Campaña Nacional de Alfabetización "Monseñor Leonidas Proaño" (Ecuador)

Rosa María Torres
Directora Pedagógica de la Campaña



Entrevistadores: Elie Ghanem y Vera Masagão, CEDI, Sao Paulo-Brasil, 21 mayo 1993.

Logo de la campaña
EDUCACION, MOVILIZACION SOCIAL Y FORMACION DE OPINION PUBLICA
La experiencia de la Campaña Nacional de Alfabetización “Monseñor Leonidas Proaño”


Muchos años después de concluida la Campaña Nacional de Alfabetización “Monseñor Leonidas Proaño” en el Ecuador, hacemos pública esta entrevista realizada en Sao Paulo, en 1993. La alfabetización de adultos no perdió actualidad; sigue vigente en el Ecuador y en la mayoría de países latinoamericanos y de otras regiones del mundo. La siempre reiterada y postergada meta de la alfabetización universal - inicialmente fijada para el año 2000 en el marco del Proyecto Principal de Educación - no se ha cumplido en esta región, pese a los anuncios de "territorios libres de analfabetismo", "patrias alfabetizdas" y demás. Continúan vigentes muchos de los dilemas y problemas que enfrentó esta campaña a fines de los 1980s e incluso hay retrocesos respecto de algunas innovaciones y avances logrados entonces. Los tiempos y los escenarios cambian, pero el sentido humano, digno y solidario de la alfabetización de adultos, y la pasión de los jóvenes, siguen allí, esperando nuevas voluntades y mereciendo un destino mejor. Sirvan las lecciones de esta campaña, inspirada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para informar o refrescar la memoria a quienes siguen empeñados en la noble tarea de alfabetizar, en un mundo crecientemente polarizado e inequitativo, con derroche de recursos tecnológicos para unos pocos y exclusiones de todo tipo para millones de personas en el mundo. Sirva también esta campaña como recordatorio del enorme valor y potencial de la juventud para cumplir responsablemente con tareas sociales importantes como ésta, si se cree en los jóvenes y se les ofrece las condiciones y el acompañamiento adecuados para hacerlo.

Rosa María Torres del Castillo
Quito, septiembre 2011

Patrimonio cultural inmaterial del Ecuador

CEDI: Háblanos acerca de la campaña de alfabetización realizada en el Ecuador y de tu experiencia en ella como Directora Pedagógica.

ROSA MARIA TORRES: La campaña se llamó "Monseñor Leonidas Proaño". Monseñor Proaño fue un obispo ecuatoriano, defensor de los derechos humanos, quien murió el 31 de Agosto de 1988, pocos días después de anunciada oficialmente la campaña por parte del gobierno socialdemócrata de Rodrigo Borja. Bautizar a la campaña con el nombre de Proaño significaba adoptar no solo un nombre, sino una concepción, un espíritu. Parte de esa concepción y de ese espíritu fue la adopción de los Derechos Humanos como eje temático de la alfabetización. Adoptamos la "Declaración Universal de los Derechos Humanos", convertidos en temas generadores del material didáctico y de la campaña en su conjunto.


La campaña se realizó entre 1988 y 1990. Tuvo tres fases. Una primera fase de planeamiento y organización, que llevó aproximadamente ocho meses. La fase de alfabetización duró cuatro meses y medio, entre mayo y septiembre de 1989. Luego vino una fase de sistematización y de evaluación final. Es bueno recalcar esto, porque normalmente programas y campañas de alfabetización de adultos no se evalúan. Nosotros decidimos integrar la evaluación como un componente y como un período de la campaña, y decidimos hacer tanto una evaluación interna como externa. El informe de evaluación final recoge ambas evaluaciones. Esto sienta un precedente no solamente en nuestro país sino dentro del campo, acerca de la necesidad de responsabilizarse de las acciones y de dar a conocer sus resultados. Esto nos propusimos hacer en esta campaña y lo cumplimos.


Los alfabetizadores fueron en su mayoría jóvenes estudiantes. Alrededor de 70.000 jóvenes (entre 17 y 18 años) se movilizaron, estudiantes de los dos últimos años del colegio que estaban próximos a graduarse. Hubo también otros tipos de alfabetizadores, aunque minoritarios.

Organizamos dos jornadas nacionales de inscripción de alfabetizandos, en las que se inscribieron alrededor de 300 mil personas. Hubo entre 36% y 40% de deserción, según datos de las evaluaciones finales. Esta tasa de deserción es corriente y suele ser más alta en campañas y programas de alfabetización de adultos. El análisis que hicimos de las causas de la deserción dio resultados muy interesantes, que pueden encontrarse en el informe de evaluación final.


En esta campaña hubo elementos nuevos e importantes que vale la pena resaltar. Uno de ellos es la propia adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos como contenido. Fue la primera vez que, en América Latina, se hizo una campaña gubernamental utilizando una temática tan comprometida como la de los derechos humanos. Por otra parte, quisimos hacer un cambio radical en la manera como usualmente se viene concibiendo la educación de adultos y, en particular, la alfabetización. En general, sobre todo desde el flanco progresista, ha primado una visión lúgubre de la realidad del pueblo. El objetivo de la concientización llevó a enfatizar los aspectos más dramáticos de la vida de los sectores populares. En esta campaña nos propusimos cambiar esa tradición: no ubicar a los alfabetizandos frente a su realidad cotidiana, a la que frecuentemente buscan rehuir porque es duro enfrentar continuamente la conciencia sobre la pobreza y sobre la opresión, sino más bien alentar la imaginación, la visualización de lo posible, de lo posible por lo cual luchan los sectores populares. Es decir, en lugar de colocar la realidad tal cual es, quisimos colocar la realidad como ésta debe ser. Esto es, en definitiva, el derecho, el salto de la necesidad al derecho.

No le presentamos a la gente su situación de carencia sino la utopía posible
: los niños que están sanos, van a la escuela, tienen tiempo y espacios para jugar; la mujer con igualdad de derechos frente al hombre, la sociedad que respeta esos derechos, la vida con sentido de felicidad y de alegría. Esto supone romper con una concepción pedagógica, con una concepción de hacer política y de hacer educación. Paulo Freire, con quien compartimos muchas veces reflexiones en torno a la alfabetización y a la campaña ecuatoriana en particular, quedó fascinado cuando le conté al respecto y le mostré los materiales de alfabetización que hicimos para esta campaña. Más tarde, Paulo se refirió a esto y a esta conversación nuestra en uno de sus libros.

Una fuente de inspiración para mí fue la “Campaña por el NO” realizada en esos mismos momentos (1989) en Chile, cuando estábamos en plena fase de planificación de la campaña.
Me marcó mucho esa experiencia: en Chile, un país que estaba saliendo de una dictadura sangrienta, la gente no hacía una campaña recordando las atrocidades, la muerte y el dolor que cubrieron a Chile en esos años, sino, todo lo contrario, la política de comunicación se basaba en la esperanza y la alegría. El mensaje central decía precisamente: "Chile, la alegría ya viene". Ese fue el mensaje que prendió y ganó al pueblo chileno.

Contagiados de ese espíritu y de esa experiencia, y conscientes de que nuestros alfabetizadores serían en su mayoría jóvenes estudiantes, decidimos hacer una campaña alegre, en la que la gente pudiese reír, imaginar, visualizar, aunque sea por un instante, cómo es ese futuro por el cual está peleando y que merece pelearse.

Otro punto importante es el énfasis que dimos a la formación de los alfabetizadores.
Esta es una de las grandes debilidades en programas y campañas de alfabetización de adultos, tanto gubernamentales como no-gubernamentales. En general se piensa que basta con un período corto de tiempo, el cual se reduce generalmente a un taller de unos pocos días, o a un manual para el alfabetizador. Esto lo conozco en muchas experiencias dentro y fuera de América Latina. Nos propusimos superar esta visión limitada de la formación de alfabetizadores, teniendo además en cuenta que íbamos a trabajar con alfabetizadores jóvenes, sin formación pedagógica, jóvenes colegiales, producto de un sistema escolar deficitario. Había que formar a estos jóvenes en corto tiempo, pero proporcionándoles una formación integral, no para que actuaran como autómatas, siguiendo ciegamente una cartilla o un método, sino para que comprendieran lo que estaban haciendo, tomaran decisiones y pudieran no sólo resolver problemas sino anticiparlos. Queríamos además que la juventud aprovechara este espacio de la campaña para reflexionar críticamente sobre la realidad nacional y sobre el sistema educativo y su propia inserción en éste.

Más allá de eso, concebimos la campaña como un movimiento de formación de la juventud, no sólo a través del encuentro y reconocimiento de la realidad nacional, de la "otra cara" de la realidad nacional -que es, de cualquier modo, un efecto importantísimo que este tipo de campañas puede tener sobre los jóvenes- sino además, expresamente, de una reflexión crítica sobre la educación nacional. En primer lugar, a partir de una simple comparación entre su propia práctica escolar - la que cargaban encima por el hecho de haber pasado cerca de doce años en las aulas - y la que enfrentarían al convertirse en maestros-alfabetizadores, en el marco de una propuesta educativa sistemática, prolongada, que arrancó 5 meses antes de iniciarse la fase de alfabetización y que continuó a lo largo de ésta, hasta su culminación. Se hizo a través de materiales impresos, un conjunto de 32 folletos que denominamos "Documentos de Trabajo", y que conformaron una especie de mini-biblioteca del alfabetizador. Son folletos sencillos, cortos, con ilustraciones, teniendo en cuenta que los propios jóvenes leen poco y tienen dificultades de lectura y de estudio. Organizamos dichos materiales en cinco series: una Serie Pedagógica, una Serie Social dedicada a analizar la realidad nacional en torno a los temas destacados como derechos humanos, otra en torno a la vida y obra de Monseñor Proaño, otra que recoge la historia de la alfabetización de adultos en el país (las distintas campañas y programas realizados con anterioridad), y otra destinada a informar acerca de la marcha de la campaña.

En la Serie Social se recogen los temas que se abordan en el Cuaderno de Trabajo "Nuestros Derechos". Para cada derecho existe un Documento de Trabajo correspondiente: cómo está la situación de la mujer en el Ecuador, la situación de los niños, la salud, la vivienda, la educación, etc. De esta manera buscábamos proveer a alfabetizadores y alfabetizandos elementos para contrastar el derecho con la realidad concreta, es decir, con su nivel de cumplimiento de ese derecho en nuestro país.

La formación presencial se hizo a través de un sistema escalonado de talleres. También aquí introdujimos elementos novedosos, por ejemplo el uso del video como instrumento didáctico. Elaboramos un juego de videos para utilizarlos en los talleres, a fin de evitar la pérdida usual y hasta la distorsión de contenidos que se produce en los sistemas escalonados o “en cascada”. Ese problema lo ví palpablemente en el caso de Nicaragua. Allí, para la Cruzada Nacional de Alfabetización (1980), se organizaron cinco niveles de talleres de capacitación de alfabetizadores, usando el sistema en cascada. Yo me inscribí como observadora en un taller del quinto nivel, que se ofrecía en la Universidad Centroamericana, en Managua. Ahí pude comprobar que, en efecto, es poco o nada lo que llega después de pasar de boca en boca, que probablemente lo más importante se queda en el primer escalón, que la propia “multiplicación” es, en buena medida, una falsa expectativa pues no se puede pedir a las personas que multipliquen, que repitan, pues siempre re-editarán en sus propios términos aquello que reciben, escuchan, aprenden.


Teniendo en cuenta experiencias masivas como esa, o como la propia experiencia cubana de 1961, en el Ecuador pensamos mucho en cómo mejorar el sistema “multiplicador”, la “capacitación en cascada”, tan extendidos no solo en la alfabetización sino en todos los ámbitos de la educación, la capacitación, la formación. Así fue que encontramos en el video una herramienta fundamental, que resultó muy útil, como lo revelan los datos de la evaluación final de la campaña. Técnicamente, los videos no son de gran calidad, pues fue la calidad que logramos conseguir en el país en ese momento y con los recursos que teníamos. Y cumplieron un papel muy importante. Básicamente, lo que conseguimos es que fuera yo misma -la Directora Pedagógica de la campaña- la que explicara, en vivo, a los jóvenes alfabetizadores, la concepción educativa de la campaña, la formación de ellos como alfabetizadores, la metodología a seguir con sus alumnos, cómo usar los materiales, etc. Aprendimos a la vez que hay mucho que avanzar en el campo del video educativo si queremos lograr productos de calidad, y que debemos dar importancia a la formación de profesionales en este campo. Necesitamos formar gente especializada en video didáctico, no en cualquier clase de video. No cualquier persona ni cualquier videísta sabe hacer buen video educativo. Encontramos gente que hace video comercial o video documental, pero que no sabe hacer video educativo. Aquí, entonces, radica otra lección de esta campaña: es indispensable aprovechar cabalmente el potencial que tienen los medios audiovisuales, las facilidades que brinda la comunicación moderna, y formar la gente que necesitamos para poder usar esas herramientas con calidad.

CEDI: ¿Crees que la campaña tuvo una repercusión significativa en la discusión de la educación en general en el Ecuador? ¿Cómo se dio la relación con el sistema educativo formal?

ROSA MARIA TORRES: La campaña tuvo un impacto fuerte sobre la educación nacional y sobre la educación formal de manera específica. No sólo porque era inevitable, sino porque estuvo programado que así fuese. Nos empeñamos en que la campaña se convirtiese en la matriz de un amplio movimiento educativo nacional. Así lo programamos y así lo dijimos expresamente en los Documentos de Trabajo, desde el primero que elaboramos. Esto está dicho de manera muy clara en el número que hicimos en torno a "La concepción educativa de la campaña".

En primer lugar, concebimos la campaña como una acción con perfil nacional, pues el problema del analfabetismo -como siempre recalcamos- es un problema social nacional que, como tal, no debe limitarse a los adultos analfabetos y a los alfabetizadores, sino que tiene que ser asumido como un problema y un tema nacional. La modalidad de campaña favorece esta tarea, es un buen punto de arranque: una campaña intensiva permite mayor dinamismo e impacto que un programa más extendido en el tiempo. Quisimos que la problemática del analfabetismo impactara la conciencia nacional, porque despertar la conciencia sobre el analfabetismo es despertar la conciencia sobre muchas cosas: la pobreza, la falta de acceso a la escuela, las deficiencias de cobertura y calidad del sistema escolar, etc.

Más allá de eso, concebimos la campaña como un movimiento de formación de la juventud, no sólo a través del encuentro y reconocimiento de la realidad nacional, de la "otra cara" de la realidad nacional -que es, de cualquier modo, un efecto importantísimo que este tipo de campañas puede tener sobre los jóvenes- sino además, expresamente, de una reflexión crítica sobre la educación nacional. En primer lugar, a partir de una simple comparación entre su propia práctica escolar - la que cargaban encima por el hecho de haber pasado cerca de doce años en las aulas - y la que enfrentarían al convertirse en maestros-alfabetizadores, en el marco de una propuesta educativa como la levantada por la campaña, cuestionadora del modelo educativo convencional. Formar a los jóvenes para este pensamiento y este análisis crítico del fenómeno educativo fue objetivo expreso de la campaña. No dejamos simplemente abierta la puerta del contacto con la realidad o de la crítica que todo joven hace al sistema educativo; procuramos que los jóvenes tuviesen elementos de juicio mejor fundamentados para argumentar y para hacer críticas y propuestas a la educación nacional.

 
De hecho, la última actividad de la campaña fue un Encuentro Nacional de Alfabetizadores. Este se hizo en Quito, a finales de septiembre de 1989, a dos semanas de haber concluido oficialmente la etapa de alfabetización. Lo que les propusimos a los jóvenes alfabetizadores no fue hacer una evaluación de la campaña: ésta ya había sido evaluada de muchas maneras, incluyendo una evaluación de los alfabetizadores a través de una encuesta. Lo que les propusimos a los jóvenes en ese congreso fue mas bien discutir hacia el futuro y hacer propuestas de cambio para el sistema educativo.

Fue un encuentro maravilloso. Cerca de mil jóvenes alfabetizadores de todo el país discutieron durante tres días sobre la educación en el Ecuador. Quisimos que este congreso fuese totalmente coordinado por los jóvenes; ellos mismos registraron, hicieron las relatorías, elaboraron un informe final, eligieron un comité que entregó oficialmente ese informe al Presidente Borja al día siguiente, en la ceremonia de clausura de la campaña. Con todo ese material -33 talleres trabajando simultáneamente- elaboramos una publicación que recoge el testimonio vivo de los jóvenes, su palabra hablada y su palabra escrita, sus opiniones sobre el sistema educativo nacional. Como era de esperarse, no son precisamente elogios. Lo que se recoge en ese informe es la crítica más dura y más maciza que jamás se haya hecho al sistema escolar en el Ecuador.
 

Por otro lado, concebimos la campaña como una oportunidad privilegiada para trabajar con los profesores del sistema formal. Los 32 Documentos de Trabajo que, semana a semana, produjimos y distribuimos a lo largo de ocho meses, no estaban dirigidos únicamente a los alfabetizadores de la campaña, sino que se distribuían además entre el personal del Ministerio de Educación, el gremio de maestros, la red de enseñanza formal.

La discusión sobre el tema educativo fue muy fuerte durante todo el proceso de la campaña, la educación estuvo en el centro de la discusión nacional, quizás como nunca antes en el país y de manera tan sostenida. El Ministerio de Educación se agitó. Todo el mundo tuvo que opinar, tuvo que tomar posición y pronunciarse, ya sea para apoyar o para discrepar.

Pocos meses antes del inicio de la campaña y de haber aceptado trabajar en ella, yo había escrito precisamente un artículo periodístico en el que reclamaba que la educación no era objeto de discusión pública, que no era tema en los medios de comunicación, que nunca ocupaba un editorial o una primera página, y que, cuando hacía noticia, era a propósito de cuestiones irrelevantes o puntuales.

La campaña de alfabetización contribuyó a cambiar radicalmente este panorama. Durante la campaña, el tema educativo estuvo en el centro, con tanta o mayor prioridad que el tema económico, el tema de la crisis o los temas, en fin, que ocupan los espacios informativos en nuestros países. Hoy en el Ecuador la educación es un tema presente y vivo en la agenda nacional, un tema que ha empezado a prender entre amplios sectores sociales que antes se sentían ajenos a la discusión de la escuela. En las secciones de Cartas de los Lectores, en los diarios, continuamente vemos a padres y madres de familia opinando sobre educación, protestando, proponiendo. En el último tiempo han surgido diversas páginas, suplementos y revistas dedicados al tema educativo. Los estudiantes, los profesores, los padres de familia, hablan de educación, se pronuncian, se quejan, hacen propuestas de cambio. La comunidad educativa se agitó y en esa agitación, la campaña tuvo mucho que ver. El problema es cómo capitalizar esa energía y esa discusión, cómo convertirla en un movimiento de transformación educativa, en un movimiento y en una política en favor del cambio educativo.

CEDI: ¿Cuál fue la actitud de los profesores y su eventual colaboración en el proceso de la campaña, en tanto que, al ser realizada principalmente por jóvenes, venía a cuestionar los procedimientos comunes de la escuela?


ROSA MARIA TORRES: La lucha por transformar la educación es una lucha tenaz, durísima. En la campaña, nosotros teníamos claro que la propuesta educativa y, específicamente, la propuesta pedagógica que estábamos planteando, venían a cuestionar frontalmente muchas cuestiones dadas por obvias en el campo educativo, tanto que ni siquiera son consideradas objeto de reflexión o discusión.

El tema de los profesores fue, sin duda, uno de los temas más polémicos desatados por la campaña. El argumento es siempre el mismo y vuelve a repetirse en todos lados. ¿Cómo es posible que, para una tarea educativa, se convoque a jóvenes inexpertos en vez de a maestros de oficio?. La ideología educativa tradicional indica que los únicos que pueden enseñar son los profesores, que para enseñar y lograr aprendizajes hay que tener título de enseñante.

En el Ecuador, como en muchos otros países latinoamericanos, prácticamente todos los programas de alfabetización de adultos, desde la década del 50, han contado con jóvenes, aunque no como fuerza principal sino más bien subsidiaria. Esta fue la primera vez en el país que se optó por dejar la alfabetización enteramente en manos de jóvenes estudiantes, recurriendo a los profesores en un rol de orientación y apoyo (los profesores fueron, de hecho, asignados como Coordinadores de las Brigadas Estudiantiles de sus propios alumnos alfabetizadores). Esta fue una decisión política fuerte, sustentada en la idea de que: 1) no sólo es posible sino altamente productivo que alguien que no es maestro profesional asuma una tarea educativa, 2) la posibilidad de alfabetizar, de educar, es un espacio muy importante de crecimiento de la propia juventud, 3) los jóvenes, por el propio hecho de no ser profesionales de la educación, pueden ser capaces de plasmar una propuesta educativa renovadora, como la que se planteó en el marco de la campaña.

Definitivamente, a menudo en el campo de la educación de adultos es más fácil educar que reeducar. Buena parte de los profesores -porque son producto de un sistema- lamentablemente tiene una formación anclada en el pasado. La formación pedagógica es el eslabón más débil de la formación docente. Por otra parte, no basta con ser docente, e incluso con ser buen docente de niños, para saber educar a adultos. Esto es algo que, docentes y no-docentes, jóvenes y adultos, necesitan aprender.


Apostamos a los jóvenes y a su capacidad para plasmar una propuesta educativa nueva, que llamaba al diálogo, a la comunicación, a nuevos métodos de enseñanza, a romper con la enseñanza mecánica de la lectura y la escritura. La apuesta fue válida. Pensamos que a través de los jóvenes, los profesores mismos podrían identificarse con esa propuesta pedagógica. Y así fue.

Al inicio, los profesores, el país entero, fueron sumamente resistentes a la campaña. La ideología defensora del "maestro de oficio" está arraigada en toda la sociedad. Editorialistas, comunicadores, periodistas, padres de familia, mucha gente se pronunció “defendiendo” a los maestros y descalificando a los jóvenes: se dijo de ellos que eran semi-analfabetos, irresponsables, inmaduros, etc. Pero los jóvenes mostraron que podían. "Les dimos en el ojo", me decía orgulloso un joven alfabetizador del Colegio Mejía, de Quito, el día que terminó la campaña y que en su colegio entregaban los diplomas a los alfabetizadores. Los propios jóvenes descubrieron que podían, se mostraron a sí mismos que podían. Pudieron.

Los profesores, por su parte, aprendieron y avanzaron durante la campaña. Ellos mismos lo decían, en conversaciones y en testimonios escritos, así como en los encuentros de profesores coordinadores de las brigadas. En los registros, informes y relatorías de esos encuentros puede leerse cómo los profesores van recuperando en el camino el valor que va teniendo la campaña para ellos mismos. Aprendieron que era cierto aquello del "educador-educando", que era cierto que esos jóvenes inexpertos podían enseñar y que los analfabetos no eran "ignorantes". Muchos profesores se sorprendieron al ver que sus estudiantes, convertidos en alfabetizadores, resultaban ser buenos maestros. Muchos profesores se sorprendieron de que sus peores alumnos, alumnos que tenían notas muy bajas y que estaban incluso por perder el año, eran muchas veces los mejores alfabetizadores. Todo esto fue una lección importantísima para los profesores. ¡Qué profesor no se siente orgulloso al ver a su alumno enseñando a otro alumno! Los profesores sentían que sus alumnos eran buenos alfabetizadores porque habían tenido, a su vez, un buen profesor y un buen coordinador de brigada.

La campaña fue un proceso contradictorio, una lucha muy difícil. Considero que la lucha valió la pena y que el balance final es positivo. La campaña motivó en el magisterio una necesidad de aprender, de actualizarse, y provocó una reflexión nacional no sólo sobre la educación sino sobre muchas otras cosas: la relación padres-hijos, hombres mujeres, campo-ciudad, educadores titulados y no titulados, saber escolar y saber popular. En la campaña enfatizamos mensajes como "El analfabeto no es un ignorante", "El alfabetizador no es un sabio", "Todos somos un poco ignorantes", "Todos necesitamos seguir aprendiendo siempre". Estas simples y grandes verdades fueron poco a poco permeando a los jóvenes, a sus profesores y padres, a toda la sociedad.

La campaña contribuyó a reactivar la motivación de los profesores por continuar aprendiendo. En mis visitas a los Centros de Alfabetización Popular, durante la campaña, encontraba profesores que pedían que en los centros de formación docente se aplicaran metodologías de estudio, talleres y educación a distancia como los que habíamos puesto en marcha durante la campaña. Algunos pedían que, una vez terminada la campaña, continuáramos imprimiendo semanalmente folletos -los Documentos de Trabajo- pero especialmente dirigidos a los profesores del sistema escolar. Varios pedían que se organizaran en el futuro brigadas de profesores durante las vacaciones escolares para seguir alfabetizando.

CEDI: ¿Qué planearon para que los alfabetizandos continuaran estudiando?


ROSA MARIA TORRES: Cuando comenzamos a planificar la campaña dijimos -como se dice en todas las campañas- que habría continuidad después de la alfabetización. En nuestro caso, se trataba de una convicción real, no demagógica. Yo había participado en experiencias de alfabetización de adultos en el Ecuador y en otros países de América Latina, de manera que, en esta campaña, tenía en la cabeza muchas lecciones prácticas acerca de las fortalezas y debilidades usuales de estos procesos. Una de esas lecciones que yo tenía muy clara es que hay un problema muy serio -una debilidad crónica, histórica, no sólo en América Latina sino en todos lados- una vez que termina la campaña de alfabetización y se pretende darle continuación. Lo ví y lo viví en el caso de Nicaragua. Llegué a Nicaragua en 1991, a trabajar como asesora del Vice-Ministerio de Educación de Adultos, cuando la Cruzada Nacional de Alfabetización estaba en marcha. Viví y trabajé en Nicaragua durante casi seis años, dos de ellos dentro del equipo del Vice-Ministerio de Educación de Adultos, y me tocó atestiguar la complejidad que implica dar continuidad, también masiva, a una campaña de alfabetización. Tanto en Nicaragua como en Cuba, en su momento, hubo un lapso grande de tiempo en el que no se pudo concretar dicho seguimiento y montar un programa de educación básica de adultos como el que se quería.

Yo tenía esto muy presente cuando acepté dirigir la campaña y al momento de planificarla, en el seno del Comité Ejecutivo. Pensaba que bastaba tenerlo presente para conseguirlo, pero no fue así. Aprendí esta vez que una cosa es poder anticipar lo que hay que hacer y otra es poder hacerlo realmente. En este caso también, a pesar de todas las previsiones, la continuidad de la campaña fue una especie de parto. Insistimos -como siempre lo he hecho, y como he recalcado en todos mis escritos sobre alfabetización- en que había que planificar conjuntamente la alfabetización y el después de la alfabetización, no una después de la otra. Porque es preciso lograr coherencia entre ambas e insertarlas en un programa regular. Esto estaba teóricamente muy claro en nuestro planteamiento -inclusive, fue una de mis condiciones al aceptar la dirección de la campaña- pero fue muy difícil ponerlo en práctica.

Lo que sucede muchas veces es que el equipo que concibe e implementa la alfabetización es el mismo que tiene que encargarse de su continuidad. Entre otras cosas, porque la gente calificada y disponible para esta tarea en nuestros países es escasa. La planificación de la post-campaña y de todo el programa de educación básica de adultos fueron dejados en manos de la instancia regular encargada de la educación de adultos dentro del Ministerio de Educación, en este caso la DINECNE, posteriormente rebautizada como DINEPP (Dirección Nacional de Educación Popular Permanente). Ni la DINECNE ni la DINEPP pudieron hacerlo, no al menos durante la etapa en que se desarrollaba la campaña y dentro de los plazos que habíamos previsto. De manera que aquí también, como en Nicaragua, la continuidad de la campaña empezó a planificarse prácticamente cuando ésta estaba concluyendo. Reconociendo sus propias limitaciones, la DINEPP terminó contratando a una ONG para que hiciera el trabajo, diseñara el currículo y los materiales didácticos del programa de Educación Básica de Adultos (EBA). En consecuencia, pasaron cerca de ocho meses entre que concluyó la campaña y empezó la llamada Fase de Refuerzo.


En todo esto, hay un gran absurdo dentro del campo de la alfabetización de adultos. Se programa y hace algo llamado alfabetización y luego se le agrega un apéndice al que se le llama post-alfabetización, que nadie sabe dónde empieza ni dónde termina. Ambas nociones están desligadas y aparecen como etapas separadas, cuando en verdad deberían ser vistas como un continuo, como educación básica de adultos. Lo que se requiere es planificar un sistema integral de educación de adultos que atienda las necesidades básicas de aprendizaje de los adultos, dentro de las cuales la alfabetización, obviamente, tiene gran importancia.

La continuidad de la alfabetización no es sólo un problema de los analfabetos, sino de toda la sociedad. No se trata sólo de hacer materiales o periódicos especiales para neo-lectores. Se trata de avanzar hacia una sociedad alfabetizada, que valore la lectura y la escritura para todos. Mientras la sociedad no adopte nuevas pautas culturales y sociales respecto de lo que es educar, estudiar, enseñar y aprender, leer y escribir, las soluciones continuarán siendo parciales y epidérmicas, seguiremos haciendo campañas y programas de alfabetización y produciendo materiales para neo-lectores.

Por eso, en el caso del Ecuador, la continuidad de la campaña la concebimos no únicamente para los recién alfabetizados o los nuevos alfabetizandos que seguirían incorporándose en los años siguientes. La campaña debía servir para dinamizar en el país un cambio educativo profundo y de grandes consecuencias en lo social y en lo pedagógico; queríamos dejar instalada en la sociedad la importancia de la educación, del estudio, del aprendizaje permanente, no sólo de los recién alfabetizados, sino de todos: niños, jóvenes, adultos, estudiantes, padres de familia, profesores, profesionales, políticos, todos.

La propuesta de continuidad que construimos desde adentro de la campaña no fue, entonces, sólo un programa de educación básica de adultos. Fue una propuesta educativa integral, para toda la sociedad. A esto le dimos el nombre de Programa Nacional "El Ecuador Estudia". La Educación Básica de Adultos (EBA) pasó a ser un componente de dicho programa.

Se trata de habilitar a las personas no para ejercitar la lectura y la escritura como si fuesen un objetivo en sí mismo -cosa que le debemos al sistema escolar y sus prácticas- sino para usar creativa y productivamente el lenguaje escrito como instrumento útil en la vida cotidiana, fuera del aula, la cartilla o el texto escolar. El problema entonces es cómo instalar en toda la sociedad una nueva dinámica favorable al estudio, al aprendizaje, a la lectura.

"El Ecuador Estudia" se orientó a incentivar por todos los medios la lectura en el hogar, en escuelas y colegios, en barrios, centros de trabajo, centros comunitarios, bibliotecas, parques. Un programa específico se elaboró en relación a las bibliotecas comunitarias y las bibliotecas populares. Antes de terminar la campaña de alfabetización teníamos pensado realizar una gran campaña nacional de recolección de materiales de lectura -no sólo libros sino de todo tipo: revistas, textos escolares, calendarios, mapas, comics, fotonovelas- para dejar montadas pequeñas bibliotecas comunitarias y barriales que se organizaran alrededor de lo que habían sido los Círculos de Alfabetización Popular y lo que serían, en el futuro, los Centros de Educación Popular (CEP). El tiempo no dio, sin embargo, para concretar ese proyecto, pero se hizo posteriormente dentro de “El Ecuador Estudia”, con el apoyo del Sistema Nacional de Bibliotecas (SINAB).

Dentro de "El Ecuador Estudia" hubo cuatro áreas de trabajo, una de ellas la de Desarrollo Artístico y Cultural, dirigida a todos: niños, jóvenes y adultos. Tan importante como aprender a comunicarse a través del lenguaje verbal, a través del habla, la lectura y la escritura, es comunicarse (mejor) a través de todos los otros lenguajes. Uno de esos lenguajes, menospreciado y olvidado, es el lenguaje gráfico, el lenguaje visual. Por eso, dentro de este componente cultural y artístico se busca nuevas maneras de "alfabetizar" a nuestros estudiantes, a nuestros niños y jóvenes, a través de otros códigos visuales, de otros códigos culturales, de la música, del dibujo, del arte.

Como era de esperar, “El Ecuador Estudia” encontró toda clase de dificultades, tal vez entre otras cosas porque fue demasiado ambicioso para las posibilidades reales del Ecuador en este momento. Pero es una manera de forzar la realidad. Si no nos proponemos metas grandes, ambiciosas, las cosas terminan haciéndose con gran estrechez y gran miopía. Este programa es ciertamente ambicioso, pues la idea es generar en nuestro país una nueva conciencia acerca de la necesidad de aprender.

El proyecto es a mi juicio válido, desafiante, hermoso. Lograr una comprensión nueva de lo que es estudiar, una visión de educación continua, no necesariamente escolarizada, es ciertamente una utopía, una meta a lograr no para fin de este siglo sino tal vez para generaciones.

CEDI: Al referirte a la campaña del Ecuador, mencionas a las de Cuba y Nicaragua. ¿Podrías comparar estas campañas, realizadas en contextos sociales bastante diferentes, en el caso de Cuba y Nicaragua en el contexto de una revolución?

ROSA MARIA TORRES: Cuando se habla de campañas de alfabetización, al menos en América Latina, la referencia inevitable y la asociación inmediata son las experiencias de Cuba y Nicaragua. Esto responde a un hecho real: en estos países, ambos viviendo situaciones revolucionarias, se hicieron campañas de carácter masivo – casi épico - en nuestro continente.


Yo conocía estas dos campañas a fondo cuando empecé a organizar la campaña de alfabetización en mi propio país, el Ecuador. Viví de cerca la de Nicaragua (1980) y los cinco años posteriores a ella, la etapa de Sostenimiento y el desarrollo del programa de Educación Básica de Adultos (EBA). A fines de la década de 1970 e inicios de los 80 hice un estudio comparativo de las políticas de educación de adultos en los tres países entonces en situación revolucionaria: Cuba, Nicaragua y Grenada, la Grenada revolucionaria bajo el liderazgo de Maurice Bishop. Precisamente por venir de la investigación, y por conocer de cerca estas experiencias, no tenía una imagen idealizada de éstas.

Cuando se anunció en el Ecuador la campaña de alfabetización, en la mente de quienes la lanzaron en ese momento – Presidente, Ministro de Educación- estaba en efecto posiblemente la idea de un modelo a seguir, particularmente el de Nicaragua pues la campaña cubana, realizada en 1961, estaba ya distante. Obviamente en mi caso ambas campañas, la cubana y la nicaragüense, resultaban referencias inevitables, en particular la de Nicaragua, que es la que viví, pero siempre referentes para una recuperación propia, selectiva y crítica. Ya mencioné, por ejemplo, que en la formación y capacitación de los alfabetizadores buscamos justamente superar algunas de las debilidades que se dieron en el caso nicaragüense.

Uno de los primeros cuestionamientos internos a la campaña en el Ecuador, especialmente por parte de la derecha ideológica, fue precisamente la afirmación de que era una “copia” de las campañas de Cuba y Nicaragua. La derecha empezó a denunciar la campaña como una amenaza "comunizante", "marxista", etc. El argumento prendió inicialmente en un sector de la población. Hubo padres de familia que imaginaron la campaña como un gran monstruo comunista que se impondría sobre sus hijos futuros alfabetizadores. El propio proceso fue decantando la verdadera naturaleza de la campaña: el humanismo, la solidaridad, la valoración de los jóvenes, un intento de redistribución de la riqueza cultural en el país. Los contenidos de la campaña no fueron extraídos de El Capital sino de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento tanto o más poderoso política y socialmente que El Capital.


Rosa María Torres,
El nombre de Ramona Cuji
Editorial El Conejo
La verdad es que hicimos cosas bastante diferentes, en muchos sentidos, a las hechas en su momento en Cuba y Nicaragua en el campo de la alfabetización de adultos. Obviamente, esto va de por sí: contextos diferentes, momentos diferentes, sujetos y condiciones específicas. También hay muchas cosas en común, pero éstas resultan no de la “copia” sino más bien de un sustrato económico, social y cultural común a nuestros países, por encima de las diversidades y especificidades. Por ejemplo, la participación de la juventud como fuerza alfabetizadora es algo que se dio en Cuba y en Nicaragua, y que viene dándose constantemente no sólo en América Latina sino en otras regiones del mundo. En el Ecuador, la historia de la alfabetización estatal ha estado siempre vinculada a jóvenes estudiantes, desde mucho antes de la revolución cubana. Esto es cierto para muchos otros países.

Recurrir al apoyo de la juventud para la tarea educativa y alfabetizadora no es una muestra de “comunización” o de “indoctrinación marxista” sino algo que deriva de las condiciones reales de nuestros países, en los que las altas tasas de analfabetismo y las bajas tasas de escolaridad van junto con la falta de una masa crítica calificada y dispuesta a asumir la educación de adultos en las condiciones en que normalmente se lleva a cabo esta tarea, es decir, en la precariedad y sin remuneración o con una compensación monetaria insignificante.  


La modalidad de campaña masiva tampoco es un rasgo característico de la revolución; campañas nacionales han sido y continúan siendo realizadas en contextos políticos, sociales y culturales muy diversos. Quizás la contribución más importante de la campaña ecuatoriana sea haber mostrado que este tipo de campaña masiva, con amplia movilización social y de la juventud en particular, es posible también en contextos no-revolucionarios.

La Campaña “Monseñor Leonidas Proaño” se llevó a cabo en un gobierno social-demócrata, un gobierno de la Izquierda Democrática (ID), presidido por Rodrigo Borja. La ID se sitúa en el centro político, nadie diría de ella que es un partido de izquierda. Nadie diría que un gobierno socialdemócrata esté dispuesto a revolucionar las estructuras sociales o incluso el sistema educativo. Sí creo que la campaña de alfabetización fue más allá de lo que muchos políticos de la ID pensaron o habrían deseado. De hecho, la campaña removió estructuras mentales, esquemas ideológicos, referentes culturales, prácticas pedagógicas, en un sentido auténticamente revolucionario. Hacer revolución no es solamente "tomar el poder"; es sobre todo revolucionar la sociedad. La campaña de alfabetización revolucionó nuestra sociedad, revolucionó a la juventud sin duda: esta generación de jóvenes tuvo una oportunidad excepcional de contribuir a transformar su país y de transformarse a sí misma en ese proceso. Revolucionó a los padres de familia directa e indirectamente: a través de sus hijos, muchos padres y madres fueron comprendiendo el sentido de la campaña, desarrollando empatía con la otra realidad del país, con los pobres, con sus propios hijos e hijas alfabetizadores! La campaña se propuso contribuir a cambiar el sistema educativo, valores y prácticas asociadas a relaciones de poder como la relación profesor-alumno, hombre-mujer, padre- hijo, alfabetizador-alfabetizando.

Pudimos comprobar que todas esas pequeñas-grandes revoluciones son posibles aun sin un contexto políticamente y oficialmente “revolucionario”. Creo que éste es el mérito y la mayor enseñanza de una campaña como ésta: no se trata de esperar el triunfo de una revolución, sino de crear condiciones para un cambio revolucionario en la sociedad.

Personalmente, aprendí que la juventud es juventud en cualquier lado. Los y las jóvenes en mi país fueron capaces de hacer las mismas cosas que pudieron hacer, en su momento, los y las jóvenes en Nicaragua. La juventud es una fuerza renovadora, una fuerza constructiva de alegría, entusiasmo, esperanza. Los jóvenes tienen (o pueden desarrollar) disposición al sacrificio, voluntad, resistencia, paciencia, gana de aproximarse a las personas, de ayudar al prójimo.

CEDI: ¿Cómo ves la situación de la educación de adultos en América Latina?. ¿Cómo ves la Educación Popular, que siempre ha estado ligada a la educación de adultos en este continente?

ROSA MARIA TORRES: Afortunadamente, muchas cosas están cambiando. Hay una conciencia bastante generalizada en América Latina acerca de la necesidad de cambios importantes en el campo de la educación de adultos, tradicionalmente asociado a la renovación, al cuestionamiento a la educación tradicional, a la sociedad actual. Pues bien: también el campo de la educación de adultos está en crisis, presa de una inercia muy grande, con poca fuerza innovadora y renovadora hacia adentro y hacia afuera. Hay poco cambio y poco avance con relación a ideas muy fuertes que se generaron en este campo hace algunos años, décadas. Cuando releemos lo que se escribió hace diez, quince, veinte años, percibimos la riqueza de lo que ya fue, la reiteración, el atrancamiento en las ideas y en los debates, la falta de avance teórico y a menudo incluso el empobrecimiento práctico.

Los contextos, la acción, la premura, la urgencia, nos comieron. Porque siempre trabajamos con sectores desposeídos, pobres, necesitados de manera urgente. Y dado que esa situación no cede sino que más bien empeora, nos dejamos fácilmente vencer por el activismo y por el inmediatismo, seguimos talando árboles sin ver el bosque, descuidamos la reflexión, el análisis, la sistematización, la investigación, el debate, la capacidad para incidir en las decisiones a nivel macro y no sólo micro.



Publicaciones de la autora referidas aquí
- ECUADOR/Ministerio de Educación/UNICEF. Informe de Evaluación Final de la Campaña Nacional de Alfabetización "Monseñor Leonidas Proaño".
- TORRES, R.M. 1990. El nombre de Ramona Cuji (Reportajes de la Campaña Nacional de Alfabetización "Monseñor Leonidas Proaño"). Quito: ALDHU/ Editorial El Conejo.

- TORRES, R.M. 1990. "América Latina frente al Año Internacional de la Alfabetización: Lecciones de la experiencia ecuatoriana”, en: Educación de Adultos y Desarrollo N° 34. Bonn: IIZ/DVV.
- TORRES, R.M. 1989. "Acciones nacionales de alfabetización de adultos en América Latina: Una revisión crítica", en: Boletín del Proyecto Principal de Educación en América Latina y el Caribe, N° 19. Santiago: UNESCO-OREALC.
- TORRES, R.M. 1988. Discurso y práctica en educación popular, Textos, Nº 9. Quito: CIUDAD; Ijuí: UNIJUI Livraría Editora, 1988; Lecturas sobre educación de adultos en América Latina (Antología), México: CESU/UNAM, 1992.
- TORRES, R.M. 1986. “Los CEP: educación popular y democracia participativa en Nicaragua”, Cuadernos de Pensamiento Propio Nº 12. Managua: INIES-CRIES; Santiago: CEAAL, Apuntes Nº 9

- TORRES, R.M. 1983. “Nueve tesis sobre la alfabetización alternativa: reflexiones en torno a la experiencia nicaragüense”, Cuadernos Pedagógicos Nº 3-4. Quito: Fundación Fernando Velasco.
- TORRES, R.M. 1983. “De alfabetizando a maestro popular: la post-alfabetización en Nicaragua”, Cuadernos de Pensamiento Propio, Nº 4. Managua: INIES-CRIES.
- TORRES, R.M. 1984. “Educación y democracia en la Granada revolucionaria”, Cuadernos de Pensamiento Propio, Nº 8. Managua: INIES-CRIES.
- TORRES, R.M. 1985. Nicaragua: revolución popular, educación popular. México: CRIES/ Editorial Línea

Otras referencias sobre la campaña- El nombre de Ramona Cuji

▸ "Sobre analfabetismo y alfabetización: Recordando la Campaña Monseñor Leonidas Proaño"
Entrevista con Jhonny Alvarado, Revista Semana, Diario Expreso, Guayaquil, 5 septiembre 2004.
▸ The "Monsignor Leonidas Proaño" National Literacy Campaign and the National "Ecuador Studies" Program, 1992
Ecuador: Campaña Nacional de Alfabetización "Monseñor Leonidas Proaño", 1989 (en biblioteca digital del CREFAL)

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▸ Bolivia: Una clase de alfabetización en español, traducida al aymara

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▸ From Literacy to Lifelong Learning ▸ De la alfabetización al aprendizaje a lo largo de la vida

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