¿Qué pasaría si quienes deciden las políticas educativas tuvieran a sus hijos en planteles públicos?


Ministra de Educación y Culturas
Quito, julio 2003

Escuela privada y escuela pública - Claudius Ceccon (Brasil)


Una de las primeras críticas que recibió Bill Clinton al llegar a la Presidencia de los Estados Unidos fue su decisión de poner a su hija en un colegio privado, después de haberse declarado firme defensor de la enseñanza pública en su país. Esto, que al menos en Estados Uni­dos puede ser convertido en crítica pública y elevado a la categoría de incoherencia presidencial, es en verdad lo que hacen todos -o la inmensa mayoría- de presidentes en todo el mundo. Y lo que han hecho concretamente en nuestro país.

Entre broma y broma suele llamarse la atención sobre el hecho de que asesores y consultores en materia de políticas educativas tienen a sus hijos en planteles privados y que, por tanto, al no experimentar en carne propia las carencias y problemas de la enseñanza pública, no se sienten mayormente comprome­tidos ni vivencialmente urgidos a cambiarla.

Entre broma y broma, no obstante, es preciso tomarse el asunto en serio. Otro sería en efecto el estado y el destino de la educación pública si los altos mandos del poder, los decisores de políticas y de planes educativos, tuvieran a sus hijos e hijas en planteles públicos. Otra serían las energías financieras y sociales invertidas en profesionalismo y calidad docentes, en evitar los paros del magisterio o bien en resolverlos de inmediato, tan solo aplicando la coherencia entre el discurso y la práctica.

Presidentes de la República y colaboradores cercanos tienen a sus hijos en universidades, colegios y escuelas privados, a menudo estudiando en el extranjero. Allí mismo hijos y nietos del gabinete ministerial, del cuerpo diplomático y del congreso. Los funcionarios del Ministerio de Educación que pueden fi­nanciarlo no dudan en hacer lo propio. Igual cosa los abogados que redactan las leyes y decretos educativos. Investigadores, expertos y asesores nacionales e internacionales estudian y hacen propuestas de cambio para la educación pública, pero prefieren entretanto tener a sus hijos en planteles privados. Y nos asombra­ríamos de saber cuántos rectores y profesores de planteles públicos -incluso de los más pobres y apartados- tienen ellos mismos a sus hijos en planteles privados, haciendo los ahorros y los sacrificios económi­cos del caso.

El día que presidentes, vicepresidentes, ministros, secretarios, directores, sub­directores, asesores, jefes, dirigentes gremiales y autoridades de todo tipo tengan a sus hijos y nietos en planteles públicos, empezará a modificarse en serio el panorama de la educación pública. Entonces vendrá la urgencia, afluirá el dinero, importará en serio la calidad, se pondrá la pedagogía en el centro, se apurarán las gestiones, se ejecutarán las decisiones, se harán los cambios de verdad. ¿Sería mucho pedir que el Presidente, el Vicepresidente, el gabinete en pleno, los dirigentes gremiales del magisterio, los defensores de los derechos de la infancia, los promotores de una educación de calidad para todos, empezaran dando el ejemplo?.

* Pubicado en Diario Hoy, Quito, 17 julio 2003 

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La doble moral de los políticos en materia educativa, Luciana Vázquez, La Nación, Argentina, 5 julio 2011
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¿Deberían nuestros políticos llevar a sus hijos a colegios públicos? En Reino Unido lo hacen, Blog de Amparo Polo, 04/03/2013

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3 comments:

Alex Cobos said...

Las escuelas y universidades son como un producto. Hay distintas calidades y precios, y no esta mal. Pero lo que si debe de haber es una base minima de conocimientos bien comprendidos y un sistema de meritos para ver quien pasa a la siguiente fase. Yo creo que va más álla. un ejemplo. Si metemos a unos niños pobres a una escuela buena de paga, estó por si solo ayudaria a mejorar su desempeño? Otra pregunta, por qué estidiamos?, para trabajar, para subsistir, para investigar, administrar, para qué? Yo creo que estas pretuntas no están bien contestadas en la educación pública.

Anonymous said...

Es cierto lo que dices.

Mg. Dielmer Fernando Giraldo Rendon said...

Estoy totalmente de acuerdo

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