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Madre Tierra


Silvio Alvarez

Rosa María Torres

¡Ahí viene la Ecología!, ¡Ahí viene la Ecología!”, empiezan a gritar los niños ubicados junto al portón de entrada, al vernos llegar a la escuela, escuela pública, rural, en la Sierra Gorda de Querétaro, México.

“La Ecología” está encarnada en el joven a quien acompaño, encargado de guiarme en esta visita y Monitor Comunitario de un organismo no-gubernamental dedicado al tema ecológico que viene trabajando varios años en la zona con diversos programas orientados a generar acciones y conciencia ecológica, primero a nivel comunitario y, más recientemente, con un trabajo directo en las escuelas. En estas últimas, el programa es acordado mediante convenio con el director o directora de cada plantel: cada viernes, un Monitor llega a la escuela y realiza diversas actividades con los distintos grupos de alumnos. Sus herramientas didácticas son, esencialmente, su propia voz y una guitarra, además de una serie de materiales y juegos didácticos diseñados dentro del programa. También se hacen actividades fuera del aula y fuera de la escuela, excursiones y jornadas para plantar árboles, recoger la basura, etc.

Los días viernes -“Viernes Ecológicos”, como se los llama- se han convertido así en un día muy especial y muy esperado por los niños. No está claro, sin embargo, cómo lo esperan y viven los maestros de planta de la escuela... Por más que se diga que el Monitor alivia su trabajo y les permite algún tiempo libre cada viernes, el ingreso a la escuela de un agente externo siempre es conflictivo, más si irrumpe de este modo, como portador ocasional de lo novedoso, de lo no sujeto a la rutina diaria y a las normas implacables del programa de estudios y de la evaluación. En cuanto al director, con quien nos reunimos antes de pasar a las aulas, sólo tiene alabanzas para el programa y agradecimientos para la ONG que lo coordina y los organismos nacionales e internacionales que lo financian.

Cortejados por los niños, entramos a un salón de clase. Allí, el monitor da rienda suelta a la guitarra y entona diversas canciones de contenido ecológico -canciones que da gusto escuchar y cantar- coreadas a viva voz por los niños. El joven se maneja muy bien con ellos, tiene buena voz y hasta se diría que toca bien la guitarra. Investido de Monitor Comunitario, es en verdad maestro, maestro graduado hace poco de la Escuela Normal de la zona, a quien la ONG reclutó y capacitó en el tema ecológico antes de incorporarlo al equipo junto con otros doce jóvenes maestros, de ambos sexos. Cada uno de ellos atiende un determinado número de escuelas, según un calendario y una distribución de tareas perfectamente sincronizados. 

En el camino hacia la siguiente escuela, el Monitor y otra persona del equipo que nos acompaña me van contando más sobre el programa y sus logros. La población de la zona ha desarrollado una importante conciencia ecológica. Uno de los frentes más exitosos y nombrados es el de la basura y la limpieza: se han creado centros de acopio y reciclado, ya no se ven basuras ni en las escuelas ni en los espacios públicos. La propia carretera -sobre la que llaman una y otra vez mi atención- no tiene un sola basura a los costados. Hay aquí un trabajo prolongado, sistemático, casi misionero, en torno a la ecología y, en particular, un fervor militante en torno a la protección del medio ambiente, la “madre tierra”, como la llaman.

Al llegar a la siguiente escuela, encontramos a otro Monitor trabajando en un aula con juegos didácticos y libros infantiles, mientras otro trabaja con los niños en una pequeña huerta. La directora comenta orgullosa acerca de la limpieza de su escuela y me desafía a que encuentre una sola basura tirada en el suelo. Al término de la visita, mientras converso con ella, le concedo la victoria y anoto esta vivencia, con satisfacción, en mi cuaderno.

Y entonces, por donde menos se la esperaba, sobreviene la calamidad. A punto de despedirnos, pido un baño. La directora se apresura a facilitarme, del cajón de su escritorio, un rollo de papel higiénico. Al entrar al inodoro, el olor me deja mareada; hay caca untada en todas las paredes del baño. A falta de papel higiénico, o de algo equivalente, los niños se arreglan evidentemente como pueden. Afuera les esperan unos lavaderos para lavarse las manos.

Durante el camino de regreso, comento a mis guías lo visto y vivido en el baño de la escuela: la caca -tema tabú por excelencia- se convierte en tema central de conversación. La escuela rural, con sus patrones semi-urbanos de arquitectura y convivencia, deja a los niños rurales suspendidos entre dos mundos: les pone el inodoro que no tienen en sus casas pero no les pone papel y les quita, en cambio, los recursos tradicionales -hojas de las plantas, cáscaras, la tusa del maíz, un recipiente de agua al alcance- con que cuentan y a los que recurren diariamente en su hogar y en su medio.

La carretera parece un espejo, las escuelas están inmaculadas por fuera, pero baño adentro -donde se juegan cuestiones importantes y sensibles no únicamente de higiene sino de dignidad de las personas- las paredes están tapizadas de color marrón, en distintas capas y matices. ¿No es éste, también, un tema ecológico?, pregunto a mis anfitriones. ¿Acaso importa más la limpieza del suelo que la de los niños, la preservación y el bienestar de la madre tierra que la preservación y el bienestar de sus hijos?

No sé por qué, al bajarme del vehículo y despedirme, ya en la sede del programa, de todo el equipo, tuve la sensación de que me había convertido, súbitamente, en una detractora de la causa verde y en una visitante non grata.  

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La biblioteca como núcleo de desarrollo comunitario (Una experiencia en Córdoba, Argentina)

"Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo: recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido". Ernesto Sábato

Dedicado a Susana Fiorito, argentina como Sábato, que honra con su trabajo esa utopía. (Ver "Memoria para reincidentes": Lucha y militancia obrera en los 1970's)
Rosa María Torres

La Biblioteca Popular de Bella Vista cumplió 20 años en 2010. Es una iniciativa de una fundación privada sin fines de lucro, la Fundación Pedro Milesi, un grupo de personas - intelectuales, profesionales, artesanos y obreros - dispuestas a contribuir tiempo, esfuerzo y dinero para el desarrollo de la gente que habita en Bella Vista, un barrio pobre y marginalizado de la ciudad de Córdoba, Argentina. 

No se trata de una biblioteca convencional, un lugar de estudio y consulta de libros. La biblioteca es parte de un proyecto político-pedagógico, una estrategia destinada a “promover valores y conductas que contribuyan a desarrollar una conciencia cívica autónoma y crítica, y a que los vecinos sean sujetos activos, protagonistas de su propia historia y multiplicadores de un proyecto solidario y socialmente productivo, así como facilitar a quienes carecen de medios materiales o de estímulos culturales, la apropiación del conocimiento, que es un bien social, producto del desarrollo de la humanidad”.

Cuando se creó, en 1990, se pensó la biblioteca como un espacio de encuentro, lectura, reflexión y discusión para las personas adultas. No obstante, no bien abrió sus puertas, decenas de niños se sintieron convocados a entrar por ellas. La invasión infantil espontánea mostró la necesidad de una biblioteca para todos, capaz de articular biblioteca y vida cotidiana, familia y escuela, educación, cultura, deporte y entretenimiento. Es así como, en un proceso atento a las demandas y posibilidades, la biblioteca ha venido ampliándose e incorporando una gran variedad de servicios y actividades.  

En mi primera visita a la biblioteca, en 1996, quedé maravillada con todo lo que ví y escuché. La casa - esquinera, modesta, de tres plantas - era el espacio central. La planta baja la ocupaba la biblioteca, amplia, luminosa, amueblada con mesas, sillas y estanterías de estilos muy diversos, donados o recuperados por doquier. 

Para los niños más pequeños hay una salita de lectura aparte: una mesa con sillas, almohadones en el suelo, dibujos en las paredes, muchos libros a disposición de los niños. 

Arriba, en el altillo, vemos a un grupo de abuelas en pleno taller de expresión corporal, mujeres que encuentran aquí un espacio de socialización, esparcimiento y tonificación tanto del cuerpo como del espíritu. También funcionaba allí el taller de video, a cargo de tres jóvenes, dos videístas-cineastas y una educadora. Una pequeña habitación junto a la escalera servía para la asesoría y la consulta; aquí nos enfrascamos en una interesante charla con la abogada (vecina del barrio) y otros profesionales que escuchan los innumerables problemas que traen niños, padres y maestros del barrio. 

Foto Rosa María Torres
Foto Rosa María Torres
A pocos metros de la casa se había habilitado un playón en el que se realizaban actividades deportivas y empezaban a habilitarse funciones de cine. Un grupo de mujeres de diversas edades - entre ellas tres muchachas con retardo mental - apilaban colchonetas después de concluido el taller de expresión corporal, el cual termina con la lectura colectiva de un cuento corto.  

Dos cuadras más allá, caminando por el barrio, llegamos al terreno donde empezaba a funcionar la huerta, terreno antes cubierto de basura, maleza y escombros, y dado a la biblioteca en comodato. Aquí nos recibieron dos biólogas y sus alumnos, hombres y mujeres entusiasmados con lo que han aprendido y con lo que hacen, ilusionados con las múltiples posibilidades de la huerta, incluidos un ingreso económico familiar, la multiplicación de huertas en los hogares del barrio, el uso de la huerta por parte de las escuelas, y la posibilidad de atraer a ella en un futuro a adolescentes y jóvenes.

En mi segunda visita a la biblioteca, en septiembre de 2010, encontré en pleno funcionamiento y desarrollo todo lo que había visto la primera vez, más varias novedades, principalmente un centro tecnológico comunitario y un grupo de teatro comunitario.

En este momento la Biblioteca de Bella Vista ofrece una amplia gama de actividades a los vecinos del barrio, niños, jóvenes y adultos.

servicio bibliotecario La biblioteca cuenta con cerca de 1.500 suscriptores y más de 20.700 volúmenes (incluyendo unos 4.500 libros de literatura infantil y juvenil, 4.500 de no ficción, 5.000 de literatura y 5.000 de ciencias sociales). Actualmente el catálogo ya pueda consultarse en línea. También mantiene una hemeroteca. Muchas personas adultas van regularmente a leer los diarios. Para los escolares existe un archivo con recortes en torno a temas que envían a consultar los maestros. 

taller de animación a la lectura para niños de 3 a 12 años. La lectura se complementa con expresión corporal, dibujo de historietas y discusión de videos.

talleres de expresión plástica, educación física e iniciación deportiva para niños de 6 a 12 años. 
 
taller de percusión para niños y adolescentes.
--> A partir de este taller se creó una Murga (La Murga que Urga) con 40 integrantes entre 6 y 14 años, la cual realiza actuaciones públicas en otros barrios e instituciones. taller de producción de video para niños de 8 a 12 años. Este grupo se integra a la producción de videos de la propia biblioteca y la comunidad.
capacitación laboral  para jóvenes y adultos Los cursos incluyen: corte, confección y tejido; capacitación para auxiliares administrativos y contables así como talleres de electricidad, carpintería, fotografía, panadería, chocolatería y servicio de lunch.
recuperación de la historia del barrio en un trabajo colaborativo entre los viejos (que aportan su memoria y su relato) y los adolescentes (que buscan la documentación en archivos y registran los relatos).
expresión corporal para mujeres de la tercera edad y gimnasia correctiva para mujeres jóvenes y adultas.
taller de filosofía para adultos. En este taller se da tratamiento filosófico a temas de la vida cotidiana y se los problematiza colectivamente en el grupo de adultos.
funciones de cine para adultos y para niños. En el caso de los adultos, la función es seguida por un debate. En el caso de los niños, después de la función se realizan talleres de expresión corporal, plástica, invención de diálogos y elaboración de diapositivas. 
asesoría familiar, escolar y comunitaria en conflictos que involucran a niños y adolescentes tales como violencia familiar, abuso, abandono, dificultades de conducta y aprendizaje. Un pequeño grupo interdisciplinario de profesionales formado por abogados, psicólogos y trabajadores sociales diagnostican, orientan y derivan en caso necesario.
Foto Rosa María Torres
huerta orgánica comunitaria, a la cual se ha integrado las escuelas del barrio, en un programa regular en el que participan tanto alumnos como maestros. Se siembra hortalizas así como plantas aromáticas y ornamentales. También hay lombricultura.
Foto Rosa María Torres
taller de computación  Esta es un área que se ha expandido notablemente en los últimos años, hasta contar hoy un predio aparte en el que funciona un moderno Espacio de Formación Tecnológica "Elena Pirucha Sosa".
Teatro Comunitario de la Biblioteca Este es uno de los últimos logros, realizado con la asesoría del famoso Grupo de Teatro Catalinas Sur que funciona en la zona de La Boca, en Buenos Aires. Todos los vecinos del barrio, desde niños pequeños hasta ancianos, están convidados a participar en los talleres y en las obras que ya han montado en Bella Vista.
Todo esto se ha hecho y se hace con gran tesón, mucho trabajo voluntario, escasos recursos financieros que se consiguen por aquí y por allá, y una infraestructura modesta que ha venido ampliándose a medida que se han diversificado las actividades.  

Todo esto se hace a partir de una biblioteca que, sin dejar de ser biblioteca y sin renunciar a la centralidad de la lectura, comprende el potencial que tienen una y otra -biblioteca y lectura- para asumir una misión cultural, de organización y movilización comunitaria, de desarrollo humano y desarrollo local. Una biblioteca sensible a la realidad y necesidades de su entorno, que no teme juntar libros con video y con cine, cuentos con colchonetas, literatura con gimnasia, enciclopedias con lombrices, lectura con expresión corporal, conocimiento con placer, aprendizaje con juego. Una biblioteca excepcional, en medio de tantas que hoy languidecen y mueren por inanición, en espera pasiva de lectores que no llegan, encerradas y atemorizadas frente a los avances de la computadora, el libro electrónico y el Internet. 

En lo personal, la Biblioteca de Bella Vista y su fundadora y directora, Susana Fiorito, han sido y son para mí fuente permanente de aprendizaje, admiración e inspiración. Fue aquí, en mi primer contacto con esta biblioteca, que constaté que existía y era posible la "comunidad de aprendizaje" que venía imaginando y teorizando.
De hecho, esta biblioteca fue uno de los proyectos pioneros dentro de la Iniciativa "Comunidad de Aprendizaje" que organicé a nivel latinoamericano entre 1996-2000 con financiamiento de la Fundación Kellogg.

Esta biblioteca testimonia también la diferencia entre un proceso y un proyecto o, si se quiere, entre un proyecto de vida y un proyecto de trabajo. Terminado el financiamiento externo, muchos de los proyectos financiados dentro de la Iniciativa dejaron de operar. La Biblioteca Popular de Bella Vista sigue en pie, consolidada y en crecimiento, ejemplo de perseverancia y vitalidad, mostrando que los procesos transformadores siguen siendo posibles aún
en este mundo actual de fuertes dependencias financieras, frágiles voluntades, cosméticas innovaciones y rápidas obsolescencias.

Para saber más

»
Bella Vista: un barrio de la periferia cordobesa que vive al compás del narcotráfico, La Nación, Buenos Aires, 28 sep. 2015
 

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