La trilogía alumna-maestra-madre


Rosa María Torres



Jo Pryor - mujeres



 
En 2003, siendo ministra de educación y culturas del Ecuador, escribí y circulé 84 Comunicados en el interior del ministerio. (Ver Gestión MEC). El siguiente ministro eliminó todo el archivo de mi gestión de la página web del Ministerio, que inauguré.

En este Comunicado 14 compartí mi exposición en CIESPAL en el acto por el Día de la Mujer
organizado por el PNUD. En el acto participamos las tres ministras de Pachakutik: Nina Pacari, de Relaciones Exteriores, Doris Solís, de Turismo, y yo. Cada una de nosotras presentó lineamientos de género que proponía impulsar desde su cartera.


Cuando se habla de “disparidad de género” en educación, saltan típicamente dos cifras: cuántas niñas están en la escuela (tasa de matrícula escolar de las niñas, por comparación con la de los niños) y cuántas mujeres no saben leer ni escribir (tasa de analfabetismo femenino adulto, por comparación con la de los hombres).

La calidad de la enseñanza que se ofrece a niñas y a mujeres - condiciones apropiadas (infraestructura, horarios, distancia del hogar, etc.), un currículo no sexista, trato igualitario respecto de niños y hombres, altas expectativas por parte de los docentes, etc.- no entra por lo general en las consideraciones.

Sigue asimismo sin preguntarse qué pasa una vez que esas niñas y mujeres se alfabetizan o escolarizan, si y cómo cambia su vida en el hogar, su condición de esposas y de madres, sus oportunidades de trabajo, sus posibilidades de realización personal.

Una tercera mujer suele quedar oculta tras las alumnas-niñas y las alumnas-mujeres que registran las estadísticas: la maestra, también mujer y también discriminada, en su doble condición de maestra y de mujer.


Muchos optan por enfrentar la disparidad de géneros en educación por el lado de las niñas y la matrícula escolar. En las últimas dos décadas, agencias internacionales como UNESCO, UNICEF y el Banco Mundial redoblaron sus empeños en este sentido: priorización de la niña, más recursos financieros, realización de estudios, revisión de instrumentos legales, campañas de sensibilización, información y comunicación social, diálogo con gobiernos a fin de poner a la niña como alta prioridad en la agenda educativa. Las madres y las maestras no suelen incluirse en el paquete de políticas y estrategias destinadas a mejorar la situación de las niñas.

Otros, incluidos los movimientos feministas, se han volcado sobre todo al trabajo con mujeres adultas: amas de casa, esposas, campesinas, trabajadoras en general. Por lo general, los programas dirigidos a la educación de las mujeres desestiman el hecho de que esas mujeres tienen, a su vez, hijas que van (o no) a la escuela, niñas y jóvenes requeridas, como sus madres, de una educación emancipadora, reafirmadora de sus derechos como personas y como ciudadanas. También aquí suele pasar desapercibida esa otra mujer, mediadora escolar entre la niña y la madre, cuyos valores y conocimientos pueden llegar a ser definitorios sobre una y otra: la maestra.

Muchos otros, empeñados también en combatir la discriminación de la mujer en y a través de la educación, apuestan a la formación docente y al trabajo con las maestras, asumiendo ésta como la vía más segura para combatir el sexismo en la escuela, en las relaciones y prácticas en las aulas. Estos esfuerzos, a su vez, generalmente aíslan a la mujer-maestra de la mujer-alumna y de la mujer-madre de familia, alumnas y madres con quienes esas maestras entran diariamente en contacto, y entre quienes a menudo encuentran muros y frenos, pero pueden encontrar también colaboradoras y aliadas para la causa femenina.

En la intersección del tema educación y del tema mujer se encuentran niñas y mujeres. Enfrentar eficazmente la cuestión de género vinculada a la educación escolar pasa por estas tres mujeres: la alumna, la maestra, y la madre de familia. Esto es especialmente cierto e importante en América Latina, donde reina el machismo, en sus formas más sutiles y más violentas; donde la mayoría de docentes de nivel pre-primario y primario - años críticos de la formación de toda persona - son mujeres; donde es grande y aumenta el número de mujeres cabeza de hogar y cabeza de familia; y donde las niñas constituyen la mitad o más de la población escolar.

Para resquebrajar la histórica subordinación de la mujer no basta que las niñas accedan a la escuela, a cualquier escuela, ni que completen cuatro o cinco años de primaria (Objetivos de Desarrollo del Milenio). No se trata solo de cantidades comparadas con las de los hombres, de estadísticas de escolaridad, de cantidad de mujeres en la política, en puestos de dirección o en la actividad económica, como usualmente conciben y miden los Indices de Equidad o de Igualdad de Género los organismos internacionales. Se trata también y sobre todo de calidades: calidad de las relaciones, de los contenidos, de las expectativas, de la pedagogía, de los aprendizajes, del trabajo, del trato en el ámbio doméstico y en el público, de la participación política.

La escuela tradicional reproduce la subordinación social de la niña-futura-mujer, la prepara para ser "buena alumna" y "buena ama de casa" a continuación. Es preciso luchar no sólo por el acceso femenino a la educación sino por una educación que lleve a la práctica y enseñe, a niñas y niños, valores y actitudes no-sexistas, igualitarios, democráticos, tanto en el aparato escolar como en el hogar, en los medios de comunicación, en la vida pública. Y esto requiere docentes y padres capaces de encarnar esos valores y actitudes, maestras y madres a su vez en proceso de aprendizaje y crecimiento como mujeres.

Afirma el Banco Mundial que "una niña que termina el quinto grado tiene más probabilidades de: casarse a una edad más tardía, tener menos hijos, no infectarse con VIH/SIDA, encontrar empleo en el futuro, buscar atención médica, votar en su comunidad, tener acceso a crédito" (World Bank, Girls' Education).

Lo cierto es que cinco años de mala escuela no logran siquiera una alfabetización elemental, como lo revelan consistentemente estudios y evaluaciones en todo el mundo, más aún si a la mala escuela se le agregan situaciones de pobreza y discriminación.

Las niñas son personas que nacen y viven en familias, que necesitan de otros para aprender y desarrollarse. Solo políticas e intervenciones que asuman integralmente la trilogía alumna-maestra-madre tienen condiciones para romper el círculo vicioso intergeneracional y el también vicioso divorcio entre familia y escuela, entre madres y maestras.


* Una versión anterior de este artículo fue publicada en: Fempress, N° 187, Santiago, 1997.

Para saber más
» CEPAL, Observatorio de Igualdad de Género
» PNUD, Indice de Desigualdad de Género (IDG) 
» Social Watch, Indice de Equidad de Género (IEG)» The UNESCO World Atlas of Gender Equality in Education
» SITEAL: Perfil de los docentes en América Latina
» United Nations Girls' Education Initiative (UNGEI)
» Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer / Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination Against Women
» ONU Mujeres 
» Global Campaign for Education: Report on Gender Discrimination in Education (2012)
» Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE): Género y Educación
» The World Bank: Girls' Education
» The World Bank: Gender Statistics
» The World Bank, 2012 World Development Report on Gender Equality and Development 
» Ignacio Bosque-RAE, Informe: Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer  - El País
» La mujer latinoamericana, la más poderosa y la más maltratada - El País (Día Internacional de la Mujer)

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