados por el mundo que hemos construido irresponsablemente los adultos. No son los jóvenes quienes han “perdido los valores”; es la sociedad y el mundo globalizado, competitivo e inequitativo de hoy.

¿No existe un Código de Convivencia en los colegios?

Existen reglas y normas, por lo general establecidas por las autoridades educativas, a los distintos niveles, sin la participación de padres de familia y alumnos. A menudo dichas reglas son punitivas, no son explícitas sino más bien implícitas, no están escritas ni son conocidas por padres y alumnos, e incluso por los mismos profesores. En cualquier caso, es preciso repensar y actualizar estas reglas, explícitas o implícitas, con participación de todos, para adecuarlas a las necesidades de hoy y de una educación moderna y más democrática en este nuevo siglo.

¿Qué hay que cambiar?

El sistema escolar es uno de los sistemas más conservadores y más resistentes al cambio. Los cambios se introducen con gran lentitud respecto de lo que ocurre en la sociedad. Se cambian planes y programas de estudio pero no cambian los métodos de enseñanza ni las normas que desde hace décadas rigen la cultura escolar, las relaciones entre directivos, profesores y alumnos, y entre el sistema escolar, las familias y la sociedad.

Los cambios que requiere la educación son sistémicos y de fondo. La utopía de la “sociedad del conocimiento” implica aceptar el Aprendizaje a lo Largo de la Vida, dentro y fuera del sistema escolar, como un principio fundamental de toda sociedad y de todo desarrollo posible. Necesitamos cambiar no sólo el currículo, la pedagogía y la administración, sino las reglas del juego de la convivencia escolar.

Es indispensable que en la definición de las normas de convivencia participen los diversos actores de la comunidad escolar a nivel nacional y en cada plantel: autoridades, profesores, padres de familia y alumnos, y que dichas normas, una vez acordadas, se expliciten y dejen por escrito, de modo que todos sepan exactamente a qué atenerse. Un Código de Convivencia debe ayudar a hacer del colegio un espacio democrático y placentero de encuentro, de socialización, de aprendizaje, de ejercicio ciudadano para todos los involucrados.


Debemos revisar viejas nociones acerca de la autoridad, la jerarquía, la pedagogía, el aprendizaje, la disciplina. Un sistema rígido, castigador, es un mal sistema escolar. Trabajar con niños y jóvenes implica aceptar el movimiento y el ruido como ingredientes de la enseñanza y el aprendizaje. El silencio y la inmovilidad pueden ser los peores enemigos de la educación, mientras que el movimiento y el ruido pueden ser excelentes aliados. La comunicación, el diálogo, el trabajo en equipo, implican ruido. La inmovilidad - física, mental - entumece; el movimiento energiza. Una nueva pedagogía requiere aprender a lidiar con las tensiones entre el silencio y el ruido, la obediencia y la iniciativa propia, lo homogéneo y lo diverso, la planificación y la improvisación, las preguntas y las respuestas.

¿Cómo se pretende instaurar este Código de Convivencia en los colegios?

Tiene que ser un proceso participativo, en el que aprendan a escucharse autoridades, profesores, alumnos y padres de familia. Delegados de cada uno de ellos deben conversar y definir conjuntamente un Código de Convivencia que incluya todos los aspectos considerados importantes para la buena marcha del plantel. Cada plantel es especifico y necesita su propio Código. Hace falta, claro, un marco general de lineamientos y procedimientos, pero deben ser lo suficientemente abiertos y flexibles como para que cada plantel pueda acomodar los suyos

Promover el diálogo no es fácil cuando la cultura nacional lo niega en la cotidianeidad, en la familia, en el sistema escolar, en la política. Se necesita voluntad y compromiso para respetar y escuchar al otro, para aceptar la existencia de puntos de vista diferentes. A veces hará falta alguien que facilite el proceso, y eso es lo que sugerimos a los colegios.

La propia infraestructura escolar no está pensada para el diálogo. Todo plantel debería tener espacios de encuentro, entre docentes, entre alumnos, entre ambos y las autoridades. (Siempre que visito escuelas y colegios pregunto dónde está la sala de profesores, dónde se reúnen los alumnos. Muchas veces la sola pregunta causa estupor. Y muchas veces tales espacios no existen).


Pensamos seleccionar unos pocos colegios de diferentes regiones del país para probar lineamientos y mecanismos, antes de implantarlos en todo el país. Es importante que involucrar, al menos en un primer momento, a colegios que quieran integrarse voluntariamente. Todo lo que se hace contra de la voluntad de las personas tiene escasas posibilidades de éxito. Estoy segura que habrá muchos rectores y directores de planteles educativos que se prestarán gustosos para iniciar este proceso fundamental de cambio en la educación del país.

¿Qué pasos se han dado hasta el momento?

Hemos dado varios pasos, aunque no todos los que habíamos pensado dar hasta el momento. Los paros - de maestros y de administrativos - que nos ha tocado enfrentar en el Ministerio en estos meses nos han obstaculizado el trabajo y me han significado, personalmente, enorme energía y tiempo.

Tuvimos una primera reunión exploratoria – en la carpa-despacho que me ví obligada a improvisar fuera del Ministerio - para conformar una Comisión que impulse el proceso del Código de Convivencia. Participaron en la reunión más de 20 personas, entre ellas representantes de organismos de derechos humanos y de agencias internacionales como UNICEF y PNUD. Se dieron ideas muy interesantes y se mencionaron experiencias que vale la pena recuperar en el país. Convocaremos a una nueva reunión, ampliada, cuando logremos normalizar la situación del MEC y del sistema escolar.

Hemos consultado experiencias y documentos nacionales y de otros países, que nos ayuden a aprender de las lecciones aprendidas por otros. En particular, conozco y viví de cerca la experiencia argentina, en marcha, sumamente rica. En éste, como en tantos otros campos, no se trata de inventar la pólvora, sino de apoyarse en lo que ya existe y se viene haciendo tanto a nivel nacional como internacional.

Estamos por abrir un espacio especial en la página web del Ministerio, y luego en el Portal Educar Ecuador, que inauguré, para animar foros de intercambio entre jóvenes, profesores, autoridades y padres de familia, en torno a temas comunes. De este modo, cada grupo puede comunicarse con sus pares pero a la vez identificar las diferencias de percepción que sobre el mismo tema o asunto tienen los demás actores. Evidentemente, la palabra disciplina significa cosas muy distintas para un joven y para un adulto, para un alumno, un profesor o un padre de familia.

¿El Código de Convivencia operará solo en los colegios o también en las escuelas?

Empezamos con los colegios pues es donde están los alumnos de mayor edad, los que tienen mayores conflictos con los adultos y con la autoridad. Pero el Código de Convivencia debe aplicarse a todo el sistema escolar. Igual que los jóvenes, los niños deben ser escuchados y sus opiniones respetadas, tanto en la familia como en la escuela. Sus ideas y su participación son esenciales para lograr esa escuela con la que sueñan los niños y soñamos padres y madres para nuestros hijos.

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Rosa María Torres
Publicado en Revista Vanguardia, Quito, 27 octubre 2009

“El gobierno y la UNE hacen las paces” titulaba un diario capitalino (8 octubre 2009) al día siguiente de la reunión en el Palacio de Gobierno entre dirigentes del magisterio y el Vicepresidente de la República, Lenin Moreno, como culminación de la “toma de Quito” organizada por la Unión Nacional de Educadores (UNE).

Marcha y reunión marcaron el fin del paro nacional que duró 23 días, precedido de varios meses de guerra abierta entre el gobierno de Rafael Correa y sus exaliados UNE y Movimiento Popular Democrático (MPD).

Las palabras diálogos y acuerdos copaban los diarios desde el 5 de octubre, día de la reunión entre la dirigencia indígena y el Presidente Correa a raíz de la movilización nacional de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador Indígenas (CONAIE) y los enfrentamientos que dejaron varios heridos y un muerto. No obstante, el alivio nacional creado por diálogos y acuerdos duró poco. Correa continuó fustigando a indígenas y a maestros.

Ambos acuerdos, con indígenas y con maestros, incluyeron seis puntos, apenas puntos para seguir el diálogo. En el caso del magisterio los temas fueron escalafón, carrera, jubilación y evaluación, así como la nueva Ley de Educación. Como concluía el Vicepresidente, la lectura del acuerdo dejó claro que “Nos hubiéramos ahorrado estos incidentes si hubiésemos tenido un diálogo fluido (...) Espero que nunca más se someta al magisterio al escarnio”.

El acuerdo gobierno-UNE fue muy pobre, ratificando el carácter gremial y reivindicativo de las protestas y propuestas de la UNE. Después de dar guerra a la evaluación docente, denunciándola como ilegal e inconstitucional, la UNE terminó aceptándola, contentándose con alguna benevolencia frente a los castigos anunciados y con la posibilidad de opinar en torno a leyes cuyas reformas comprometen cuestiones gremiales. Por su lado, el gobierno logró imponer no solo como innegociables sino como indiscutibles asuntos como la (muy discutible) evaluación docente y su (también discutible) vinculación con la mejoría de la calidad de la educación. “La evaluación va, porque va” repitió Correa, posiblemente ignorando que la “evaluación del desempeño docente” y el “pago por mérito” son viejas banderas del Banco Mundial, parte de su receta para la reforma educativa en los “países en desarrollo”.

La ausencia de debate y la chatura de los acuerdos obliga a ubicarse en una perspectiva superadora. Así como el agua y los recursos naturales son asunto no solo de los indígenas sino de todos, la educación también es asunto de todos y también asunto de vida o muerte. Es necesario afianzar y al mismo tiempo abrir el debate sobre la educación más allá del magisterio y el gobierno, involucrando a toda la sociedad. 

Sería miope, una vez más, ver el fin del paro solo como el retorno a la normalidad en las aulas. Es preciso aprovechar el momento y las lecciones que deja este largo conflicto para rectificar y aceptar de una buena vez que el cambio educativo no puede hacerse desde arriba, en base a leyes y decretos, sin participación social y sobre todo de espaldas a los docentes. La reforma educativa tradicional – vertical, autoritaria, tecnocrática, "experta" - ha fracasado en todo el mundo.

No es posible “revolución ciudadana sin “revolución educativa” y ésta sin “revolución docente”. No hay infraestructura ni computadoras ni pizarras digitales que compitan con un buen docente. Esto va mucho más allá de mejoras salariales, de esporádicos cursos de capacitación, o de las trilladas fórmulas de "evaluación de desempeño" y "pago por mérito". Implica repensar la profesión y el rol docentes; invertir fuertemente en aprendizaje docente antes y durante el ejercicio de la profesión, y a través de múltiples vías; selección, motivación y preparación rigurosas de los aspirantes al magisterio; y, como sustento de todo esto, construir condiciones para volver a hacer de la docencia una opción atractiva y estimulante, antes que la profesión devaluada, crecientemente compleja, ingrata y acosada que es en la actualidad.

* Para un seguimiento detallado del proceso y el conflicto en torno a la evaluación docente ver el blog Ecuador: La batalla por la evaluación docente.

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