Rosa María Torres
Octubre 17
Guerras calladas
Hoy es el día contra la pobreza.
La pobreza no estalla como las bombas, ni suena como los tiros.
De los pobres sabemos todo: en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan,
cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres.
¿Será porque su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?
- Eduardo Galeano, "Los hijos de los días", Siglo XXI Editores, 2012.
(Fotos tomadas de diversas fuentes en internet. Pertenecen a Argentina, Ecuador, México, Perú)
Si la oferta educativa es pobre, paupérrima es la que les toca a los pobres.
Los pobres: sectores de "bajos ingresos", estratos populares, áreas rurales, zonas urbano-marginales, grupos indígenas, "grupos vulnerables", "carenciados"...
Los contados y clasificados como
pobres o
indigentes a partir de insondables criterios y siempre renovadas metodologías, por organismos internacionales, gobiernos e institutos nacionales de estadística.
Los que se las arreglan - oficialmente, y en los "países en desarrollo" - para sobrevivir en familia con 1, 2 ó 3 dólares diarios. Los que se consideran afortunados si califican para recibir algún bono destinado a "aliviar la pobreza" de los más pobres.

Los ubicados abajo en los gráficos de ingreso, nutrición, salud, vivienda, alimentación, educación, acceso a la información y al internet.
Los ubicados arriba en los gráficos de analfabetismo, enfermedad, mortalidad, fecundidad, trabajo infantil, desempleo adulto, desesperanza.
Los que desconocen qué es la
evasión de impuestos y quedan excluidos, por
default, de los índices de corrupción.

Los que llenan las barras bajas de acceso, permanencia y completación en el sistema educativo, y las barras altas de bajo rendimiento, repetición, deserción y fracaso escolar.
Los que, desde pequeños, en campos y ciudades, aprenden a sortear toda clase de obstáculos para llegar a la escuela, a menudo caminando largos trechos.
Los que no pueden faltar a la escuela pues de ello depende que sus familias cobren los bonos de pobreza que permiten sobrevivir y "salir (estadísticamente hablando) de la pobreza". Las prestaciones monetarias condicionadas son una moderna modalidad de trabajo infantil.

Los que llegan a la escuela con hambre, sueño y cansancio. Los que comen poco y mal. Los que duermen poco y mal, hacinados, en el suelo o en camas atiborradas. Los que carecen de vivienda digna, agua potable, alcantarillado, energía eléctrica, teléfono.
Los que no tienen material de lectura en el hogar ni ven gente leyendo y escribiendo a su alrededor.
Los que cuidan a los hermanos menores, ayudan en las tareas domésticas y deben trabajar desde niños para contribuir al ingreso familiar. Los que no tienen tiempo para jugar. Los bajo sospecha por sus condiciones de "
educabilidad"...

Los
bilingües y
trilingües, pero en lenguas subordinadas que a nadie importa. Los con habilidades prácticas, útiles para la vida, pero cuyos saberes son ignorados y despreciados en el currículo escolar y en la evaluación.
Los analfabetos o con "educación incipiente", dados por ignorantes y eternamente tildados de "analfabetos funcionales". Los con padres y abuelos temerosos de la escuela e impotentes frente a la esclavitud de las tareas escolares.

Los con mal pronóstico escolar desde el primer día de clases. Los que no tienen voz ni padrinos para pelear por la calificación o el pase de año.
Los de la "
paradoja de las aspiraciones": se conforman con poco, agradecen lo que les dan, ignoran que la educación - incluida la
buena educación - es un derecho, y que el derecho a la educación implica el derecho al aprendizaje. Los que aspiran solo a la escuela gratuita que dé de comer y a un profesor que no falte y no maltrate.
Los que votan al candidato que ofrece computadoras y laboratorios, en localidades donde a menudo no hay luz eléctrica ni profesores capacitados para enseñar esas materias.

Los que asisten a las escuelas pobres, semivacías o desbordantes de alumnos, que carecen de todo, muchas veces hasta de pizarra, tiza, mesas y bancas. Las distantes, las con profesor o profesora orquesta, las sin agua potable o baterías higiénicas, las con artefactos electrónicos arrumados que nunca llegaron a usarse, las con menos días y horas efectivas de clase al año. Las con profesores recién estrenados y sin calificación, deseosos de huir y avanzar hacia un lugar mejor.
Los usuarios por excelencia del sistema educativo público o de la mala escuela privada, que cobra poco y ofrece poco. Los que se codean en clase con otros pobres como ellos, pues ricos y clases medias optan por el sistema privado y miran con desprecio a quienes van a la educación pública.

Muestran los estudios que los mismos profesores se comportan distinto en las escuelas a las que asisten los pobres y aquellas a las que van los de familias acomodadas.
Los estereotipos asociados a la pobreza no se abordan como tema esencial en la formación docente, ni se desmontan las bajas expectativas respecto de los alumnos y sus capacidades. Al alumno pobre, considerado "carente", se le da menos y se le exige menos.
Políticos y expertos, por su parte, ponen a sus hijos en la educación privada mientras ganan buenos salarios defendiendo la educación pública. Las propuestas se limitan a "reducir el fracaso escolar" antes que a asegurar el éxito escolar.
Y es que, en lo que hace a la educación, a los pobres les toca por todos lados: por la casa y por la escuela, por lo extra-escolar y por lo intra-escolar. A las condiciones socio-económicas desfavorables de la familia y la comunidad se agregan las malas condiciones de enseñanza y de aprendizaje en la escuela. Los pobres no solo tienen menos acceso a la educación escolar sino que la que reciben es la de peor calidad.

Las estadísticas deshumanizan los problemas: los números sustituyen a las personas, los promedios desfiguran la realidad educativa de los pobres, semioculta tras los indicadores de los más favorecidos, tras los diagnósticos y evaluaciones que terminan dejando todo en su lugar, sin afectar las condiciones estructurales que explican y reproducen la pobreza en sus múltiples dimensiones.

Un estudio pionero sobre pobreza y educación en América Latina, basado en bibliografía producida en la región entre 1983 y 1987 (J.E. García Huidobro y L. Zúñiga,
¿Qué pueden esperar los pobres de la educación?, CIDE, Santiago, 1990) indicaba que:
a) la relación entre educación y pobreza empezó a introducirse como tema en la región a partir de 1983;
b) aparecía mencionado de manera vaga y general;
c) quienes más lo mencionaban eran los organismos internacionales (la mitad de los 912 documentos analizados);
d) a nivel nacional, quienes más se ocupaban del problema eran los centros privados (dos tercios de los documentos de origen nacional);
e) el tema no era tema para estados y gobiernos, aunque era la educación pública la encargada de la educación de los pobres.
Muchas cosas han cambiado desde entonces. En la últimas décadas la pobreza se instaló como tema central en las políticas económicas y sociales. Del objetivo de "erradicar la pobreza" se pasó al de "reducir la pobreza" y finalmente al de "reducir (a la mitad) la pobreza extrema".
Al mismo tiempo, de "educación general básica para toda la población" se pasó a "educación primaria" y a "cuatro años de escolaridad" como meta mundial deseable y alcanzable para los pobres (Objetivos de Desarrollo del Milenio - ODM) para el año 2015.

La retórica educativa se llenó de
calidad y
equidad, pero poco se avanzó en los hechos. Cualquier cosa se da por "calidad"; la "equidad" se establece con parámetros de mínima.
Si nuestras sociedades se rigieran realmente por el sentido de la justicia y la igualdad, los pobres deberían ser los mejor atendidos, los servidos con los mejores profesores, instalaciones, equipos y materiales, los prioritarios en términos de condiciones básicas de aprendizaje (nutrición, salud, vivienda, bienestar familiar, calidad docente, acceso al mundo virttual, etc.). No solo porque los pobres están objetivamente en desventaja y en situación de vulnerabilidad permanente, y porque ya sabemos que la pobreza es un limitante de primer orden para el aprendizaje, sino porque - más allá de los cálculos y los indicadores oficiales - los pobres siguen siendo la mayoría de la población.
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