El amor es parte de la calidad de la educación


Rosa María Torres

"Educación con calidad y calidez" se ha convertido en un cliché que se repite sin pensar.  Sin pensar, pues el amor no es un agregado sino parte consustancial de la calidad de la educación. El hecho de que no pueda cuantificarse ni medirse no lo invisibiliza ni lo hace menos importante.

Décadas de leer, escribir y debatir sobre qué es calidad en educación, y seguimos dando vueltas en círculos. Montañas de papel sobre el tema, larguísimos e inútiles listados de indicadores, y cada quien sigue manejando calidad como se le antoja. Tal vez su función más importante, a lo largo de todos estos años, ha sido servir de comodín para lograr fáciles consensos en declaraciones nacionales e internacionales, y fáciles adhesiones de un electorado generalmente poco informado y poco interesado en analizar los temas de la educación.

Una cosa está instalada en las esferas tecnocráticas: la calidad - sea lo que sea, defínase como se defina - debe medirse. Y no se ha encontrado mejor manera de hacerlo que con pruebas, tanto para alumnos como para docentes, las cuales producen puntajes y estos, a su vez, ránkings. Poco importa el proceso; importan los resultados. No interesa indagar qué revelan los puntajes; solo interesa que sean altos. Aunque obtener buenas notas y aprobar no sean equivalentes a aprender.

Además de los resultados de las pruebas, viene asumiéndose - erróneamente - que la calidad  está en las cosas, que está garantizada si hay alta inversión en educación, infraestructura moderna, mobiliario, distribución y eventual uso de tecnologías, evaluación, enseñanza de una segunda o tercera lengua (mejor si una de ellas es inglés), etc.

En verdad, no obstante, como reiteran hasta el hartazgo investigaciones y evaluaciones, la pieza fundamental de la calidad de la educación en el sistema escolar - desde la educación inicial hasta el fin de la superior - son y siguen siendo los docentes. Nada sustituye a un buen docente. Las citas alusivas abundan.

Pero, ¿qué es un buen docente? Muchos dan por "buen docente" al que logra que sus alumnos obtengan buenas calificaciones. Punto. Otros consideramos que el "buen docente" se juega y revela en muchos planos: disfruta enseñando; enseña a pensar, y a pensar autónoma y críticamente; alienta, trata bien, genera confianza y autoconfianza; deposita altas expectativas en sus alumnos; les ayuda a descubrir sus talentos; se empeña en que nadie se quede atrás; fomenta la cooperación antes que la competencia; enseña valores a través del propio ejemplo más que a través de un currículum formal. Buen docente, en definitiva, es aquel que concibe la enseñanza no como "llenar un vaso" sino como "encender un fuego", parafraseando la conocida cita de Aristóleles.

Vista así, en la calidad de la educación y en la calidad docente, el amor juega un papel fundamental.

El amor no se deja medir. Ni la empatía ni la dedicación ni las expectativas ni la seguridad contagiosa de que aprender vale la pena y de que todos podemos aprender. Y, como ya se sabe, hoy en día en educación todo lo que no se puede medir parece irrelevante y es colocado a un costado.

Lo dicho. No existe "educación con calidad y calidez". Por la simple razón de que sin calidez no hay calidad posible.

Textos relacionados en este blog:

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...