Sin los estudiantes es imposible cambiar la educación

Rosa María Torres

 

Profesores, directivos, estudiantes y visitantes alrededor de la mesa. Las tres estudiantes presentes se mantienen calladas. Les animamos a hablar. Una de ellas toma la palabra y cuenta que hay profesores que dictan y hacen copiar en clase.

- ¿Y qué hacen ellos mientras ustedes copian?, pregunto.
- Se dedican a hacer sus cosas, dice.
- ¿No hay interacción?.
- Muchas veces no.
- Y ustedes, ¿qué hacen frente a eso?.
- Nada, ya estamos acotumbrados.

Las otras dos chicas asienten. Demoledor. Los métodos de enseñanza descritos y la actitud de los estudiantes.

Sucedió en un colegio público en Bogotá. Pero podría suceder en cualquier lado. Profesores que dictan, que hacen copiar en clase, que dan lo mínimo de sí, que no deberían ser profesores; estudiantes acostumbrados que aceptan y callan. 

Al día siguiente, relaté este episodio en un panel en el que me tocó participar. Terminé con un llamado a trabajar con los jóvenes pues sin ellos, sin su complicidad crítica y su energía transformadora, es imposible cambiar la educación.

Una niña con uniforme escolar sentada frente a mí, en el público, se paró de pronto y me acercó una hoja escrita a mano:

Señora Rosa María
Usted cómo creería que
estudiantes como nosotros
lucháramos para que 
nuestra palabra sea
escuchada.
Si vivimos en una sociedad
que lucha por hacerse
escuchar por el poder.

Atentamente:
Jennifer Pérez
Estudiante



La nota de Jennifer me emocionó y me alegró el día. En un panel de adultos, rebosante de palabras y de mensajes, ella escuchó, se sintió interpelada y activó su voz.

¿De quiénes depende el cambio educativo en el sistema escolar? La respuesta suele detenerse en la mención de directivos y profesores. Los estudiantes - sujetos y destinatarios de los esfuerzos de la educación - son invisibilizados, incluso si están presentes. De las familias, ¿quién se acuerda?. De la sociedad, menos. La "comunidad educativa" existe sobre todo en informes y discursos.

Lo cierto es que el cambio depende de todos ellos, de todos nosotros. Y el papel de los estudiantes es fundamental. Estudiantes pasivos, acríticos, cómodos, se vuelven cómplices de su propia subordinación, cómplices de los malos profesores y de la mala enseñanza.

Gran desafío romper con los círculos viciosos de la mala educación - en la familia, en la comunidad, en el sistema escolar, en los medios, en la política - que no enseña a pensar ni a expresarse, que genera frustración y miedo, que domestica, que valora la obediencia mucho más que el desarrollo de la creatividad y la autonomía.

Padres y educadores críticos e inconformes con el sistema escolar necesitamos apoyar y acompañar a nuestros niños y jóvenes para que aprendan a distinguir la mala educación de la buena, a cuestionar la primera, a reclamar la segunda, a imaginar y proponer alternativas.

Recordemos que mala educación no es solo la que maltrata física y verbalmente, sino la que enseña mal, la que desalienta el pensamiento propio, la que uniforma sin respetar la diversidad, la que niega el derecho a aprender y a aprender con interés, la que nos vuelve sumisos e indolentes.

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