Los maestros son ex-alumnos (renovación escolar y renovación docente)

Rosa María Torres

Ilustración: Alejandro Costas

Igual que a los hijos les cuesta creer que sus padres alguna vez fueron niños y les resulta extraño imaginarlos gateando o yendo a la escuela, a los alumnos les resulta difícil imaginar que sus profesores antes fueron alumnos. Alumnos que pasaron por las mismas (o peores) penurias escola­res, hicieron debe­res, sufrieron exámenes, soportaron la arbitrariedad de algunos profesores, cometieron actos de indis­ciplina y recibieron casti­gos. En realidad, la sociedad entera parece ignorar que los maestros son ex-alum­nos y los propios maestros haberlo olvidado.

Si Estado y sociedad fueran conscientes de esto, sabrían que buena parte de lo que saben (o no saben) los maestros lo aprendieron de otros maestros, que muchas lagunas de su formación e inadecuaciones de sus métodos de enseñanza tienen raíces en su propia experiencia escolar. Los enfoques y estilos de enseñanza se pasan de generación a generación, de padres a hijos, de maestros a alumnos. Por eso, cambiar la cultura escolar y, sobe todo, cambiar la cultura pedagógica, es asunto labrado, sin duda el más duro y complejo del cambio educativo.

Cuestiones fundamentales como la expresión oral, el gusto por la lectura y la escritura y por las matemáticas, el buen leer y el buen escribir, la buena o la mala ortografía, el buen estudiar, la capacidad de razonar, pensar críticamente, dudar, formular bien una pregunta, argumentar, investigar, buscar y citar fuentes, etc., etc., se construyen (o no) desde la infancia y a lo largo de la educación básica. Por ello, una buena educacón básica es cimiento indispensable de una buena elección y formación profesional.

La investigación y la observación confirman una y otra vez la enorme influencia que tiene la experiencia escolar de los maestros sobre sus modos de enseñar y de aprender, a menudo mucho más que su formación profesional. Bien sabemos el peso determinante que tienen los aprendizajes en la primera infancia y en la infancia.

- Quien fue tratado autorita­riamente tiende a ser autorita­rio.
- Quien fue reprimido y castiga­do cuando niño tenderá a reproducir esos comportamientos en la vida adulta.
- Quien fue educado con métodos memorísticos aprendió a creer que estudiar es memorizar y que buen estudiante es el que mejor memoriza y repite.
- Quien fue educado en la ri­gidez y las normas, inventará las suyas.
- Quien fue sometido a la subordinación y la pasividad necesita sobreponerse a ellas para poder enseñar a otros a ser autónomos y proactivos.
- Quien solo conoció la imposición debe romper sus propios candados para poder enseñar a otros los caminos del diálogo, el razonamiento, la deliberación, la persuasión.

Cierto que siempre se puede romper con los moldes tradicionales aprendidos, modificar percepciones, prejuicios y conductas. Cierto que quien se propone aprende por su cuenta, yendo más allá de lo que le enseñaron y enseñan otros. Pero es el propio sistema educativo el que limita la capacidad de autoformación, por­que no enseña a estudiar, no induce a la lectura ni a la investigación, no crea la necesi­dad de apren­der, no construye las bases para el auto­di­dactismo, promueve muchas veces el facilis­mo, el culto a la prueba, a la calificación, al certifi­cado, al título.

Estructuras y mentalidades convencionales instalan "la educación", "la capacitación", "la educación permanente", "la actualización" y hasta "el aprendizaje" como si se tratase siempre de una oferta externa, sujeta a ires y venires, a cupos y reglas, a tiempos y plazos, antes que el aprendizaje a lo largo de toda la vida como un modo de vida, que no tiene edad, que no depende de esperas ni de cupos ni de plazos ni se premia con puntajes y diplomas.

Si los alumnos tuvieran presente que sus maestros fueron antes alumnos, tal vez les resultaría más fácil construir puentes y empatías, comprenderles mejor, ser más tolerantes con sus limitaciones, valorar más sus virtudes.

Si los propios maestros recordaran su pasado de alumnos, quizás podrían comprender mejor a sus alumnos recordando los propios sinsabores, las propias batallas, las propias fallas.

Si los decisores y administradores de políticas tuvieran claro el enorme peso de la biografía escolar de los maestros sobre su calidad docente, sabrían que las siempre reiteradas "debilidades de formación docente" no son un problema individual de cada maestro o maestra, sino un problema estructural, de vieja data, que no se resuelve solo con más cursos de capacitación sino, sobre todo, con una profunda transformación pedagógica del sistema escolar.

Lo usual es ver la formación docente desde la formación profesional y desde los cambios necesarios a través del lente de la reforma de la educación superior. No obstante, los malos maestros se forjan no solo en la mala universidad sino desde la mala escuela.

Lo usual es insistir en la necesidad de renovar la planta docente para renovar el sistema escolar. No obstante, el viceversa es igualmente cierto y fundamental. Una renovación profunda del sistema escolar - incluyendo la educación inicial y la superior - es condición esencial de una profunda renovación docente.

Textos relacionados en OTRA∃DUCACION
» Sobre educadoras y educadores

» Campaña de Renovación Pedagógica
» El modelo de preparación docente que no ha funcionado
» Sobre educadores, buenos educadores y profesionalización
» Imagine una profesora

6 comentarios:

eraser Juan José Calderón Amador dijo...

de acuerdo , ... pero quizá debamos dejar de nombrar maestros a los que sólo son profesores del cuerpo burocrático de los estados , puros "funcionarios" ..
salúos y salú desde Zeviya CalYFlato IndePendiente

Rosa María Torres del Castillo dijo...

Hay en primer lugar un tema complejo de nomenclatura: "maestro", "profesor", "docente", "educador", etc. En América Latina, hay diferencias en los usos de estos nombres. En Brasil, por ejemplo, es "professores". En otros países, como por ejemplo Argentina, "profesor" es quien enseña a nivel secundario y universitario; incluso existen organizaciones separadas de "maestros" y de "profesores". El término genérico para nombrar a quienes enseñan en el medio escolar es "docentes" (políticas docentes, condiciones docentes, etc.). "Educadores" permite ir más allá de sistema escolar e incluir, por ejemplo, a padres de familia y a todos quienes ejercen, en los hechos, un rol educador. Permite asimismo diferenciar "educar" del mero "enseñar". En esta región no usamos el término "enseñante" que sí se usa en otros países.

Los estudiantes, por su parte, se refieren a sus "maestros" o a sus "profesores" (los dos términos más arraigados), incluso cuando se trata de programas de educación no-formal o cuando el programa en cuestión insiste en otros nombres tales como "facilitadores", "coordinadores", "monitores", etc.

En fin, desde el simple debate terminológico hasta el debate conceptual más profundo, hay muchas variantes y matices, incluso - repito - marcadas por especificidades nacionales.

En mis escritos hago elecciones terminológicas conscientes, dependiendo de diversas circunstancias y razones. En este mismo blog puede encontrarse referencia a todos estos términos. Ver, por ejemplo:

- Imagine una profesora
- La escuela de la maestra Raquel
- Sobre educadores, buenos educadores y profesionalización

r.g. dijo...

Hola Rosa María!
Interesante el blog que publicas! Soy estudiante de pedagogía y estoy muy interesada en el tema de la formación docente. Creo también que una verdadera mejora educativa va más allá de las capacitaciones esporádicas o la evaluación externa. Me gustaría leer más al respecto, me podrías recomendar lecturas acerca de proyectos que impulsen dichos cambios?

Saludos!

Ainhoa Ezeiza dijo...

Nosotros en la Escuela de Magisterio de Donostia trabajamos la biografía escolar y también mucho las ideas preconcebidas y tan firmemente establecidas, conscientes de la importancia de acceder a ellas.

Sin embargo, nos encontramos con dos grandes dificultades:

- La mayor parte de los estudiantes del grado de Educación Infantil y de Primaria han recibido una educación activa en esas etapas (debido al movimiento de las "ikastolas" que se crearon por las familias en contracorriente con las escuelas franquistas). Pero su paso por Secundaria es devastador y apenas recuperan la educación temprana que recibieron. Los recuerdos infantiles son, en ese sentido, más débiles.

- Muchos de los estudiantes de Magisterio llegan a los centros con una visión activa y muchas ideas, que mueren enseguida debido a la presión de los compañeros, que hace unos pocos años han vivido una transformación hacia la funcionarización.

Necesitamos actuar en los centros para que las nuevas generaciones de maestros tengan alguna oportunidad para promover la transformación.

Saludos,
Ainhoa

Rosa María Torres del Castillo dijo...

Más allá de las especificidades que podamos encontrar en diferentes contextos y culturas, ¿cuáles son las cuestiones que me interesa destacar aquí? ¿con qué visiones y prácticas me peleo?

a) maestros/profesores (y toda persona) no empiezan a formarse en la universidad sino desde la infancia (familia/escuela). Hay la tendencia a asociar "formación" - y hasta "conocimiento" - con educación superior, desestimando el papel fundamental que tiene una buena educación básica como cimiento de seguridades y aprendizajes posteriores. El gusto por la lectura y la escritura es uno de esos aprendizajes fundantes que deberían construirse desde la infancia.

b) hay muchos estudios a nivel internacional mostrando la importancia de la biografía escolar de los docentes en su visión de la educación y en su práctica docente. Si queremos buenos docentes (y ciudadanos bien educados en general), debemos asegurar las mejores condiciones de aprendizaje desde la primera infancia.

c) Mi propuesta es, en definitiva, adoptar el "aprendizaje a lo largo de la vida" (ALV) como visión y eje de la política educativa y de la formación y el aprendizaje docentes específicamente. No es esto lo que se hace. Sigue pensándose en "niveles educativos" como compartimentos estancos, sin ver el continuo del aprendizaje dentro y fuera del sistema escolar.

d) ayudar a hacer consciente y trabajar con los docentes su biografía escolar (su experiencia y marcas de alumnos) es, a mi juicio, elemento clave de su formación/capacitación profesional.

Se me ocurren en este momento dos textos en este mismo blog que van en el sentido de lo planteado aquí:

1. Hay que remover la tierra para sembrar la semilla.
http://otra-educacion.blogspot.com/2011/09/hay-que-remover-la-tierra-para-sembrar.html

2. Talleres de lectura para maestros.
http://otra-educacion.blogspot.com/2013/07/talleres-de-lectura-para-maestros.html

Ainhoa Ezeiza dijo...

Estoy de acuerdo con esa visión de la formación. Creo que la metodología en la formación de docentes es clave, tal y como describes en el texto de Taller de lectura para maestros.

No basta con "decir" cómo enseñar, hay que llevarlo a la práctica como parte inseparable de las acciones formativas en modelos inmersivos de las metodologías y pedagogías en las que pretendemos formar.

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