Recordando al Conejo - Fernando Velasco Abad

Racismo y retardo mental


Niños Puruhá - Ecuador

"No aprenden rápido. Cuesta que les entre en la cabeza. Hay que ir uno por uno, con una paciencia enorme. Es que tienen bajo cociente intelectual. Inclusive, hay unos que son retrasa­dos mentales".

Así me decía, con con­vicción y desparpajo, una maestra castellano-hablante, con siete años de experiencia docente, en una escuela rural indí­gena en el Ecuador, rodeada de sus pequeños alumnos y alumnas de segundo grado.

Me quedé luego conversando con ellos, husmeando sus cuadernos, pidiéndoles que escribieran sus nom­bres en el mío, observándo­les moverse, jugar, co­piar de la pi­zarra, reír, coquetear con­migo, la visitan­te. Ningu­no me pareció retardado. Los ví vivarachos, conversones, jugueto­nes, curiosos, como debe ser. Solo un profun­do racis­mo, una falta total de empatía, una incomprensión y un desprecio radicales por el mun­do de estos niños y niñas indígenas, puede ver retardo donde no lo hay y explicar los problemas de aprendizaje como una cues­tión de «bajo cociente intelectual» . Aquí lo que hay es un gravísimo problema de enseñanza, enraizado en el racismo. En país oficialmente plurilingüe y multicultural.

El argumento del retardo mental y la tontería es bastante común cuando aflora el tema de la educación de los pobres y, particu­larmente, de los indígenas. Me tocó ver y enfrentar este fenóme­no cuando fui directora pedagógica de la Campaña Nacional de Alfabetización "Monseñor Leonias Praoño" y recorrí el país visitando círculos de alfabetización.

Con faci­lidad muchos jóvenes alfabetizadores calificaban de
«retardado» al alfabetizando que no avanzaba al ritmo esperado, rit­mo de estudiantes urbanos, ritmo de la vehemencia pro­pia de la juventud. Lo escuché y discutí mil veces al visitar los círcu­los de alfabe­tización así como en reunio­nes y encuentros de alfabetizadores. Co­nocí, entrevisté y ví aprender con avidez y entu­siasmo a «retardados» de quienes aprendí mucho: hom­bres y mujeres sencillos, tesoneros, enfrenta­dos por primera vez o después de muchos años a un proceso de aprendizaje sistemático, poniendo en ello todo su entusiasmo y voluntad.

Típicamente, las dudas sobre el cociente intelectual afloran frente al que apren­de «lento», es decir, frente al que no aprende como el maestro quiere, lo que el maestro quiere, cuando y como el maestro quie­re. A falta de una explicación me­jor, «retardado» es el que se aburre en cla­se, el que no entiende porque su lengua materna es otra o porque no  le explican bien, el que rebota la mala enseñanza dentro y fuera de la escue­la. «Retardado» es el diferen­te, el que no se comporta o piensa como uno, el que se aferra a una cultura su­bor­dinada que no se comprende ni respeta; el que habla otra lengua, el que no le entiende a uno a pesar de hablar uno la len­gua ofi­cial, la «buena», la escolar. De «retardado» se diagnostica al ojo al diferente, lo que puede in­cluir algún problema real de aprendiza­je que sería fácilmente identificable y tratable si no se tu­viera a mano el membrete cómodo y prepotente del «bajo cociente intelectual».

Si nos atuviéramos a la ligereza y la audacia con que muchos se aventuran a diagnos­ticar «bajo cociente intelectual» y «retardo men­tal» en el ámbito escolar, podríamos llegar a la conclusión de que el Ecuador es un país pa­toló­gico, de laboratorio; que nuestros campos y pueblos, nues­tros barrios, nuestras escuelas públicas, nuestro sis­tema escolar todo, conforman una inmensa red de educación espe­cial. Obviamente, no es así.

* Publicado originalmente en la revista dominical Familia del diario El Comercio, Quito, 25 agosto 1991. Incluido en: Rosa María Torres, Auladentro, Fronesis/UNICEF, Quito, 1992.

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4 comentarios:

  1. Un artículo muy interesante. Debo agregar que este fenómeno no es un fenómeno aislado y resumido a un único país o continente.
    He visto como especialistas en la "moderna" Suecia clasican especialmente a los hijos de extrangeros de retardados. Con una facilidad increíble. Y aquí me refiero a el sistema en general, desde los psicólogos hasta los educadores.
    He participado en partes de esas pruebas, que hubieran situado como debil mental a cualquier niño. Agresivas, inividoras, estresantes, con preguntas con temas que todavía no se han dado en la escuela, y con conclusiones basadas en anecdotas que carecen de seriedad ninguna.
    Los niños de origen extrangeros están sobrerepresentados en las escuelas para debiles mentales.
    A niños que carecen de idioma o que tienen dificultades con éste, les examinan sus capacidades con "pruebas" cargadas de idioma. Si aun a la persona más inteligente existente le pusieran una "prueba" de este tipo, donde las instrucciones y preguntas estuviesen en chino, y esta persona no supiera chino, el resultado de esa "prueba" no va a reflejar las capacidades de esa persona, sino que lo va a clasificar seguramente de retardado.
    En Suecia tienen los psicologos "estatales" una facilidad muy grande para mandar a los niños a escuelas para debiles mentales, ante la más minima depresión con el lógico menor rendimiento que esa depresión ocasiona. Pero para las hijos de extrangeros es este problema aún mayor, donde en algunas escuelas tienen más hijos de extrangeros en los cursos para retardados que en los cursos comunes.

    Forma parte de el mirar en menos al extrangero, con un cierto paternalismo rasista de tipo oyoy oy "pobrecito" tengamoles lástima y demosle unas palmadas "patriarcales" en la espalda, y mostremosles "con caríño patriarcal que a pesar que no los aceptamos como iguales, hacemos lo que hacemos por su bien.

    Y con ese mismo amor los clasificamos de débiles mentales basandonos en pruebas llenas de idioma cuando carecen de idioma y existen pruebas sue sin idioma a aplicar que en estos casos darían un resultado más serio y objetivo.

    Conosco a algunos de esos "retardados" hoy adultos. Muchachos que evidentemente no tienen ningun retraso, pero que se los ha dejado de lado,en forma muy conciente, y que ahora no tienen ninguna oportunidad de futuro.

    Cecilia Paraiso Raivonen

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  2. Me ha gustado mucho el post.
    Quizás lo que esta señora enseñaba, basándose en los cánones típicos de la educación, no le interesaba en absoluto a sus alumnos.
    Quizás, no se le ocurrió que afortunadamente no todos somos iguales, ni aprendemos igual,y que cuando la ocasión lo requiere hay que buscar sistemas alternativos de aprendizaje, precisamente para combatir la desmotivación.
    Llevo varios años combatiendo la desmotivación por el aprendizaje de mi hijo, buscando nuevas fórmulas, estaba cansada de escuchar: "Es que no sabe...", pero sin aportar medidas alternativas, en muchas ocasiones con una encogida de hombros.
    El material que he realizado para él lo he subido a Internet le dejo el enlace por si considerara de interés darla a conocer:
    Se llama: "La web de Antonia Ortega"
    El enlace:
    http://www.webantoniaortega.com/

    Saludos cordiales,
    Antonia

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  3. Me encantó este artículo, lo voy a proponer como lectura a mis estudiantes de "necesidades educativas especiales". Todo lo expuesto es producto de ver siempre las diferencias, de no aceptar lo común que es ser distintos, y sobre todo de creernos superiores a los que no son como nosotros somos. Qué pena que todavía sigamos viendo estas cosas en el país. @KCorralJ

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  4. La visita a esta escuela la hice hace varios años, al igual que este reportaje, pero podrían corresponder perfectamente al ahora. El racismo no cede en el Ecuador, y no cede en el sistema escolar tampoco, pese a ser éste reconocido hoy oficialmente como país plurinacional en la nueva Constitución (2008). Machismo y racismo continúan enquistados en nuestra sociedad, en la política, en la educación, en la familia, en las relaciones cotidianas. Se hacen campañas contra el machismo (aunque quienes las promueven no dan precisamente ejemplo), pero no contra el racismo. Cuando el propio Presidente de la República se refiere despectivamente a los indigenas y a sus organizaciones como "plumas y ponchos", ¡qué podemos esperar!.

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