El currículo propone y el profesor dispone


Una cosa es lo que proponen planes y programas de estudio, y otra lo que los estudiantes aprenden en el aula de clase. La distancia entre lo uno y lo otro es la distancia que separa al currículo propuesto (lo que se programa y se espera que enseñen los profesores y aprendan los alumnos) del currículo efectivo (lo que realmente se enseña). Son, por último, los docentes quienes - incluso dentro de los encuadres y límites que generalmente impone un currículo - terminan decidiendo qué y cómo se enseña, pues la enseñanza no es oficio mecánico sino, por el contrario, oficio que exige criterio propio, flexibilidad, creatividad. 

Los mismos planes y programas de estudio pueden ser interpreta­dos y manejados de maneras muy diversas. El mejor currículo propuesto puede ser distorsionado y hasta anulado en la práctica pedagógica de un mal educador. Y al revés: el peor currículo propuesto puede ser convertido en una oportunidad de enseñanza y aprendizaje relevante, si de por medio está un buen educador.

El currículo propuesto (también llamado currículo normativo, programado, escrito) es diseñado - supuestamente - por curriculistas, especia­listas, técnicos, expertos en las distintas áreas de estudio. El currículo efectivo (también llamado currículo real o en acción) es el que se plasma en la relación pedagógica, ya sea en presencia o a distancia. Es el currículo efectivo, en definitiva, el que importa; es aquí donde se juega la calidad de la educación, de la enseñanza y de los aprendizajes, donde se mide - o debería medirse - la validez o no de una propuesta de reforma educativa.

Precisamente, muchas reformas escolares fracasan porque quedan en letra muerta, en documentos y currículos propuestos, que no llegan a traducirse en currículos efectivos. Tanto que muchos (entre otros, el Banco Mundial) han propuesto abandonar las reformas curriculares y concentrar los esfuerzos en los factores que inciden directamente sobre la enseñanza en el aula. Dentro de esta perspecti­va, se ha venido asignando a los libros de texto una importan­cia central, viéndolos como los portadores del currículo propuesto. El mismo Banco Mundial llegó a recomendar expresamente a los "países en desarrollo" invertir esfuerzos en mejorar los textos escolares antes que en modificar planes y programas de estudio. Así fue cómo la década de los 1990s pasó a convertirse, para las reformas escolares, en la década de los libros de texto. Hoy, planteamientos similares surgen en torno a las tecnologías y especialmente en torno a Internet, considerado por algunos como el nuevo gran proveedor de información, sustituto del libro de texto, del diccionario, de la enciclopedia, y hasta del propio educador y del sistema escolar como lo conocemos.

Sea cual sea la tecnología educativa a mano, es un error plantear como disyuntiva currículo propuesto versus currículo efectivo: ambos están interrelacionados y ambos requieren cambios mayores para ajustarse mejor a las nuevas épocas, a los espectaculares desarrollos del conocimiento y las tecnologías, a los nuevos problemas y posibilidades del mundo contemporáneo. Si muchas reformas curriculares han fraca­sado es justamente por creer que la "reforma curricular" es un documento, que basta con modificar planes y programas de estudio y ofrecer una mínima capacitación para que los profesores perfeccionen o modifiquen sus prácticas. Después de mucha experiencia fallida, mucha frustración y mucho dinero desperdiciado, sabemos que toda propuesta de reforma educativa - más si planteada en el ámbito curricular y pedagógico - debe acompañarse de un esfuerzo grande de información y comunicación social, y de un esfuerzo sistemático de trabajo con los maestros, antes, durante y de manera permanente.

Por otra parte, es un error pensar los textos escolares (o la computadora y el Internet, para el caso) como si fuesen ellos el currículo efectivo. También el texto escolar o la computadora inutilizados o mal utilizados, pueden ser letra muerta. Es en buena medida gracias a la intervención y mediación organizadora e inteligente de un docente que el texto escolar pasa a convertirse en instrumento de enseñanza y aprendizaje. De poco sirve un buen texto sin un buen educador, un educador que lo comprenda, lo domine, lo domestique, lo ponga a su servicio (y no a la inversa, como tantas veces sucede), lo sepa utilizar de manera oportuna, creativa y fle­xible, lo pueda modificar para adecuarlo a cada circunstancia, lo sepa complementar, enriquecer y mejorar con su propio conocimiento y experiencia. Otro tanto cabría decir de las tecnologías digitales y del Internet.

No nos cansamos de repetirlo y cada nuevo estudio lo confirma: el elemento fundamental que define el qué y el cómo se enseña han sido y siguen siendo los docentes. Ellos son quienes, todos los días, seleccionan qué leer y cómo, definen los énfasis, eligen los ejemplos, manejan los tiempos, adoptan determinados métodos y estrategias de enseñanza, asignan tareas, elaboran pruebas, evalúan, califican, juzgan, premian o sancionan valores, actitudes y rendimientos de los alumnos.

Sobredimensionar los poderes del libro de texto o de otras tecnologías educativas como pilar de la enseñanza y del aprendizaje, es un atajo equivocado. Si alguien quisiera tener realmente en cuenta lo que se deriva una y otra vez de estudios y evaluaciones, es que la vía más directa y segura de incidir sobre el currículo efectivo es incidir sobre la selección, la movitación, la formación continua y las condiciones del trabajo docente. Pero esas siguen siendo, justamente, ¡las que suelen ignorarse o dejarse para el final!


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3 comentarios:

Pedro Boza Viteri dijo...

El contenido de esta entrada es una verdad de un tamaño inmensurable. Los y las maestros(as) tienen la última palabra en la actividad docente y por lo tanto es allí donde se debe poner mucho énfasis para operativizar un currículo propuesto.
Se vienen haciendo tantos ensayos sobre reformas curriculares y nada funciona porque todo queda en currículo propuesto, normativo, programado, escrito o pensado, como dicen otros. El currículo efectivo o vivido, como dicen otros, va muy distante del anterior. Sobre todo, cuando la docencia es de corte tradicional y poco o nada se hace por su actualización y mejoramiento profesional con seriedad y responsabilidad, y, sobre todo, como usted dice, de manera constante, permanente, no de un momento.

Alejandro Tisone dijo...

Excelente Post, totalmente de acuerdo, nada más cercano a la realidad. Felicitaciones desde Argentina.

Zoila Merino Acosta dijo...

Lo que dice el articulo es verdad, muchas veces solo nos limitados a cumplir el curriculo propuesto, a toda costa porque asi lo dice la programación que se tiene, pero en realidad lo que se logra es un curriculo efectivo, que difiere del propuesto, porque no es lo mismo lo que se planifica, con la realidad, porque no solo depende del maestro sino de los estudiantes, y de la forma en que van adquiriendo su conocimiento, y que muchas veces en ciertos temas es un poco mas demorado que en otros.

Debemos de dar mas enfasis al curriculo efectivo, que es el que dia a dia con el que trabajamos, y que nuestros estudiantes adquieren su conocimiento.

El articulo es interesante y aborda una tematica de interes en el ambito educacional...

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