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Ecuador: 'Revolución educativa', Buen Vivir y Educación Popular

Recibo a menudo pedidos de información y de entrevistas por parte de personas e instituciones extranjeras interesadas en saber sobre la educación en el Ecuador y, más recientemente, sobre la 'revolución educativa' impulsada en el gobierno de Rafael Correa (2007-2017). Conociendo mi trayectoria en la Educación Popular y mi cercanía a Paulo Freire y a su obra, hay quienes me buscan para preguntarme sobre la vinculación de la 'revolución educativa' con la Educación Popular y con el pensamiento de Freire. También me preguntan sobre la aplicación del Buen Vivir (Sumak Kawsay) a la política educativa.

Muchos se sorprenden al saber que la 'revolución educativa' no estuvo emparentada con la Educación Popular ni tuvo como referente a Freire. 'Revolución ciudadana' hace pensar en empoderamiento de la sociedad y 'revolución educativa' hace pensar en una transformación mayor de la educación. La propaganda que acompañó al gobierno de Correa fue eficaz en instalar en el imaginario nacional e internacional una 'revolución ciudadana' y una 'revolución educativa' que no fueron tales.

El progresismo latinoamericano y mundial vio en Correa a un líder de izquierda, socialista, revolucionario, antimperialista. El mismo no se ve así. "La nueva izquierda a la que represento no es anti-nada: ni anti-capitalista ni anti-norteamericana ni anti-imperialista" le dijo Correa en 2010 a Hillary Clinton durante su visita al Ecuador. Correa no tiene militancia de izquierda. El movimiento Alianza País creado para terciar en las elecciones de 2006 fue la suma de numerosas organizaciones de todos los colores, desde la derecha hasta la izquierda. En 2008 Correa declaró su adscripción al "capitalismo popular" y más adelante (6 junio 2015) definió su proyecto en estos términos: "Queremos un capitalismo moderno, popular, no un capitalismo anacrónico". Boaventura de Souza Santos ha llamado a Correa "el gran modernizador del capitalismo ecuatoriano". El término "socialismo del siglo XXI" - adoptado por Hugo Chávez en Venezuela e incorporado inicialmente en el Ecuador - pasó a un segundo plano y fue cambiando de nombre.

Paulo Freire habló de diálogo, de pensamiento crítico, de recuperar la voz para el pueblo, de concientización, de educación liberadora, emancipadora, transformadora. La 'revolución educativa' ecuatoriana no habló de nada de eso. Sus banderas fueron la meritocracia, la competencia, la excelencia, el saber experto, la evaluación, las pruebas estandarizadas, los rankings, los Ph.D.s. Correa se propuso construir escuelas  - las Unidades Educativas del Milenio - que "no les pedirán favor a las escuelas privadas y a las de los países desarrollados". El gran empeño fue que los estudiantes mejoraran sus puntajes en las pruebas estandarizadas.

La educación comunitaria, inexistente en la nueva Constitución (2008) y en las nuevas leyes de la educación, fue menospreciada y perseguida; miles de escuelas comunitarias fueron cerradas durante la década, sobre todo en las zonas rurales, y fusionadas en las Unidades Educativas el Milenio, consideradas el nuevo modelo educativo en el Ecuador. El gobierno cerró también la Universidad Intercultural Amawtay Wasi, la única universidad indígena e intercultural existente en el país; la evaluación gubernamental que llevó al cierre de Amawtay Wasi se atuvo a los criterios occidentales convencionales acerca de lo que debe ser una universidad. En 2018, el gobierno de Lenin Moreno decidió reabrirla.

El objetivo no fue avanzar hacia una educación para el Sumak Kawsay o Buen Vivir, con proyecto nacional propio, sino avanzar hacia una educación que, en 2018, sería "una de las mejores del mundo", según los puntajes en pruebas internacionales. El Buen Vivir - armonía con uno mismo, con los demás y con la naturaleza -, adoptado en la Constitución como nuevo paradigma, alternativo al del desarrollo, no fue adoptado como marco orientador para la reforma educativa. El término está abundantemente mencionado en los planes nacionales de desarrollo y otros documentos gubernamentales pero no se tradujo en políticas y en acciones concretas ni fue incorporado al currículo escolar y a la formación docente. El concepto y la práctica de la interculturalidad en educación en el Ecuador permanecen asociados fundamentalmente al mundo indígena, no a toda la sociedad.

La Educación Popular (EP) en América Latina ha sido entendida mayoritariamente como educación de jóvenes y adultos y como educación no-formal. (La postura que entiende EP como una propuesta para todo el sistema educativo y para toda la educación, la cual incluye a Paulo Freire y a la que adscribo, es minoritaria dentro del campo). En todo caso, la 'revolución educativa' en el Ecuador se centró en el sistema educativo formal, desde la educación inicial hasta la superior. La educación de personas jóvenes y adultas (EPJA) ocupó un lugar marginal.

En el marco de la Educación Popular, lo popular designa no solo al sujeto de la educación sino sobre todo a la orientación y el contenido del proyecto educativo: un proyecto transformador de la conciencia y de la realidad económica y social. La 'revolución educativa' centró su noción de calidad en la infraestructura y el equipamiento, y en los resultados de las pruebas, sin atención a los fines y sentidos de la educación.

Educación Popular viene asociándose tradicionalmente a sociedad civil (movimientos sociales, organizaciones de base, ONGs) y a visiones y propuestas alternativas, contestarias. La pregunta de si es posible hacer EP desde el Estado ha estado siempre en el tapete. La 'revolución educativa' fue una reforma pensada y dirigida centralmente desde el Estado, con escasa participación social. La sociedad civil perdió peso y visibilidad durante la década. Se persiguió y cerró ONGs con posturas críticas. El gobierno entró rápidamente en conflicto con los movimientos sociales que le dieron apoyo al inicio, y optó por crear 'su' propia sociedad civil, sus propias organizaciones en paralelo (de indígenas, mujeres, campesinos, trabajadores, maestros, etc.). 

La Educación Popular promueve la participación, el desarrollo de un pensamiento y una conciencia crítica, el diálogo como herramienta pedagógica. La 'revolución ciudadana' y la 'revolución educativa' no impulsaron ni la participación ni el pensamiento crítico ni el diálogo. Se cultivó el pensamiento único, se inhibió el ejercicio de la crítica, se condenó y persiguió la discrepancia, se anuló el debate de ideas. En 2016 la encuesta del Latinobarómetro retrató al Ecuador como el país latinoamericano con mayor autocensura, con menor libertad percibida para expresar las propias opiniones y criticar. 

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