Un manual para ser niño - Gabriel García Márquez


Aspiro a que estas reflexiones sean un manual para que los niños se atrevan a defenderse de los adultos en el aprendizaje de las artes y las letras. No tienen una base científica sino emocional o sentimental, si se quiere, y se fundan en una premisa improbable: si a un niño se le pone frente a una serie de juguetes diversos, terminará por quedarse con uno que le guste más. Creo que esa preferencia no es casual, sino que revela en el niño una vocación y una aptitud que tal vez pasarían inadvertidas para sus padres despistados y sus fatigados maestros.

Creo que ambas le vienen de nacimiento, y sería importante identificarlas a tiempo y tomarlas en cuenta para ayudarlo a elegir su profesión. Más aun: creo que algunos niños a una cierta edad, y en ciertas condiciones, tienen facultades congénitas que les permiten ver más alla de la realidad admitida por los adultos. Podrían ser residuos de algún poder adivinatorio que el género humano agotó en etapas anteriores, o manifestaciones extraordinarias de la intuición casi clarividente de los artistas durante la soledad del crecimiento, y que desaparecen, como la glándula del timo, cuando ya no son necesarias.

Creo que se nace escritor, pintor o músico. Se nace con la vocación y en muchos casos con las condiciones físicas para la danza y el teatro, y con un talento propicio para el periodismo escrito, entendido como un género literario, y para el cine, entendido como una síntesis de la ficción y la plástica. En ese sentido soy un platónico: aprender es recordar. Esto quiere decir que cuando un niño llega a la escuela primaria puede ir ya predispuesto por la naturaleza para alguno de esos oficios, aunque todavía no lo sepa. Y tal vez no lo sepa nunca, pero su destino puede ser mejor si alguien lo ayuda a descubrirlo. No para forzarlo en ningún sentido, sino para crearle condiciones favorables y alentarlo a gozar sin temores de su juguete preferido. Creo, con una seriedad absoluta, que hacer siempre lo que a uno le gusta, y sólo eso, es la formula magistral para una vida larga y feliz.

Para sustentar esa alegre suposición no tengo más fundamento que la experiencia difícil y empecinada de haber aprendido el oficio de escritor contra un medio adverso, y no sólo al margen de la educación formal sino contra ella, pero a partir de dos condiciones sin alternativas: una aptitud bien definida y una vocación arrasadora. Nada me complacería más si esa aventura solitaria pudiera tener alguna utilidad no sólo para el aprendizaje de este oficio de las letras, sino para el de todos los oficios de las artes.

La vocación sin don y el don sin vocación

Georges Bernanos, escritor católico francés, dijo: "Toda vocación es un llamado". El Diccionario de Autoridades, que fue el primero de la Real Academia en 1726, la definió como "la inspiración con que Dios llama a algún estado de perfección". Era, desde luego, una generalización a partir de las vocaciones religiosas. La aptitud, según el mismo diccionario, es "la habilidad y facilidad y modo para hacer alguna cosa". Dos siglos y medio después, el Diccionario de la Real Academia conserva estas definiciones con retoques mínimos. Lo que no dice es que una vocación inequívoca y asumida a fondo llega a ser insaciable y eterna, y resistente a toda fuerza contraria: la única disposición del espíritu capaz de derrotar al amor.

Las aptitudes vienen a menudo acompañadas de sus atributos físicos. Si se les canta la misma nota musical a varios niños, unos la repetirán exacta, otros no. Los maestros de música dicen que los primeros tienen lo que se llama el oído primario, importante para ser músicos. Antonio Sarasate, a los cuatro años, dio con su violín de juguete una nota que su padre, gran virtuoso, no lograba dar con el suyo. Siempre existirá el riesgo, sin embargo, de que los adultos destruyan tales virtudes porque no les parecen primordiales, y terminen por encasillar a sus hijos en la realidad amurallada en que los padres los encasillaron a ellos. El rigor de muchos padres con los hijos artistas suele ser el mismo con que tratan a los hijos homosexuales.

Las aptitudes y las vocaciones no siempre vienen juntas. De ahí el desastre de cantantes de voces sublimes que no llegan a ninguna parte por falta de juicio, o de pintores que sacrifican toda una vida a una profesión errada, o de escritores prolíficos que no tienen nada que decir. Sólo cuando las dos se juntan hay posibilidades de que algo suceda, pero no por arte de magia: todavía falta la disciplina, el estudio, la técnica y un poder de superación para toda la vida.

Para los narradores hay una prueba que no falla. Si se le pide a un grupo de personas de cualquier edad que cuenten una película, los resultados serán reveladores. Unos darán sus impresiones emocionales, políticas o filosóficas, pero no sabrán contar la historia completa y en orden. Otros contaran el argumento, tan detallado como recuerden, con la seguridad de que será suficiente para transmitir la emoción del original. Los primeros podrán tener un porvenir brillante en cualquier materia, divina o humana, pero no serán narradores. A los segundos les falta todavía mucho para serlo -base cultural, técnica, estilo propio, rigor mental- pero pueden llegar a serlo. Es decir: hay quienes saben contar un cuento desde que empiezan a hablar, y hay quienes no sabrán nunca. En los niños es una prueba que merece tomarse en serio.

Las ventajas de no obedecer a los padres

La encuesta adelantada para estas reflexiones ha demostrado que en Colombia no existen sistemas establecidos de captación precoz de aptitudes y vocaciones tempranas, como punto de partida para una carrera artística desde la cuna hasta la tumba. Los padres no están preparados para la grave responsabilidad de identificarlas a tiempo, y en cambio sí lo están para contrariarlas. Los menos drásticos les proponen a los hijos estudiar una carrera segura, y conservar el arte para entretenerse en las horas libres. Por fortuna para la humanidad, los niños les hacen poco caso a los padres en materia grave, y menos en lo que tiene que ver con el futuro.

Por eso los que tienen vocaciones escondidas asumen actitudes engañosas para salirse con la suya. Hay los que no rinden en la escuela porque no les gusta lo que estudian, y sin embargo podrían descollar en lo que les gusta si alguien los ayudara. Pero también puede darse que obtengan buenas calificaciones, no porque les guste la escuela, sino para que sus padres y sus maestros no los obliguen a abandonar el juguete favorito que llevan escondido en el corazón. También es cierto el drama de los que tienen que sentarse en el piano durante los recreos, sin aptitudes ni vocación, sólo por imposición de sus padres. Un buen maestro de música, escandalizado con la impiedad del método, dijo que el piano hay que tenerlo en la casa, pero no para que los niños lo estudien a la fuerza, sino para que jueguen con él.

Los padres quisiéramos siempre que nuestros hijos fueran mejores que nosotros, aunque no siempre sabemos cómo. Ni los hijos de familias de artistas están a salvo de esa incertidumbre. En unos casos, porque los padres quieren que sean artistas como ellos, y los niños tienen una vocación distinta. En otros, porque a los padres les fue mal en las artes, y quieren preservar de una suerte igual aun a los hijos cuya vocación indudable son las artes. No es menor el riesgo de los niños de familias ajenas a las artes, cuyos padres quisieran empezar una estirpe que sea lo que ellos no pudieron. En el extremo opuesto no faltan los niños contrariados que aprenden el instrumento a escondidas, y cuando los padres los descubren ya son estrellas de una orquesta de autodidactas.

Maestros y alumnos concuerdan contra los métodos académicos, pero no tienen un criterio común sobre cuál puede ser mejor. La mayoría rechazaron los métodos vigentes, por su carácter rígido y su escasa atención a la creatividad, y prefieren ser empíricos e independientes. Otros consideran que su destino no dependió tanto de lo que aprendieron en la escuela como de la astucia y la tozudez con que burlaron los obstáculos de padres y maestros. En general, la lucha por la supervivencia y la falta de estímulos han forzado a la mayoría a hacerse solos y a la brava.

Los criterios sobre la disciplina son divergentes. Unos no admiten sino la completa libertad, y otros tratan incluso de sacralizar el empirismo absoluto. Quienes hablan de la no disciplina reconocen su utilidad, pero piensan que nace espontánea como fruto de una necesidad interna, y por tanto no hay que forzarla. Otros echan de menos la formación humanística y los fundamentos teóricos de su arte. Otros dicen que sobra la teoría. La mayoría, al cabo de años de esfuerzos, se sublevan contra el desprestigio y las penurias de los artistas en una sociedad que niega el carácter profesional de las artes.

No obstante, las voces más duras de la encuesta fueron contra la escuela, como un espacio donde la pobreza de espíritu corta las alas, y es un escollo para aprender cualquier cosa. Y en especial para las artes. Piensan que ha habido un despilfarro de talentos por la repetición infinita y sin alteraciones de los dogmas académicos, mientras que los mejor dotados sólo pudieron ser grandes y creadores cuando no tuvieron que volver a las aulas. "Se educa de espaldas al arte", han dicho al unísono maestros y alumnos. A éstos les complace sentir que se hicieron solos. Los maestros lo resienten, pero admiten que también ellos lo dirían. Tal vez lo más justo sea decir que todos tienen razón. Pues tanto los maestros como los alumnos, y en última instancia la sociedad entera, son víctimas de un sistema de enseñanza que está muy lejos de la realidad del país.

De modo que antes de pensar en la enseñanza artística, hay que definir lo más pronto posible una política cultural que no hemos tenido nunca. Que obedezca a una concepción moderna de lo que es la cultura, para qué sirve, cuánto cuesta, para quién es, y que se tome en cuenta que la educación artística no es un fin en sí misma, sino un medio para la preservación y fomento de las culturas regionales, cuya circulación natural es de la periferia hacia el centro y de abajo hacia arriba.

No es lo mismo la enseñanza artística que la educación artística. Ésta es una función social, y así como se enseñan las matemáticas o las ciencias, debe enseñarse desde la escuela primaria el aprecio y el goce de las artes y las letras. La enseñanza artística, en cambio, es una carrera especializada para estudiantes con aptitudes y vocaciones específicas, cuyo objetivo es formar artistas y maestros como profesionales del arte.

No hay que esperar a que las vocaciones lleguen: hay que salir a buscarlas. Están en todas partes, más puras cuanto más olvidadas. Son ellas las que sustentan la vida eterna de la música callejera, la pintura primitiva de brocha y sapolín en los palacios municipales, la poesía en carne viva de las cantinas, el torrente incontenible de la cultura popular que es el padre y la madre de todas las artes.

¿Con qué se comen las letras?

Los colombianos, desde siempre, nos hemos visto como un país de letrados. Tal vez a eso se deba que los programas del bachillerato hagan más énfasis en la literatura que en las otras artes. Pero aparte de la memorización cronológica de autores y de obras, a los alumnos no les cultivan el hábito de la lectura, sino que los obligan a leer y a hacer sinopsis escritas de los libros programados. Por todas partes me encuentro con profesionales escaldados por los libros que les obligaron a leer en el colegio con el mismo placer con que se tomaban el aceite de ricino. Para las sinopsis, por desgracia, no tuvieron problemas, porque en los periódicos encontraron anuncios como éste: "Cambio sinopsis de El Quijote por sinopsis de La Odisea". Así es: en Colombia hay un mercado tan próspero y un tráfico tan intenso de resúmenes fotostáticos, que los escritores armamos mejor negocio no escribiendo los libros originales sino escribiendo de una vez las sinopsis para bachilleres. Es este método de enseñanza -y no tanto la televisión y los malos libros-, lo que está acabando con el hábito de la lectura. Estoy de acuerdo en que un buen curso de literatura sólo puede ser una gema para lectores. Pero es imposible que los niños lean una novela, escriban la sinopsis y preparen una exposición reflexiva para el martes siguiente. Sería ideal que un niño dedicara parte de su fin de semana a leer un libro hasta donde pueda y hasta donde le guste -que es la única condición para leer un libro-, pero es criminal, para él mismo y para el libro, que lo lea a la fuerza en sus horas de juego y con la angustia de las otras tareas.

Haría falta -como falta todavía para todas las artes- una franja especial en el bachillerato con clases de literatura que sólo pretendan ser guías inteligentes de lectura y reflexión para formar buenos lectores. Porque formar escritores es otro cantar. Nadie enseña a escribir, salvo los buenos libros, leídos con la aptitud y la vocación alertas. La experiencia de trabajo es lo poco que un escritor consagrado puede transmitir a los aprendices si éstos tienen todavía un mínimo de humildad para creer que alguien puede saber más que ellos. Para eso no haría falta una universidad, sino talleres prácticos y participativos, donde escritores artesanos discutan con los alumnos la carpintería del oficio: cómo se les ocurrieron sus argumentos, cómo imaginaron sus personajes, cómo resolvieron sus problemas técnicos de estructura, de estilo, de tono, que es lo único concreto que a veces puede sacarse en limpio del gran misterio de la creación. El mismo sistema de talleres está ya probado para algunos géneros del periodismo, el cine y la televisión, y en particular para reportajes y guiones. Y sin exámenes ni diplomas ni nada. Que la vida decida quién sirve y quién no sirve, como de todos modos ocurre.

Lo que debe plantearse para Colombia, sin embargo, no es sólo un cambio de forma y de fondo en las escuelas de arte, sino que la educación artística se imparta dentro de un sistema autónomo, que dependa de un organismo propio de la cultura y no del Ministerio de la Educación. Que no esté centralizado, sino al contrario, que sea el coordinador del desarrollo cultural desde las distintas regiones del país, pues cada una de ellas tiene su personalidad cultural, su historia, sus tradiciones, su lenguaje, sus expresiones artísticas propias. Que empiece por educarnos a padres y maestros en la apreciación precoz de las inclinaciones de los niños, y los prepare para una escuela que preserve su curiosidad y su creatividad naturales. Todo esto, desde luego, sin muchas ilusiones. De todos modos, por arte de las artes, los que han de ser ya lo son. Aun si no lo sabrán nunca.

Cuentos de Gabriel García Márquez
García Márquez leyendo "Cien años de soledad"

El día en que todos los maestros son santos


 
Francesco Tonucci - Frato




El 13 de abril se celebra el Día del Maestro en el Ecuador. A propósito de esta celebración publiqué este artículo (abajo) en la revista dominical Familia del diario El Comercio de Quito. Era 1995. El discurso oficial y los medios desbordaban entonces alabanzas hacia maestros y maestras, con esa fraseología empalagosa que asociaba maestro con apóstol, antorcha, luz del saber, jardinero, sembrador de semillas, y otros epítetos conocidos.

Los epítetos han desaparecido, junto con las tradicionales glorificaciones del día. Han sido sustituidos por el olvido o bien por frases huecas, frías, confusas, que buscan encajar la retórica del aprendiz permanente o el facilitador de aprendizajes en un discurso que no acaba de situarse en las nuevas realidades, los nuevos tiempos y los nuevos idearios educativos.

Ya no se felicita a los maestros en general sino a "esos maestros" que ... cumplen con lo definido como deseable por cada uno o según lo considerado en cada caso "propio de una enseñanza del siglo 21". Todos se sienten incómodos con la celebración. Ni el gobierno ni la sociedad ni los propios maestros saben cómo manejar el Día del Maestro, caído - como ellos mismos - en desgracia, en el limbo de la falta de identidad y de la desvalorización no solo de la profesión y de los docentes sino de la pedagogía, en tanto saber profesional docente.



                      La misión del maestro en esta vida
                        es la misión más noble y más sublime,
                        porque el maestro es padre bondadoso
                        que del error funesto nos redime.

                                                Sencillo jardinero de las almas,
                                                con cuánto amor desempeña su tarea
                                                de sembrar en los tiernos corazones
                                                ¡los gérmenes fecundos de la idea!.

                        Su porte es grave, su mirar risueño
                        y su palabra rica en experiencia,
                        nos enseña con tono cariñoso,
                        las puertas misteriosas de la ciencia.

                                                Y el niño que al estudio se dedica
                                                siguiendo las palabras y el ejemplo
                                                del Maestro, en su pecho levanta
                                                a las virtudes y al amor un templo.
                                                     (El Universo, Guayaquil)


» "Sembradores de una semilla que hizo fértil el campo para que en él fructifique la idea nueva"/ "Ser que con mística y amor supera al sacrificio, guía al niño, conduce al joven y abre las puertas al futuro". (El Comercio, Quito)

» "El maestro lo es todo, encierra sentimiento, abnegación, sacrificio y bondad. Su nombre irradia esperanza de un futuro mejor para la Patria, de él depende la buena formación de la niñez y la juventud, es motor del devenir de los pueblos... El maestro es mística, es entrega permanente en provecho de los demás, sin esperar recompensa. Es desinterés, es el que va más allá del sacrificio...". (El Telégrafo, Guayaquil)
» "El maestro es un tributo. Un civilizador. Un propagandista de los progresos de la ciencia y de la democracia... Todo maestro responde a las necesidades históricas de la sociedad. Entonces inspira ideales, pensamiento y acciones que en definitiva recogen las mejores lecciones de la civilización. Maestro es aquel que enseña a defender la soberanía, la cultura, la libertad, la dignidad y el progreso de la nación. Maestro es aquel que orienta las inquietudes de la juventud. Y enseña en la cátedra, en la lucha, en la investigación científica, en las manifestaciones del arte y la poesía. Maestro es el que enseña que los ideales de justicia social, que a lo largo de la historia han estado más allá de las ideologías, pertenecen a la naturaleza de todo ser humano.  El maestro, el verdadero maestro, es el espíritu de la República. A su esfuerzo se deben los grandes estadistas, los tribunos del pueblo, los sabios y los artesanos, el hombre de ciencia y el apóstol. El maestro despierta en el estudiante el culto a la belleza, a la verdad, a la igualdad y al trabajo... El maestro, el educador de juventudes, es un elemento de vital importancia en la vida del país. Su paso por la sociedad, sin lugar a dudas, deja grandes huellas. Sus enseñanzas, su ejemplo, su personalidad, son símbolo de entrega, de conocimientos y de dignidad. Los grandes maestros siempre fueron silenciosos. Enseñaron a pensar, a luchar, a defender los derechos del hombre, a conquistar glorias para la nación, a ser grandes para beneficio de la comunidad, a ser ilustres y laboriosos para el progreso económico y social del país. El magisterio siempre ha sido la vanguardia de la sociedad... Todo maestro entrega su vida en la cátedra. Allí deja lo mejor de la juventud, de su talento, de sus sueños, de sus fuerzas físicas y espirituales".
(El Telégrafo, Guayaquil)

¿Se volvieron todos locos? ¿Ganó el Sindicato de Maestros las elecciones presidenciales o la mayoría en el Congreso? ¿O es que de pronto se ha tomado conciencia de la importancia de los maestros y se ha decidido revisar drásticamente políticas, medidas y actitudes hacia el magisterio?

Nada de eso. Se trata del Día del Maestro. Día en que todos los maestros son santos, héroes y heroínas, vanguardias de la sociedad. A partir de mañana, durante los restantes 364 días del año y hasta el próximo Día del Maestro, todo volverá a la normalidad.

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OTRA∃DUCACION

El cuento del "99% del Yasuní o el Yasuní intacto"


Rosa María Torres
La Iniciativa Yasuní ITT, lanzada en 2008 por el gobierno de Rafael Correa, proponía dejar bajo tierra el crudo en los bloques del ITT (Ishpingo, Tambococha y Tiputini) del Parque Nacional Yasuní, una de las zonas más biodiversas del planeta.

A cambio, se esperaba que la comunidad internacional -
en un gesto de co-responsabilidad en la lucha contra el cambio climático - contribuyera USD 3.600 millones, equivalentes al 50% de los recursos que percibiría en ese momento el Estado por explotar el petróleo en esa zona.

La recaudación efectiva, no obstante, fue mínima:
USD 13.3 millones,  el 0.37% de lo esperado, según reveló Correa en cadena nacional el 15 agosto de 2013 en la que informó el cierre de la Iniciativa (ver Decreto Ejecutivo 74).

El Parque Nacional Yasuní, creado en 1979 y cuya extensión es de 982 mil hectáreas, fue declarado en 1989 Reserva Mundial de la Biósfera por la UNESCO.

La nueva Constitución (2008) reconoce derechos a la naturaleza y se preció de ser la primera en el mundo en hacerlo. El artículo 57 establece que en los territorios de los pueblos en aislamiento voluntario, como los que habitan en el Yasuní, "estará vedada todo tipo de actividad extractiva".

La Iniciativa Yasuní ITT concitó gran atención internacional y un altísimo respaldo nacional. "Si no se lograra recaudar el dinero suficiente que compensa al Ecuador por no explotar el petróleo del campo ITT, ¿estaría ud. de acuerdo con que se explote el ITT?" preguntó una encuesta de Perfiles de Opinión en julio 2013 (Quito y Guayaquil), un mes antes de la decisión presidencial de cerrar la Iniciativa. 92.7% dijo estar de acuerdo con mantener el crudo bajo tierra. 66.3% se mantuvo en esa decisión incluso si fracasara la Iniciativa y no se recaudaran los fondos esperados.

Infografía: Presidencia de la República
 
Correa justificó la decisión de abandonar la Iniciativa como indispensable para "superar la pobreza" y aseguró que la explotación se hará:

a) en una zona mínima ("menos del 1% del Parque Yasuní", posteriomente cambiado a "1 x 1000", "99 % del Yasuní intacto") y
b) con tecnología de punta para minimizar los impactos ambientales.

El 1% que completa el 99% es el que, según establece el Decreto Ejecutivo 74 del 15 de agosto, será el área a explotar. Artículo 5: "En caso de que la Asamblea Nacional autorice la actividad extractiva, ésta no podrá desarrollarse en un área superior al 1% del Parque Nacional Yasuní".

Ambos argumentos - la "mínima huella" (el 99% intacto, el 1 x 1000) y el mínimo daño ambiental (la "explotación responsable" con "tecnología de punta") - han sido cuestionados y rebatidos por expertos en el tema. Y ambos han sido tomados justamente como ejes de la propaganda gubernamental para convencer al pueblo ecuatoriano de la inevitabilidad de explotar el Yasuní ITT (pasar abruptamente del "Yasunízate" de la Iniciativa al Des-Yasunízate post 15 agosto 2013).

En el momento actual (2014), las estimaciones oficiales indican que se obtendrán USD 18.000 millones de la explotación del Yasuní, a lo largo de varios años. Al mismo tiempo, el endeudamiento del Ecuador con China es muy alto (cerca de USD 10.000 millones), lo que significa que buena parte de los recursos a obtenerse del Yasuní ya están comprometidos.

El "99% del Yasuní intacto" no existe. Como indicó el mismo Presidente Correa en la cadena nacional, "actualmente operan cuatro explotaciones petroleras en el Parque Yasuní". Lo que no dijo es que esa actividad petrolera compromete ya a más de la mitad del Yasuní. En verdad, la Iniciativa Yasuní-ITT se refería únicamente a los campos ITT, los cuales ocupan una mínima parte del Yasuní. Ahí, la primera gran falacia, el primer gran engaño.
"Según las cifras, el 60% del Parque Nacional Yasuní está afectado por las actividades petroleras y son evidentes los impactos sociales y el aumento de la conflictividad, porque los cantones donde se realiza la explotación hidrocarburífera son los más pobres de Ecuador; las comunidades locales dependen de las compañías petroleras, y éstas, para tener su aceptación y paz social, proponen dinero"... "La explotación responsable no existe, aumenta la conflictividad social".
-
Matthieu Le Quang, asesor del gobierno de Correa, participó en la elaboración del Plan Nacional del Buen Vivir, entrevista en el diario gubernamental El Telégrafo, 15 julio 2013.

Así pues, la afirmación y la oferta presidenciales no tienen asidero. No obstante, sobre ese engaño se ha montado la propaganda gubernamental que consume la sociedad ecuatoriana. Incluso, ¡el 99% se ha inflado posteriormente a 99.9%!.


#YasuníVive
"99.9% del Yasuní intacto.
El Yasuní Vive.
Millones de personas vivirán mejor".
Una mínima huella para que el todo viva.


Este es el encabezado de la nueva página oficial sobre el Yasuní que sustituyó a la de la Iniciativa Yasuní ITT. Y estos son los textos y consignas abundantemente utilizados en cadenas, enlaces ciudadanos, cuñas radiales, posters y spots televisivos de la Secretaría Nacional de Comunicación (SECOM). El video "La Huella", cuyo protagonista es un bebé, eleva la promesa al "99.9% del Yasuní intacto". Un spot reciente ofrece "99% intacto. 100% vida. Y más desarrollo para los ecuatorianos". "El Sueño Ecuatoriano", elaborado mientras estaba vigente la Iniciativa Yasuní-ITT, incluia "dejar el petróleo bajo tierra para mantener esto intacto" y viene siendo usado para promover la reelección presidencial en 2013, aunque esa parte del "sueño" ya la dan por borrada Correa y el movimiento gobernante.




Análisis, estudios, argumentos, debates, han podido poco frente a la fenomenal campaña gubernamental de propaganda. Mucha gente repite las consignas gubernamentales sin entender mucho ni el tema ni la danza de los números. De hecho, la batalla por el Yasuní ha contribuido a poner en evidencia la bajísima cultura matemática de los ecuatorianos, incluida la del Presidente de la República. Cada quien usa y entiende el número mágico como le parece. Como no podía ser de otro modo, la "mínima huella", el "99%", el "99.9%", el "1x100", el "0.01", el "0.05", etc. (de no se sabe bien qué), han nutrido el humor de los ecuatorianos y se han plasmado en numerosos chistes y caricaturas (abajo una muestra).

Textos relacionados en este blog:

» Artículos sobre el Ecuador
» Lecturas e imágenes: Para entender y defender mejor el Yasuní
» La Batalla por el Yasuní (Pinterest)
» Perlas Presidenciales
» Sumak Kawsay: Voces y saberes de la Amazonía ecuatoriana
» Sobre ecología, educación y política

Para saber más
» YASUNI. Especial de O Eco, 21 marzo 2014 (español, portugués, inglés)
http://www.geoyasuni.org/?p=1511
» ¿El 1x1000? GeografíaCrítica: Simulación para el debate respecto a cuál sería el porcentaje de afectación del Bloque 43 (ITT) en caso de que se llevara a cabo la explotación petrolera.

Algunas caricaturas e ilustraciones alusivas
"Tranquilos, solo es el 1%" - Pancho Cajas
El Telégrafo
Chamorro - La Hora
Bonil

¿Qué es «educación de calidad»?





Calidad, asociada a educación, se entiende y usa de maneras diversas. La mayoría opina desde su propio criterio y experiencia, sin conocer la abundante investigación y los acalorados debates que vienen dándose al respecto durante varias décadas en América Latina y en el mundo.

Generalmente se asocia «educación» a) con niños, adolescentes y jóvenes, y b) con sistema educativo (escolarización). No obstante, el derecho a la educación abarca todas las edades: niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas. Por otra parte, hay educación también fuera de las aulas y del sistema educativo: en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la organización social, a través de los medios de comunicación, de internet, etc. La noción de calidad puede aplicarse a todas las educaciones, cada cual con sus características. También hay autoeducación, aprendizaje autónomo, informal, no mediado por la enseñanza. En este texto me refiero principalmente a la calidad de la educación formal y no-formal de niños, jóvenes y adultos. 

¿Cómo podemos identificar la «buena educación»?

-
objetivos: la buena educación busca formar buenos ciudadanos, conscientes de sus derechos y de sus deberes, solidarios, con conciencia social, respetuosos de la diversidad, capaces de cuidarse a sí mismos, a los demás y al medio ambiente, dispuestos a continuar aprendiendo de manera autónoma y a lo largo de la vida;
- relaciones: los alumnos en el centro, trato igualitario a todos, sin discriminación, alumnos y padres de familia son escuchados y consultados, buena relación entre alumnos, profesores y autoridades, los problemas se resuelven conversando, control del bullying (acoso), colaboración antes que competencia, vínculos de mutua colaboración con la comunidad;
- espacios
: limpios, agradables, dignos, equipados con servicios básicos, no más de 25-30 alumnos en el aula, un espacio acondicionado para la lectura, mucho verde, idealmente un huerto;
- tiempo: no a la prisa, flexibilidad en el uso del tiempo, suficiente tiempo para comprender, reflexionar y aprender, largos recreos, pocos deberes en casa o ninguno, cada cual aprende a su ritmo;
- enseñanza
: amabilidad, paciencia, afecto, sin amenazas ni castigos, contenidos relevantes e interesantes para los alumnos, métodos activos y participativos, lengua materna como lengua de instrucción, fomento de la lectura, la escritura, la expresión oral, y el arte, el papel del educador no es enseñar sino lograr que los alumnos aprendan;
- aprendizaje
: derecho al aprendizaje, motivación, interés, aprender a aprender de manera autónoma, aprender a pensar antes que a memorizar o repetir, la comunidad local como comunidad de aprendizaje, aprendizaje a lo largo de la vida, no a la repetición;
- clima de aula y clima escolar: ambiente amistoso, de respeto, empatía, colaboración, confianza, ausencia de violencia y de miedo.

Familias y políticos tienden a fijarse en lo que está a la vista: la infraestructura. Se asume - equivocadamente - que si la construcción es moderna, la educación en su interior es buena. Y al revés: si el lugar es precario o la educación se hace al aire libre, se asume - también equivocadamente - que la educación es mala.

Muchos reducen calidad de la educación a aprendizaje de los alumnos. Asumen que los mejores planteles y los mejores sistemas educativos son aquellos en que los alumnos obtienen buenos puntajes en pruebas. No obstante, si bien el aprendizaje es un indicador fundamental de la calidad, ésta no tiene que ver solo con resultados sino con procesos, objetivos, contenidos, relaciones, convivencia. Importa no solo cuánto se aprende sino qué, cómo y para qué se aprende. No es posible determinar la calidad de un plantel o de un sistema educativo mirando solo resultados de aprendizaje y rankings (por ejemplo, el ranking en la prueba internacional PISA). La educación es, en primer lugar, socialización.

La evaluación ha sido puesta en un pedestal. Muchos creen que a más evaluación (de alumnos, docentes, establecimientos), mejor educación. Pero no es así. Evaluar no conduce automáticamente a mejorar. Hay mucha evaluación mal pensada y/o mal hecha, cuyos resultados no se usan y culpan a los evaluados, rara vez al sistema o a los evaluadores. Las pruebas ponen enorme tensión sobre alumnos, profesores y familias, y fomenta la competencia y el engaño. Estudiar para la prueba no es aprender. O es «aprender» de modo superficial, con un objetivo externo que no responde al impulso interior de «querer saber», de «querer aprender». Lo que se «aprende» a las carreras, pensando en la prueba y en el puntaje se olvida al día siguiente.

La tecnología es hoy codiciada: computadoras e internet en el plantel se consideran sinónimo de calidad, educativa, de innovación y modernidad (aunque se usen poco y mal). No obstante, puede hacerse muy mala educación con aparatos electrónicos y muy buena educación sin cables. Los artefactos, sin buena pedagogía, valen poco en el aula.

Está extendida la idea (el prejuicio) de que la educación pública es mala y la privada buena. Lo cierto es que hay pésima educación privada (incluso si es cara) y buena educación pública.

Muchos - pobres y ricos - dan por buena a la institución que ofrece enseñar idiomas. No obstante, lo primero es que los alumnos aprendan en su propia lengua y respetando su cultura. Esto es un derecho - parte del derecho a la educación - y elemento esencial de la calidad de la educación.

Muchos creen que la calidad tiene que ver solo con la enseñanza, con la calidad de los docentes. Pero la CALIDAD aplica a todos los componentes de la educación. Hay calidad de las políticas, de la gestión, de la investigación, de la asesoría, de la infraestructura, del currículo, de la inversión, de la formación/capacitación docente, de la participación social. La calidad de la educación depende de todas esas calidades.

De malas políticas educativas no puede esperarse que resulte una buena educación. La buena política educativa implica participación, diálogo y consulta social, y una adecuada priorización de la inversión. Recordemos: lo más importante no es cúanto sino en qué y cómo se invierte.

Suele haber gran distancia entre realidades y percepciones. En América Latina hay excesiva satisfacción con una educación de mala calidad y bajos resultados de aprendizaje. A menor nivel educativo y a mayor pobreza, más satisfechas están las personas con el sistema educativo.

Para los pobres, muchas veces la calidad de la escuela pasa por una comida segura al día, un profesor o profesora que no falte, que no maltrate y que, ojalá, entienda y hable la lengua de los alumnos.

Por eso, no cabe confiar en la opinión para determinar calidad. (El Foro Económico Mundial en su Informe Global de Competitividad rankea calidad de la educación a partir de una Encuesta de Opinión de Ejecutivos - Executive Opinion Survey, no basándose en mediciones).

Muy pocos se preocupan de lo importante: qué, cómo y para qué se enseña; qué, cómo y para qué se aprende; qué, cómo y para qué se evalúa. El afecto, el interés, el amor por la lectura, el gusto de aprender y la ausencia de maltrato, de violencia y de miedo son ingredientes de una educación de calidad, en toda cultura, a cualquier edad.

Vale por eso un repaso del tema «calidad educativa» a la luz del conocimiento y de la experiencia acumulados a nivel internacional.
Avanzar hacia una «educación de calidad» requiere que la ciudadanía se informe a fin de que pueda reconocerla, desarrollarla y exigirla.

 «Calidad educativa»: lo que dice la investigación y la experiencia internacional

Una buena educación escolar depende de muchos factores:

- sujetos: alumnos, docentes, padres de familia, comunidad educativa): consulta, participación, confianza, relevancia, aceptabilidad, satisfacción, etc.

- relaciones: calidad de la relaciones entre alumnos, con profesores y autoridades, entre la escuela, la familia y la comunidad, y entre el profesorado/autoridades locales y autoridades intermedias y centrales. Las relaciones autoritarias y marcadamente jerárquicas no ayudan.

- insumos: tiempo, presupuesto, infraestuctura, equipamiento, mobiliario, materiales de enseñanza-aprendizaje, biblioteca, etc.

- condiciones de enseñanza y de aprendizaje (alumnos y profesores, dentro y fuera del sistema educativo). Fuera del sistema educativo: alimentación, nutrición, salud, sueño, vivienda, transporte, seguridad, bienestar personal y familiar, entorno familiar y comunitario. Dentro del sistema educativo: relación pedagógica, trato con los profesores, métodos y estrategias de enseñanza, aprendizaje y evaluación, usos del espacio y del tiempo, distancia del hogar y medios para llegar al plantel, alimentación escolar, seguridad, clima de aula y clima escolar, facilidades para personas con discapacidad, tamaño del plantel y de la clase (número de alumnos), organización de los grupos, normas, deberes, pruebas, medidas antibullying, etc.

- resultados (cognitivos, emocionales, sociales): socialización, aprendizaje, aprender a aprender, desarrollo de la curiosidad y la creatividad, pérdida de miedo frente a la autoridad, gusto por la lectura y la escritura, aprecio por la investigación, pensamiento crítico, capacidad para discernir, creciente autonomía de estudio, etc.

- impactos (personales, familiares, comunitarios): autoconfianza, autoestima, capacidad para plantear y resolver problemas, sentido de cooperación, capacidad para trabajar con otros, transferencia de saberes a la familia y a los pares, mejores relaciones familiares, conciencia social, conciencia y valoración de la diversidad, conciencia histórica, conciencia ambiental, compromiso con la comunidad, etc.

 Currículo, pedagogía, docentes

Existe un viejo y siempre remozado consenso internacional: el elemento fundamental en la calidad de la educación escolar son los docentes.

Esto se destaca y reitera una y otra vez en los resultados de aprendizaje medidos por pruebas internacionales como PISA.

El currículo y la pedagogía (el qué y el cómo se enseña, aprende y evalúa) están en el corazón de la educación.

Una buena educación enseña a leer comprensivamente, es decir, entendiendo lo que se lee. Y enseña a gustar de la lectura por propia iniciativa y por el placer de leer. Asimismo, una educación de calidad enseña a escribir bien (ideas claras, buena ortografía) y a disfrutar de la escritura.

Una buena educación deposita grandes expectativas en los alumnos y confía en que todos pueden aprender; valora y parte del conocimiento y la experiencia que traen los alumnos, en vez de despeciarlos; enseña a aprender, enseña a ser crítico, enseña a pensar; alienta la curiosidad y la pregunta. Una educación de calidad reconoce la diversidad y promueve una oferta educativa diversificada para atender esa diversidad en todos los órdenes.

Una buena educación respeta el derecho a aprender en la propia lengua así como en las visiones y los valores de la propia cultura.

En todo esto los docentes juegan un papel central: los profesores plasman el currículo real en las aulas y definen la relación pedagógica.

Por eso la importancia de contar con buenos docentes, bien seleccionados, bien formados, bien tratados, bien remunerados, en aprendizaje permanente, autónomos, socialmente valorados, satisfechos y orgullosos con su tarea.

De hecho, los mejores sistemas educativos del mundo ponen a los docentes en el centro de las políticas y las reformas educativas. Sabido es que la clave de la educación escolar en Finlandia - considerada un modelo a nivel mundial - son los docentes: una profesión prestigiosa (como la de médico o abogado), altamente calificada, con autonomía profesional, valorada por las familias y por la sociedad.

 Infraestructura

 La infraestructura es importante pero no es el factor primordial en la educación y en su calidad.

- Puede haber educación escolar sin construcción física, pero no sin docentes.
- Puede haber educación al aire libre, itinerante, a distancia.
- Puede haber buena educación en cualquier espacio aprovechado para la enseñanza y el aprendizaje (debajo de un árbol, en la propia casa, en un espacio comunitario) y muy mala educación en un edificio moderno y bien equipado.

No es raro encontrar monumentos arquitectónicos sin propuesta pedagógica o con propuestas pedagógicas atrasadas. Al mismo tiempo, existen escuelas pequeñas, modestas, comunitarias, con modelos pedagógicos innovadores y transformadores.

En nuestros países hay poca innovación en la infraestructura escolar. Incluso en construcciones nuevas se tiende a reproducir el molde arquitectónico convencional - aulas, corredores, paredes, espacios compartamentalizados - sin modificar los conceptos de espacio y de tiempo en la enseñanza, el aprendizaje y la socialización.

La arquitectura escolar se parece mucho a la de los hospitales y las cárceles, y es asombrosamente similar en todo el mundo, más allá de las diferencias culturales.

Aula evoca jaula. La jaula puede extenderse a todo el plantel: las características físicas (segmentación, hermetismo, rejas, candados, muros, ventanas pequeñas y altas) reflejan la concepción pedagógica.

Es común que la infraestructura sea extraña a los contextos locales, así como a las especificidades geográficas y climáticas. Ni el diseño ni los materiales empleados responden muchas veces a la cultura local. En zonas calurosas los alumnos pueden sufrir de calor y en zonas frías, sufrir de frío.

Es viejo el problema de falta de pertinencia cultural. La arquitectura escolar convencional adora lo homogéneo: es más fácil para planificar, calcular, construir. Lo diverso y lo propio exigen creatividagrandes desafíos. Planteles descuidados y desmantelados, con equipos obsoletos e incluso sin uso pocos años después de su inauguración, es parte de la historia de la educación escolar en el mundo.

Lo esencial, en términos de infraestructura, es contar con agua potable, desagüe y baterías higiénicas adecuadas y suficientes. Luego vienen la electricidad y el servicio de telefonía. Resueltas esas necesidades, espacios de aprendizaje como biblioteca, laboratorios y salas de computación. (Ver estudio del BID: Infraestructura Escolar y Aprendizajes en la Educación Básica Latinoamericana: Un análisis a partir del SERCE, 2011).

El aula no necesita ser ostentosa; importa sobre todo que esté limpia, que tenga iluminación y ventilación, y espacio suficiente para poder moverse.

Es linda y acogedora un aula informal, colorida, con música, con movimiento, con plantas, con libros al alcance, con vida.

El mobiliario puede ser sencillo y poco costoso, pero debe ser adecuado para alumnos y docentes, para la larga jornada escolar y para los requerimientos del aprendizaje.

Un mobiliario modular permite organizar las piezas de diferentes maneras, creando entornos tanto individuales o bipersonales como grupales.

Es bienvenido todo lo que contribuya a que los alumnos trabajen de manera colaborativa. Una propuesta pedagógica que promueve la colaboración y el trabajo en equipo puede encontrar en el mobiliario una ayuda o un obstáculo.

Niños y jóvenes tienen preferencia por el suelo - antes que por las sillas -, ganas de desparramarse con comodidad para leer, escribir, estudiar, crear.

Es importante que todo plantel educativo cuente con una sala de profesores o un espacio especial para los docentes: un espacio de reunión, socialización, estudio, esparcimiento, descanso. Por increíble que parezca, incluso en edificaciones nuevas se olvida muchas veces la necesidad de este espacio o bien se reserva para los docentes un rincón inhóspito y multiuso, que termina de bodega a donde van a parar los objetos inservibles, las cajas de materiales, etc.

Es importante que la escuela cuente con un espacio al aire libre. Un patio, un pequeño jardín, un huerto. Un lugar para jugar, correr, hacer ejercicio y deporte, tener contacto con la naturaleza, sembrar y cultivar. Si la escuela no cuenta con ese espacio en sus instalaciones, puede aprovechar alguno disponible en el barrio o la comunidad, ampliando de ese modo su territorio de común acuerdo con la comunidad.

La infraestructura (construcción y/o reparación de escuelas, aulas, centros infantiles, etc.) es la oferta política más común en educación. Es la más fácil de llevar a la práctica (comparada con cuestiones como la formación docente o el aprendizaje de los alumnos) y la que obtiene más réditos políticos pues es de rápida ejecución, visible, y popular (la gente valora la obra física y la agradece).

 Tecnología

La tecnologías ha pasado a ser vista como un aliado de la enseñanza y del aprendizaje en el medio escolar, para los alumnos y para los docentes. Pero se usa todavía de manera incipiente y con problemas en los sistemas educativos. La tecnología no sustituye al docente y, menos, al buen docente y a la buena enseñanza.

Abundantes estudios muestran que aún sabemos poco acerca de los usos e impactos de las modernas tecnologías en el medio escolar y específicamente en términos de aprendizaje. Sabemos, sí, que bien usadas pueden ayudar a despertar el interés de los alumnos. Sabemos también que los contextos y las condiciones concretas definen en gran medida los usos e impactos (personales, escolares, sociales). Es preciso recordar que cerca de la mitad de la humanidad carece aún de acceso a internet.

Son aún escasas las buenas prácticas (documentadas, validadas) en el uso de las tecnologías digitales en el aula de clase y no hay pruebas concluyentes de que las tecnologías estén mejorando los aprendizajes escolares.

Son pocos los países que, usando profusamente tecnologías en el aula, están preparados para hacerlo y pueden contar historias de éxito.

Persisten las dificultades para conectar las tecnologías con el currículo prescrito.

Persisten también las deficiencias y tardanzas en la formación docente en este campo, así como en la instalación de capacidades y condiciones para que los docentes puedan manejar con solvencia y sentirse cómodos en los nuevos entornos digitales. La investigación sugiere una serie de condiciones y requisitos para el buen uso de las tecnologías con fines de aprendizaje en el aula que a menudo no se tienen en cuenta.

Hay mucho gasto en tecnologías, mucha compra y distribución de computadoras, laptops, tabletas, etc., pero los errores se repiten y hay mucha improvisación. Su uso efectivo para fines de enseñanza y aprendizaje deja todavía mucho que desear.

El modelo educativo de Finlandia tiene bajo perfil tecnológico. El espacio y el tiempo en las aulas se aprovechan sobre todo para la interacción entre los alumnos, el trabajo en grupo, el trabajo manual, el desarrollo del pensamiento, el razonamiento, la investigación, la exploración. Se cuenta con que los estudiantes usen las TIC sobre todo en su hogar. Los resultados de las pruebas PISA sugieren que los mayores impactos de las TIC se dan cuando se accede a éstas en el hogar, no en la escuela.

 Condiciones y resultados de aprendizaje

La calidad de la educación se valora sobre todo en la calidad de los aprendizajes. Puede haber excelente infraestructura y equipamiento, acceso a tecnologías, e incluso docentes calificados, y sin embargo nada de eso traducirse en mejores condiciones y resultados de aprendizaje.

Mal puede hablarse de educación de calidad sin conocer cuáles son los resultados e impactos de la educación sobre educandos y educadores.

La calidad se ve no solo en los resultados sino también en los procesos, en la convivencia y en el clima escolar. Un ambiente informal y distendido, antes que formal y rígido, es ideal para aprender. Un espacio limpio y ordenado hace una gran diferencia respecto de uno sucio o desordenado. No solo para los niños, sino también para adolescentes y jóvenes, el juego es una necesidad y tiene enorme valor para el aprendizaje. Cómo se aprende es tanto o más importante que cuánto o qué se aprende.

La satisfacción de los alumnos con la experiencia escolar, la ausencia de miedo y de maltrato, son esenciales. Alumnos que van contentos a la escuela es un indicador de primer orden de calidad de la educación.

La calidad tiene que ver sobre todo con las relaciones humanas y la relación pedagógica muy especialmente, más que con la infraestructura y el equipamiento. El amor es consustancial a la calidad de la educación. «Calidad» y «calidez» no son separables.

El tamaño de la escuela y el tamaño de la clase inciden sobre la calidad de la convivencia escolar así como sobre la calidad de la enseñanza y del aprendizaje.

Los planteles pequeños favorecen las relaciones interpersonales y facilitan los roles docentes (socialización, enseñanza, vigilancia, etc.).

El tamaño de la clase es importante: un grupo pequeño de alumnos es más manejable, favorece la cooperación, la confianza, la atención personalizada y el aprendizaje entre pares.

 Tres puntos 

▸ La calidad de la educación se juega no solo en la enseñanza y el aprendizaje en las aulas sino, en primer lugar, en la calidad de las políticas. No solo de la política educativa, sino de las políticas sociales y económicas de manera amplia. No toda política es buena y las hay muy malas, mal pensadas, mal diseñadas. A pesar de que nunca o rara vez se las evalúa, la mala calidad de las políticas puede ser responsable de muchos de los problemas de la educación y de los sistemas educativos. Una política educativa que no da importancia a la lectura, que invierte en cosas antes que en personas y que alienta comportamientos equivocados (por ejemplo: cuánto y con qué rapidez se lee), produce inevitablemente una educación de mala calidad. Una política educativa que presta excesiva importancia a la evaluación y a las pruebas estandarizadas, puede dinamitar - en vez de estimular y mejorar - la motivación hacia el aprendizaje, exacerbar la competencia y la discriminación, confundir puntajes con talento, inteligencia o aptitud de los alumnos.

▸ Vale la pena tener en cuenta que algunos de los modelos escolares más innovadores, multipremiados a nivel internacional no solo por su carácter innovador sino por su eficacia para mejorar las condiciones de enseñanza y aprendizaje de los sectores más pobres, especialmente en zonas rurales, no están centrados ni en la infraestructura ni en la tecnología sino en la pedagogía y en las dimensiones familiares, comunitarias y sociales de la educación.

▸ Para identificar qué tan buena es una intervención educativa (desde el nivel de la política educativa hasta el nivel del plantel o del programa) puede ayudar el análisis de las 4 A: asequibilidad, accesibilidad, adaptabilidad y aceptabilidad.
Cómo citar este artículo: Torres, Rosa María, "¿Qué es «educación de calidad»?", Blog OTRAƎDUCACION, 2014. (Actualizado: marzo 2023).

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