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«Pensamiento perezoso» y pensamiento crítico


 


Mucha gente cree fácilmente en mentiras y #fakenews. ¿Por qué? Psicólogos, sociólogos y economistas estudiosos del tema tienen dos hipótesis: a) las personas tienden a creer la información que coincide con sus propias creencias (el llamado sesgo de confirmación), sin preguntarse si es cierta o falsa, y b) las personas que cultivan el pensamiento crítico son menos proclives a sucumbir ante la desinformación. 

Un estudio de la universidad de Yale en EE.UU. obtuvo evidencias de esto. Los resultados de pruebas realizadas con más de 3.400 voluntarios, publicados en un artículo en la revista académica Cognition, mostraron que la fácil aceptación de informaciones falsas se debe más al «pensamiento perezoso» que a los sesgos políticos.

¿Qué es el «pensamiento perezoso»?

La teoría en que se basó este estudio afirma que el cerebro humano tiene dos modos de pensar: uno rápido, intuitivo, emocional, casi automático, y otro lento, analítico, lógico (Kahneman, Daniel, Pensar rápido, pensar despacio, 2011edición en español 2012). Las personas usan estos modos de pensar de distintas maneras y en distintas situaciones. Quienes más utilizan el sistema rápido son quienes más frecuentemente «piensan de forma perezosa».

Las personas que practican el «pensamiento perezoso» son más proclives a creer las informaciones falsas. Por el contrario, las personas que recurren al pensamiento analítico, que exige esfuerzo mental, son menos proclives a la credulidad.

En el estudio de Yale se les pidió a los voluntarios responder un test de reflexión cognitiva que buscaba medir qué tanto las personas tienden a involucrarse en procesos mentales que requieren capacidad de análisis. Las preguntas fueron del tipo: “Un bate y una pelota cuestan $1,10 en total. ¿Si el bate cuesta $1 más que la pelota, cuánto cuesta la pelota?”. Quienes responden que la pelota cuesta $0,10 tienen probablemente una mente perezosa (vale $0,05).

Después les preguntaron sobre su filiación política (demócratas o republicanos) y les presentaron una serie de titulares falsos, algunos de los cuales coincidían con su posición y otros no. Luego les pidieron decir cuáles de esos titulares les parecían más creíbles. El ejercicio se repitió con titulares verdaderos.

Pensar para decidir creer (o no) 

Los resultados mostraron que a mejores resultados en el test cognitivo, mejor podían las personas identificar la veracidad o falsedad de un titular. Quienes obtuvieron resultados más bajos en el test tuvieron más dificultades para identificar cuándo un titular es cierto o no.

Esta tendencia se mantuvo aún cuando los contenidos contradecían las creencias políticas de las personas —aunque la filiación sí tuvo un pequeño efecto en los resultados. 

Los demócratas que hicieron uso del pensamiento crítico pudieron identificar cuándo un titular pro-demócrata era verdadero o falso y también cuándo un titular pro-republicano era verdadero o falso.

Con los republicanos sucedió lo mismo: las personas más analíticas pudieron discernir mejor la veracidad o falsedad de un contenido, aunque éste no fuese pro-republicano.

Los investigadores concluyeron que la capacidad de pensar analíticamente juega un importante papel de defensa contra la desinformación. En la medida que las personas enfrentan los contenidos desde una postura crítica, la desinformación tiene menos acogida. 

Es importante tener en cuenta que el «pensamiento perezoso» no es el lento sino el rápido. El que no se detiene a pensar, el que se deja influenciar por la primera impresión, el que pasa por encima de las cosas,  el deseoso de llegar a conclusiones lo antes posible. Quienes recurren al «pensamiento perezoso» son los que, en las redes sociales, leen solo los titulares, sin entrar a leer el contenido. Muchos, incluso, sacan conclusiones y comentan exclusivamente a partir del titular.

«Pensamiento perezoso» y sistemas educativos

Los sistemas educativos cultivan por lo general el «pensamiento perezoso». Alientan estudiar para la prueba, para el puntaje, para aprobar más que para aprender.

Aprender implica comprender. Comprender implica esfuerzo, a diferencia de simplemente memorizar y repetir. Lo cierto es que los sistemas educativos naturalizan la no-comprensión y la memorización. 
 
Aprender requiere tiempo. Y tiempo es lo que no permiten los sistemas educativos (más aún, en la etapa post-pandemia se recomienda acelerar, antes que desacelerar). Importa cuánto se aprende, no qué ni cómo ni para qué ni qué tan bien se aprende. No debería ser necesario agregar calificativos a aprendizaje: aprendizaje significativo, aprendizaje profundo, etc.

Leer implica comprender. No cabe llamar «lectura» al mero descifrado. No obstante, lo que se aprecia y vende en tiempos de crisis de la lectura son cursos de 
«lectura rápida». También a la lectura le crecen adjetivos: lectura comprensiva, alfabetización funcional, etc. La lectura placentera, la que inspiran los poetas y los grandes escritores, la que genera felicidad (como reclamaba Borges), es la lectura pausada.

Tristemente, los pensadores perezosos y los lectores perezosos son a menudo producto del propio sistema educativo. El profesor espera la respuesta rápida, única, igual para todos. El que se toma su tiempo - para pensar, para responder, para leer, para escribir, para aprender - puede ser tildado de lento y hasta de torpe

Pensadores perezosos abundan. Escasean los pensadores activos, analíticos, que descubren y cultivan el placer de pensar, de reflexionar, de dudar. Y son los pensadores perezosos quienes terminan siendo pasto de la desinformación, del aprendizaje superficial y del no-aprendizaje.

Finlandia ha logrado avances importantes en el combate a la desinformación. Ocupa el primer lugar en el Índice de Alfabetización Mediática (capacidad de discernir entre noticias verdaderas y falsas) con un puntaje de 75, la calificación más alta (2022). En el centro de los esfuerzos está el sistema escolar. El pensamiento crítico y la alfabetización mediática son parte del plan de estudios. El pensamiento crítico se estudia y aplica en varias asignaturas.

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