Formar docentes para despertar el niño interior


Tiching
"El hombre que ha perdido la capacidad de maravillarse es como un hombre muerto": Albert Einstein

“Un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido”:
Ursula K. Le Guin

El 'niño interior' - ese niño o niña que todos los adultos llevamos dentro - permanece generalmente agazapado tras años de acoso familiar, escolar y social.

Niños y niñas pequeños son científicos en potencia: curiosos, observadores, preguntones, exploradores, investigadores. Todo niño y niña pregunta por qué, la pregunta más profunda y compleja de todas. Pero en vez de fascinar, su curiosidad y sus preguntas muchas veces molestan en la familia y en la escuela. Los niños que preguntan son considerados impertinentes. Los niños inquietos son un dolor de cabeza. Es así como, poco a poco, los niños terminan renunciando a ser curiosos y a preguntar.

Niños y niñas pequeños tienen madera de artistas. Dibujan, pintan, bailan, cantan, actúan, crean y construyen sin cesar. Dibujan sin que nadie les enseñe a hacerlo. Dibujan cualquier cosa, sin miedo y sin vergüenza. Hasta que un día dejan de dibujar. Lo que fue una inclinación espontánea pasa a verse como algo que requiere condiciones, talentos y aprendizajes especiales. Sobrevienen la vergüenza y el sentido del ridículo. La crítica de los adultos, o simplemente su pérdida de aprecio por los dibujos infantiles, hacen lo suyo.

Niños y niñas pequeños disfrutan el contacto con la naturaleza, con las plantas, con los animales, con el agua, con la tierra, con la lluvia. Todo niño es feliz jugando al aire libre, ensuciándose, chapoteando, mojándose. Entretanto, la mirada adulta vigila que no salga, que no toque, que no se ensucie, que no se moje. La escuela clausura el juego y el movimiento, alienta el puertas adentro y el encierro, y puede perfectamente prescindir de la naturaleza. 

Es así como, según confirman las investigaciones, la curiosidad, la espontaneidad y la naturalidad van perdiéndose con los años, al igual que la capacidad de maravillarse y de disfrutar.

¿Cuántos adultos logran resguardar el niño interior, protegerlo de la familia y del sistema escolar, del mundo adulto, sus prejuicios, temores y restricciones?.

Alimentar el niño interior es cuestión de bienestar personal y de felicidad. Y es un imperativo para quienes se dedican a la enseñanza. Enseñar exige desacartonarse física y mentalmente.

La buena educación cultiva la pregunta, la curiosidad, la creatividad, la emoción, la colaboración, la mente abierta, la empatía, la exploración del mundo, la experimentación, el deseo de aprender, el aprecio por el arte, el desarrollo de todos los sentidos.

Necesitamos pues profesores con el niño interior bien despierto. Profesores alertas, preguntones, curiosos, creativos, observadores, exploradores, deseosos de aprender, amantes del arte, con espíritu de aventura, capaces de maravillarse.

¿Qué clase de estímulos necesitan los docentes para despertar su niño interior? ¿Qué clase de formación se necesita para reactivar la curiosidad, la espontaneidad, la capacidad de asombro, el espíritu de aventura, el amor por la naturaleza, el placer del juego, la afición por la pregunta?

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1 comentario:

Valeria Gómez dijo...

Excelente artículo! tan real, tanto para trabajar! lo que habitualmente promuevo en mi trabajo como co-formadora.

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