Mutantes, previsibles, herederos y perdedores


Rosa María Torres

Dedicado a mi mamá


Abundantes investigaciones y evaluaciones en todo el mundo vienen mostrando, sistemáticamente y desde hace mucho, la importancia decisiva de los factores socioculturales y familiares en el desempeño escolar de los alumnos y, en ese contexto, la importancia específica de las madres. Muchas investigaciones vienen mostrando asimismo que el sistema escolar, antes que ayudar a superar las diferencias de partida entre los alumnos que vienen de ambientes pobres y los que vienen de ambientes ricos (recursos, estímulos, oportunidades), contribuye a consolidar dichas diferencias.

Cruzando condiciones socioculturales y rendimiento escolar, un estudio pionero y ya clásico realizado en Uruguay a inicios de los 1990s (Germán Rama, ¿Qué aprenden y quiénes aprenden en las escuelas de Uruguay? Los contextos sociales e institucionales de éxitos y fracasos, CEPAL, Montevideo, 1992) estableció cuatro categorías de alumnos:

Mutantes  Alumnos que, viniendo de un ambiente cultural pobre, logran superar dicho ambiente y destacan en el estudio. El término "mutante" no remite aquí a la Biología o a la Genética sino al gran salto intergeneracional que logran estos alumnos respecto de su origen familiar y social, entre otros gracias a una buena experiencia escolar.

Previsibles  Alumnos que, proviniendo de un ambiente cultural pobre, no logran superar dicho ambiente y obtienen pobres logros académicos. En este caso, el sistema escolar reproduce, sin lograr superarla, la condición desfavorable de partida.

Herederos  Alumnos que, proviniendo de familias con recursos y altos niveles educacionales, logran altos rendimientos académicos. En este caso, el sistema escolar consigue aprovechar y sostener una "herencia" cultural favorable.

Perdedores  Alumnos que, pese a provenir de un ambiente social y familiar culturalmente elevado, tienen un rendimiento académico pobre. Es decir, "pierden" la ventaja de partida, a la vez que el sistema escolar "pierde" el potencial cultural que estos alumnos serían capaces de desarrollar.

Varias conclusiones interesantes se derivaron de este estudio. Destacamos aquí dos:

1. La madre tiene un papel clave en el logro escolar de los hijos. Al analizar quiénes son y cómo se comportan las madres de los mutantes, vemos que no importa solamente su nivel educativo o el apoyo directo, por ejemplo, con las tareas escolares (madres analfabetas o con baja escolaridad valoran y tienen muy clara la importancia del estudio), sino también su temple y actitudes. Madres firmes, fuertes, empeñosas, perseverantes, con grandes expectativas respecto del futuro de sus hijos y con enorme confianza en sus capacidades.

2. La desventaja sociocultural de partida no es determinante, es una condición que puede superarse, si en ello confluyen el esfuerzo del alumno, el apoyo de la madre (y de la familia en general) y una institución escolar comprometida con la autoestima y el éxito escolar de los alumnos.

Así pues, y ateniéndonos a la nomenclatura adoptada en este estudio, podríamos concluir que la buena escuela y el buen sistema escolar son aquellos capaces de multiplicar mutantes y herederos, y reducir al mínimo previsibles y perdedores



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