Escuelas para madres de tiempo completo


Rosa María Torres

Sabemos que el sistema escolar está desactualizado en muchos aspectos. Nos referirnos aquí a uno solo: la escue­la sigue contando con madres amas de casa, dedicadas a tiempo completo a sus hijos y habilitadas - a menudo desde el simple amor de madres - para servir de auxiliares de la escuela.

El mundo cambió mucho en las últimas décadas,  y muy especialmente para las mujeres. Pobres y acomodadas, de todas las edades, con poca o con mucha educacion formal, millones de mujeres salimos a trabajar fuera del hogar. La mayoría sin abandonar por ello el trabajo doméstico, el invisibile, el más pesado de todos, el poco valorado y no remunerado. Muchas mujeres se graduaron en estos años de "jefas de familia", madres solteras, abandonadas, divorciadas, o emparejadas pero forzadas a mantener ellas a consortes desempleados. Mujeres con doble y triple jornada de trabajo que - igual o más que los hombres - llegan cansadas al hogar, les falta tiempo libre y les sobra problemas y responsabilidades. Agréguele al cuadro datos alarmantes de pobreza, violencia doméstica y bajos niveles educativos, que afectan principalmente a las mujeres y que padecen millones de mujeres en todo el mundo.

Y, sin embargo, el sistema escolar sigue anclado en la familia ideal y la madre clasemediera, educada y disponible, que sigue alimentando el ideario escolar, los programas de estudio, los deberes en casa, los materiales de enseñanza, las pruebas, las reuniones de padres de familia. Varias veces, siendo madre de hijos escolares, reclamé por formula­rios que  seguían registrando el rubro "dirección del trabajo" únicamente para los padres, y reservando para las madres el de "dirección del domicilio".

¿Cuántas veces le han convocado a usted, señora madre de familia, a reuniones escolares o entrevistas con profesores, a media ma­ñana o a media tarde?. ¿Cuántas veces le ha tocado llegar al fin del día y encontrarse con el pedido urgente de conseguir, para el día siguiente, ese artefacto inaccesi­ble que su hijo o hija nece­sita para la clase de mañana, o los dos me­tros de tela verde a cuadritos que deberá llevar para la clase de actividades prácticas?.

El director o directora asume que usted es desocupada y está dispuesta a cualquier hora. La maestra cuen­ta con que usted tiene tiempo para dedicarse a reco­rrer almacenes, librerías, papelerías, bibliotecas, fábricas, aserraderos, mecá­nicas, en búsqueda de los mil y un objetos que se le ocurren al sistema escolar para enseñar a sus hijos.

La cultura de los deberes supone, por lo general, madres de tiempo com­pleto. ¿No le resulta familiar la queja de "no entiendo la tarea"? ¿Cuántas veces le ha tocado llegar a su casa y encontrarse con que la estaban esperan­do para explicar esas palabras que no se entienden, ayudar a dibujar ese mapa que no se puede copiar de ningún lado, ir a buscar  los apuntes a la casa del amiguito, o salir a buscar un café internet para la tarea que debe hacerse, modernamente, en esa computadora que no existe en casa?.

La situación se agrava cuando la mujer asume sola el papel escolar, ya porque no hay padre a mano, ya porque el que hay se desentiende de estos menesteres. "La vida escolar de los hijos", por defini­ción, ha sido vista tradicionalmente como tarea femenina, reino y responsabilidad de las madres. Y así continúa siendo, en buena medida. Sólo por curiosidad, cuente, en la pró­xima reunión de padres de familia, cuántas mujeres y cuántos hombres hay...

La escuela condena y penaliza a las madres que no son de tiempo completo. La que no lo es, vive apesadumbrada y hasta culpabili­zada. Cuando llegan las calificaciones, se pregunta cuánto mejores podrían haber sido si ella estuviese disponible y debidamente equipada para apo­yar a los hijos en las tareas, estudiar con ellos los exámenes, explicar lo que no se comprendió en clase.

Cierto que a la familia le toca acompañar, apoyar, esti­mular y complementar la labor de la escuela, con los recursos - afectivos, materiales, de conocimiento, de tiempo - que cada familia puede poner a disposición. Cierto también que no sólo las madres sino también los padres deben asumir, con­juntamente, esta responsabilidad. Pero no menos cierta la cirugía mayor que debe hacer puertas adentro el sistema escolar, descartando de una vez por todas a la madre a tiempo completo y al servicio de la escuela.

Textos relacionados: 
Rosa María Torres, El tormento de los deberes

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