Escuchar a los estudiantes (dedicado a Jennifer, en Bogotá)

Claudius Ceccon - CECIP


Profesores, directivos, estudiantes y visitantes estamos alrededor de la mesa en este colegio público en Bogotá. Las tres estudiantes presentes se mantienen calladas. Les animo a hablar. Una de ellas toma la palabra y cuenta que hay profesores que dictan y hacen copiar en clase.

- ¿Y qué hacen ellos mientras ustedes copian?, pregunto.
- Se dedican a hacer sus cosas.
- ¿No hay interacción?.
- Muchas veces no.
- Y ustedes, ¿qué hacen frente a eso?.
- Nada, ya estamos acotumbrados.

Las otras dos chicas asienten. Demoledor. Los métodos de enseñanza descritos y la actitud de los estudiantes.

Sucedió en Bogotá pero podría suceder en cualquier lado. Profesores que dictan, copian, piden copiar y dan lo mínimo de sí, no deberían ser profesores.

Al día siguiente relaté este episodio en un panel en el que participé en Bogotá. Cerré con un llamado a trabajar con los jóvenes pues sin ellos, sin su energía transformadora, es imposible transformar la educación.

Una niña con uniforme escolar sentada frente a mí, en el público, se paró y me acercó una hoja escrita a mano:
Señora Rosa María
Usted cómo creería que
estudiantes como nosotros
lucháramos para que 
nuestra palabra sea
escuchada.
Si vivimos en una sociedad
que lucha por hacerse
escuchar por el poder.

Atentamente:
Jennifer Pérez
Estudiante




La nota de Jennifer me emocionó y me alegró el día. En un panel de adultos, rebosante de palabras, ella escuchó, se sintió interpelada y escribió.

¿De quiénes depende la transformación del sistema educativo? La respuesta suele mencionar a directivos y profesores. Los estudiantes son invisibilizados. De las familias nadie se acuerda. De la sociedad, menos. La 'comunidad educativa' existe sobre todo en informes y discursos.

Lo cierto es que la transformación educativa depende de todos ellos. Y el papel de los estudiantes es clave. Estudiantes pasivos, cómodos, terminan siendo cómplices de los malos profesores y de la mala enseñanza.

Gran desafío romper con los círculos viciosos de la mala educación - familia, comunidad, sistema educativo, medios, política - que no enseña a pensar ni a expresarse, que genera frustración y miedo, que valora la obediencia mucho más que el pensamiento, la creatividad y la autonomía.

Padres y educadores necesitan aprender, ellos mismos, a distinguir la mala educación de la buena, a practicar y reclamar la segunda.

La mala educación no solo maltrata física y verbalmente. La mala educación enseña mal, niega el pensamiento, el diálogo, la participación, la diversidad, el derecho a aprender y a aprender con interés.

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