Enseñanza invisible

Rosa María Torres
Pawel Kuczynski

"Odio que me enseñen, pero me encanta aprender". Winston Churchill


Nada más anticipablemente aburrrido que algo que se presenta a sí mismo como educativo. Tal es la mala fama que se ha ganado la educación. Si algo viene etiquetado como educativo - programa educativo, televisión educativa, radio educativa, juego educativo, charla educativa - más que atraer, ahuyenta.

No obstante, mucho de lo que aprendemos a diario resulta de enseñanzas invisibles. Personas que enseñan - para bien y para mal - sin siquiera proponérselo o ser conscientes de ello. Enseñantes apostados detrás del telón, de la pizarra, de la pantalla, de una película, de una obra de teatro, de un cuadro, promoviendo aprendizajes
de múltiples maneras: dando ejemplo, motivando, inventando situaciones, plantando recursos, creando tiempo, abriendo espacios, derrumbando muros, facilitando encuentros e intercambios, animando lecturas y escrituras, estimulando la exploración, el propio descubrimiento, el interaprendizaje entre pares, el aprendizaje autónomo
Las enseñanzas invisibles son las más efectivas,
las que más impactan sobre los aprendizajes
El ejemplo

Desde tiempos inmemoriales se destaca el valor educativo del ejemplo. Hay quienes dicen que esa es, en verdad, la única manera de aprender.

Es un hecho: los actos enseñan más que las palabras. Si de esto tuvieran conciencia los enseñantes - padres, profesores, sacerdotes, políticos, agentes sociales y líderes de todo tipo - sermonearían menos y prestarían mucha más atención a sus modos de ser y de actuar.  


Quien no lee no puede formar lectores. El violento, el discriminador, el maltratador, jamás podrá educar a nadie en la no-violencia, la no-discriminación, el no-maltrato. Igual con el racista y el machista, No debería sorprender el fracaso de tantas campañas, programas y materiales destinados a "formar en valores", en sociedades que siguen haciendo gala de anti-valores. 

A ser honesto se aprende rodeado de gente honesta y de actos evidentes de honestidad. Así se aprenden, en realidad, todos los valores positivos y, lastimosamente, también los negativos. No hay currículo capaz de enseñar la solidaridad, la empatía, la colaboración. Se aprenden en la práctica, en el ejercicio de ser solidario, empático, colaborador y de ver a otros actuar de ese modo.
 

Definitivamente, ser es mucho mejor que sermonear, hacer es mil veces mejor que decir. Ser ejemplo de lo que se predica es la mejor manera de formar hijos, alumnos, ciudadanos.

El contexto

Estudios y evaluaciones muestran que el clima escolar es clave para el aprendizaje en el medio escolar. Los alumnos aprenden - aprenden mejor - cuando se sienten contentos, motivados, interesados, acogidos, estimulados, bien tratados. Lo mismo podríamos decir del clima familiar, del clima social, del clima político.

Un contexto violento - en el hogar, en la comunidad, en el sistema escolar, en la cultura política, en la sociedad - estimula comportamientos violentos. Donde hay respeto, diálogo, participación, se vive y se aprende a desarrollar esos valores y actitudes.


Un 'buen ambiente de aprendizaje' no se basa en el inmovilismo y el silencio. Al contrario: busca  adecuarse a las necesidades y características de quienes aprenden, es alegre, cómodo, flexible, alienta el movimiento, el intercambio, el juego, la risa.

Crear un clima favorable para aprender es tarea de los adultos. Enseñanza invisible.


El contacto con otros

Aprender es un fenómeno esencialmente social; aprendemos de y junto con otros. 


Aprender a convivir es uno de los pilares de la educación, un aprendizaje complejo - en gran medida informal - que se desarrolla a lo largo de la vida, desde la primera infancia y en toda la edad adulta.

Nada mejor que grupos heterogéneos para aprender a respetar y valorar lo diverso. Nada mejor que el contacto con otras culturas para desarrollar el sentido de la interculturalidad. Nada mejor para aprender un idioma que la inmersión entre quienes lo hablan como propio.

El servicio a los demás

Ayudar a otros es, en primer lugar, ayudarse a uno mismo. Sentirse socialmente útil es fuente de realización personal y una de las claves de la felicidad.

Niños y jóvenes expuestos a otras realidades sociales y a la posibilidad del servicio, se desarrollan como personas más completas y más complejas, más sensibles y creativas. El aislamientro social, la torre de cristal, producen personas menos felices y menos aptas para la vida.

El Aprendizaje-Servicio permite matar varios pájaros de un tiro: aprendemos mientras prestamos un servicio a los demás y crecemos como ciudadanos. ¿Qué puede haber más efectivo y gratificante?


La naturaleza

La naturaleza es fuente inagotable de aprendizajes. Piense en un amanecer, un río, el mar, un árbol, una flor, un nido, una fila de hormigas...

No hay mejor juguete para un niño que agua y arena. En la escuela del profesor Toshuro Kanamori, en el Japón, que cultiva una pedagogía para la empatía y la felicidad, chapotear y revolcarse en lodo es el gran premio al entusiamso y el esfuerzo de los alumnos. Trepar a un árbol ha sido y sigue siendo máxima aventura para generaciones de niños.


Un pedazo de verde, un jardín, un huerto, una planta, no deberían faltar en un lugar destinado a la enseñanza.

Un animalito, una mascota, cambia la vida de las personas. No son solo compañía y afecto, sino indispensables enseñantes invisibles.
 


El arte

El aprendizaje a través del arte es una de las pedagogías más potentes y creativas. Los artistas enseñan con sus creaciones, a menudo sin siquiera proponerse enseñar e incluso sin estar presentes.

Una película, un documental, un video, un dibujo, una pintura, una exposición, un concierto, una obra de teatro o de títeres deberían ser parte de la educación y de los entornos de aprendizaje de toda persona.

Los mejores sistemas escolares del mundo saben del valor de la música, de aprender a tocar un instrumento, de crear una orquesta, de organizar un coro, de ponerle música a las aulas, a la biblioteca, al recreo.

Excursiones y viajes


Viajar es una manera sumamente estimulante y placentera de aprender. Una experiencia de aprendizaje insustituible, imposible de encontrar en los currículos escolares, los libros o internet.


Romper con el encierro - el del hogar, el de la escuela, el del trabajo - es de por sí formativo.


No se trata solo de grandes viajes. Es enorme el valor educativo de una caminata por el barrio o la comunidad, una excursión al campo o la ciudad, la visita a una fábrica o un museo.

Ir en bicicleta o caminar a la escuela en grupo, en compañía de tutores, son un excelente sustituto al transporte escolar o familiar. Muchos países, programas y escuelas los alientan y organizan como parte de la jornada escolar y como parte de la experiencia educativa. 

Las pasantías - a otros países, a otros lugares dentro del país, a otras escuelas - son herramientas insustituibles de desarollo profesional docente.

La propia exploración y el descubrimiento 

Aprender a aprender es el secreto de una buena educación y del aprendizaje a lo largo de la vida.
 

Sabemos que la curiosidad y la motivación son motores del aprendizaje. Que el aprendizaje autónomo es fuente de placer y de conocimiento sin fin. Que el descubrimiento y la propia exploración son las vías más seguras para lograr aprendices genuinos y profundos.

El experimento "Agujero en la pared" (1999) del indio Sugata Mitra se propuso mostrar lo que puede lograrse "abandonando" una computadora para que los niños la exploren y aprendan solos, sin adultos interviniendo directamente en la enseñanza. Resultó que los niños se autorganizan entre ellos y "se enseñan a sí mismos", a partir de adultos cuyo rol es diseñar el experimento, poner allí la computadora, observar e investigar el proceso. A partir de ese experimento se desarrolló
la "Escuela en la Nube" https://www.theschoolinthecloud.org/ , una plataforma en línea que promueve Entornos de Aprendizaje Auto-Organizado (EAAO) - "entornos caóticos deliberados y con sentido" - en los que los niños trabajan solos en torno a una pregunta, con tutores a distancia (Grannies, abuelitas) que interactúan a través de Skype. Educación mínimamente invasiva llama Mitra a este tipo de intervención.
 
Probemos a abandonar muchas otras cosas: libros, cuadernos, lápices, mapas, cubos, latas, letras, números, caleidoscopios, lupas, calendarios ... Si es grande la alegría de encontrar una moneda tirada en el suelo, ni hablar de lo que se experimenta al encontrar un libro. Un libro sabiamente abandonado - parques, veredas, buzones, paradas de buses, macetas, árboles, bancos, mesas - puede tener mucho mejor suerte que aquel que espera parado en una biblioteca. De hecho, existen varias iniciativas nacionales e internacionales con esa idea; por ejemplo, Libera Tu Libro, el Club de los Libros Abandonados, parte de http://www.bookcrossing.com/ Pero no tiene por qué ser algo estructurado. Cualquiera puede hacerlo, a partir de sus propias ideas.

En fin: si lo que le interesa es ayudar a que otros aprendan, practique más la enseñanza invisible. Achíquese. Desaparezca. Aprenda a actuar tras bastidores. Deje que sus actos hablen más que sus palabras. Juéguese a la curiosidad, el autodescubrimiento, la sorpresa, la aventura, el interaprendizaje, el aprendizaje autónomo, placentero y sin prisa. 


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