Recordando al Conejo - Fernando Velasco Abad

Titulitis




En reunión de trabajo con jóvenes profesionales en Medellín, Colombia, empezamos con una ronda de presentaciones. Cada uno debía decir en qué trabaja y su especialidad. Eramos cerca de 30 personas alrededor de la mesa. Las presentaciones tomaron más de una hora. La mayoría tenía dos y hasta tres títulos universitarios. Algunos estaban pensando en un cuarto título. Todo esto con grandes sacrificios para la mayoría de ellos, que trabajan y estudian al mismo tiempo, duermen poco, y se movilizan por toda la ciudad.

Quedé aturdida. ¿No basta con un título, o dos? La dictadura de los tiempos, cuestión de supervivencia, dijeron. Uno o dos títulos no alcanza para conseguir empleo, un buen empleo. Se requiere tres para ser competitivo. ¿Por qué eligen carreras diversas, en vez especializarse en un campo? La diversidad permite más oportunidades laborales, fue la explicación. 

La titulitis es mundial y está instalada también con fuerza en mi país, el Ecuador, así como la industria del fraude que trae consigo el apetito por los títulos (plagio de tesis, falsificación y venta de títulos, etc.). Los CVs son hoy vitrinas de títulos. Se colocan junto al nombre, como títulos nobiliarios. Fulano o fulana Ph.D. No basta con licenciaturas e incluso maestrías; la meca es el doctorado. Quien obtiene un título lo considera su primer título. El que logró el segundo, quiere un tercero. Mejor si en universidades extranjeras.

Quien no tiene título siente que le falta algo, digan lo que digan los organismos internacionales que afirman que hoy en día que lo importante no es tener un título sino habilidades concretas que mostrar. Lo cierto es que, más allá de la retórica al respecto, la posesión de un título es símbolo de estatus y puede hacer la diferencia entre ganar o no un concurso, un puesto, una beca, un viaje. Se entiende que muchas personas, de todas las edades y condiciones, estén dispuestas a hacer cualquier cosa para obtenerlo, incluida la compra y la falsificación de títulos, el encargo de tesis, etc. Proliferan asimismo políticas y programas que validan experiencias laborales y otorgan un título habilitante incluso sin estudios formales o con estudios incompletos. En el Ecuador, en 2010, se incorporó a la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES) un mecanismo de Validación de Trayectoria Profesional (VTP) que permite acceder a un título de tercer nivel a quienes tienen varios años de aprendizaje empírico o bien estudios sin completar y experiencia laboral comprobable en determinado campo, avalada supuestamente por un comité académico. No hay información disponible pero se asume que cientos, tal vez miles de títulos han sido otorgados por esta vía en los últimos años a través de las diversas universidades.

A jóvenes y familias que me consultan sobre estos temas, les digo: 

a) la clave para ser feliz, aprender y ser bueno en lo que se hace está en identificar y perseguir una pasión antes que un título;

b) el título tiene corta vida, se desactualiza rápidamente, a menos que continuemos aprendiendo y actualizándonos por cuenta propia; 

c) el conocimiento proviene no solo del estudio sino también de la práctica, de la aplicación del conocimiento a la solución de problemas; la experiencia es esencial e insustituible; 

d) antes de elegir una carrera o un campo de trabajo conviene informarse bien (el ikigai puede ser una herramienta útil en el proceso de reflexión y toma de decisiones); 

e) para aprovechar una maestría o un doctorado conviene tener alguna experiencia de vida; la secuencia licenciatura-maestría-doctorado exige pausas de vida útil entre ellas. Les aconsejo siempre tener una experiencia de trabajo antes de emprender con más estudios formales.

f) hoy en día, en el ámbito laboral, se valoran sobre todo las actitudes y las aptitudes (valores, comportamientos, habilidades, competencias: empatía, creatividad, pensamiento crítico,  capacidad de trabajo colaborativo y en equipo, disposición al aprendizaje permanente). 

Vivimos tiempos convulsos, inciertos, de crisis profundas, con gran dependencia de la tecnología. El mundo de la educación y el mundo del trabajo son hoy reinos de incertidumbre, atravesados por cambios profundos, exacerbados por la acelerada expansión de la Inteligencia Artificial (AI), con sus enormes e imprevisibles potenciales y riesgos. 

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