Monólogo


Rosa María Torres

(Text in English: A Teacher's Monologue)

Si yo enseño y me dicen que no tengo madera para la enseñanza, ¿a quién hay que pedir explicaciones: a mí o a quienes me admitieron y me vieron emprender una carrera y un oficio para el cual no tenía las habilidades y las disposiciones necesarias?.

Si yo enseño y me gusta enseñar, pero me dicen que no hago bien mi tarea, ¿quién es el principal responsable: yo o las instituciones que, con nombres, firmas y sellos acreditaron mis estudios y me facilitaron un título que certifica mi aptitud para la enseñanza?

Si yo enseño y me dicen que lo que enseño tiene  décadas de atraso, que no estoy al día con los avances del conocimiento y la tecnología ¿quiénes son los obsoletos: yo o quienes me enseñaron y me enseñan; quienes me ofrecen cursos de capacitación en pastilla; quienes me bajan todo el tiempo instrucciones; quienes deciden tiempos, espacios, contenidos, métodos, muchas veces sin saber de pedagogía y sin conocer una escuela de verdad?.

Si yo enseño y me dicen que lo que enseño no tiene relevancia ni utilidad para los que aprenden, ¿quién debe ser impugnado: yo o quienes diseñan currículos y materiales que me limito a seguir al pie de la letra para cumplir con lo establecido, lo normado, lo supervisado, lo oficialmente valorado y evaluado?.

Si yo enseño y me dicen que los que deben aprender no están aprendiendo o que los resultados dejan mucho que desear, ¿soy yo la única persona responsable, o lo son también quienes toman decisiones en la cúpula, los que incumplen con el derecho de las familias al trabajo, a la educación de todos sus miembros, a un ingreso y a una vida digna que asegure a niños y jóvenes no solo acceso a la escuela sino condiciones básicas para aprender?.

Si yo, en fin, enseño cada día, año con año, y siguen diciéndome que son insuficientes mi formación, mi capacitación, mi vocación, mi motivación, mi dedicación, ¿dónde radica el problema: en mí o en quienes continúan reproduciendo la mala escuela y la mala formación docente de las que provengo; en quienes decidieron - hace ya tiempo - que enseñar es oficio para pobres, para gente sin aspiraciones, cada vez más expuesta a la vigilancia y a la crítica social, a la pobreza y a la violencia, con estatus y salarios devaluados que limitan la vida cultural y la exploración tecnológica, y minan las energías para resucitar, cada día, una mística y unos valores que la sociedad y los políticos demandan a los maestros y a la escuela pero que ellos mismos no ponen en práctica?.

Es preciso, señores, que empiecen a apuntar las balas contra sí mismos y en múltiples direcciones. Más que parte del problema, yo soy parte de la solución.

* Publicado originalmente, en inglés, en: Education News, No. 10, UNICEF Education Cluster, New York, Nov. 2004. También publicado en: Revista de la Internacional de la Educación, Vol. 2, N° 2-3. Bruselas: Internacional de la Educación, 1996. Revisado en 2011.

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