¿Qué es educación de jóvenes y adultos, hoy?

Rosa María Torres
Silvio Alvarez - Artista plástico brasileiro. Collage. Brasil
En un evento realizado en Quito a fines de 2016 con participación de especialistas en educación y personas provenientes de diversas organizaciones sociales del Ecuador, fui la única que mencionó la educación de adultos.

El objetivo del evento era (re)pensar, colectivamente, una agenda educativa nacional pertinente, en momentos en que el país se apresta a elegir un nuevo gobierno.

Con aportes de todos, a lo largo del día, la pared se fue llenando de tarjetas de colores referidas a todos los temas imaginables y a todas los niveles del sistema educativo. Pero no apareció la educación de adultos. Tampoco tuvo destaque la educación inicial (0 a 6 años), que es también y sobre todo educación de adultos, pues implica informar y educar a madres y padres de familia y a cuidadores en la crianza de los niños pequeños.

Como es sabido, quienes se ubican en ambos extremos del sistema educativo - niños pequeños y personas adultas - tienen generalmente escasa visibilidad e importancia en el panorama educativo.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) el derecho a la educación (Artículo 26), si bien pensado sobre todo desde la perspectiva de niños y jóvenes, habló de toda persona (everyone) y se refirió a educación elemental y fundamental, educación técnica y profesional, y educación superior.

Artículo 26.

(1) Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.
(2) La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
(3) Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
Hoy, el derecho a la educación continúa centrado en niños y jóvenes. No se ha avanzado en la conceptualización del derecho a la educación desde la perspectiva de la edad adulta y más allá del sistema educativo formal.


El hecho es que, en una era de notable alargamiento de la expectativa de vida y de adopción del paradigma del Aprendizaje a lo Largo de la Vida, la educación de adultos sigue siendo la Cenicienta de las políticas educativas y sigue no estando en la mente de la mayoría de personas dedicadas a la educación. Esto, incluso entre los organismos internacionales que promueven el 'aprendizaje a lo largo de la vida', y pese a que el objetivo referido a la educación (Objetivo 4) en el marco de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030) habla de "Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos".
Sigue asombrándonos:

a) la persistente reducción de educación a infancia, de educación a sistema educativo, de educación a escolarización.

b) la continuada comprensión de la educación de jóvenes y adultos como educación compensatoria, de segunda oportunidad, destinada solamente a personas analfabetas, con poca escolaridad y, en general, afectadas por algún tipo de 'rezago educativo'.

c) la continuada asociación de educación de jóvenes y adultos con educación no-formal.

d) la ausencia de políticas y estrategias de educación familiar, educación comunitaria, educación ciudadana, que por su propia naturaleza transcienden las edades y suponen, justamente, enfoques trans-generacionales.

e) el uso de la frase 'aprendizaje a lo largo de la vida' sin entender y asumir cabalmente sus denotaciones y connotaciones, y sin un compromiso real con el cambio paradigmático que esto implicaría al mundo de la educación. 

Aprendizaje a lo Largo de la Vida significa, literalmente, aprendizaje desde el nacimiento (e incluso desde la gestación) hasta la muerte. Adoptar el Aprendizaje a lo Largo de la Vida como paradigma para la educación en el siglo XXI - como ha propuesto la UNESCO - implica aceptar y entender que el aprendizaje se inicia en el hogar y en la primera infancia, que la infancia no es la única edad para aprender, que la educación es mucho más amplia que la escolarización, que hay aprendizajes formales, no-formales e informales y que todos ellos son necesarios y se complementan a lo largo de la vida de las personas, que la vida se alarga y con ella la edad adulta, que la educación de jóvenes y adultos es, hoy, elemento fundamental e ineludible de cualquier moderna política educativa.

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